Si el niño está enfermo

Diarrea

Cuando un niño tiene diarrea, el principal riesgo es una deshidratación debida a la pérdida de agua. Si se trata de un bebé de pocos meses, es preciso estar especialmente vigilante: si toma sólo leche materna, puede seguirse la alimentación normalmente, pero es aconsejable ofrecerle de 30 a 50 ml de solución rehidratante (polvos a base de azúcar y de sales minerales que se venden en la farmacia) antes de cada toma. Si el bebé se alimenta con biberón, el médico le recetará una leche de sustitución. En el resto de los casos, en especial cuando la alimentación está más diversificada, es preciso: dejar de darle productos lácteos (leche, yogur y productos a base de leche); suprimir la fruta (excepto las manzanas, los plátanos y el membrillo) y la verdura; ofrecerle, sin obligarlo jamás a comerlos, alimentos antidiarreicos, como la zanahoria o el arroz, y darle a menudo de beber, en pequeñas cantidades o según su deseo, una solución rehidratante. Si la diarrea persiste más de veinticuatro horas y el niño se niega a beber, y si además presenta vómitos mientras las deposiciones siguen siendo frecuentes y líquidas, o bien si tiene fiebre, debe consultarse urgentemente con el pediatra.

Vómitos

Es importante diferenciar entre las regurgitaciones, debidas a problemas digestivos que sufre el lactante tras las comidas, de los vómitos que acompañan con frecuencia los trastornos infecciosos (gastroenteritis, infecciones urinarias, meningitis, infecciones pulmonares, además de faringitis y otitis). Lo más frecuente es que los vómitos sean benignos. Mientras se espera la llegada del médico, debe darse de beber al niño e intentar que absorba, en función de la edad, pequeñas cantidades de solución rehidratante o de caldo de verduras. Si los vómitos persisten y se presentan asociados a otros signos: el bebé tiene fiebre, los vómitos son biliosos y verdes, tiene la barriga hinchada, se muestra agitado o, al contrario, pálido y abatido por los accesos de dolor, debe consultarse urgentemente con el médico. Cuando el niño tiene menos de 3 años, puede tratarse de una invaginación intestinal, en especial si las deposiciones contienen sangre.

Dolor abdominal

Hasta los 3 o los 4 meses, el bebé tiene dolor de barriga a menudo. Lo manifiesta con llanto y agitación. Si sigue comiendo, ganando peso y durmiendo, no hay motivo de alarma, pero debe consultarse con el médico si se presentan determinados signos. Si a pesar de todos los intentos para consolarlo, el bebé sigue llorando, es preferible llamar al médico, ya que los dolores intestinales del lactante, muchas veces relacionados con el tránsito intestinal (estreñimiento), pueden ocultar problemas de origen diverso (oídos, nariz y garganta, pulmonares o urinarios). Si el bebé presenta accesos de dolor muy fuerte, acompañados de vómitos, diarrea o fiebre, y se muestra a ratos pálido y abatido, puede tratarse de una oclusión intestinal que precisa una intervención quirúrgica de urgencia.

Fiebre

Es habitual que el bebé tenga fiebre. Si se le nota más caliente de lo normal, se le debe tomar la temperatura. Si ésta alcanza los 38 0C, puede considerarse que tiene fiebre (la temperatura normal oscila entre los 36, 5 0C y los 37,5 0C). Si tiene fiebre, desvista al niño y déjelo con la ropa interior de algodón, sin mantas, en una habitación que no esté excesivamente caldeada. Dele algo de beber. Si no existe contraindicación médica conocida, adminístrele medicamentos antipiréticos (contra la fiebre) en dosis adaptadas y a un ritmo regular, hasta la estabilización de la temperatura normal. Puede usarse paracetamol, en dosis de 6 a 10 mg por kilogramo de peso cada seis horas. Si la fiebre no desciende a pesar de los fármacos, envuelva al niño una tela fresca o una toalla humedecida, o dele un baño de diez minutos, como mucho, introduciendo al niño en agua templada (la temperatura del agua debe ser 2 grados inferior a la del niño). Si el niño tirita o cambia de color, sáquelo del baño.

Dificultades respiratorias

De forma muy gradual, el niño se inmunizará contra los virus y las bacterias que lo rodean. En los primeros años, se verá sometido con frecuencia a diversas afecciones de los oídos, la nariz, la garganta y también de tipo broncopulmonar, especialmente en invierno.
Obstrucción rinofaríngea. El bebé tiene la nariz tapada y tose. Conviene practicarle instilaciones frecuentes de suero fisiológico en la nariz, aunque no le guste demasiado.
Si presenta fiebre y la tos persiste, debe consultarse con el médico.
Laringitis. El niño tiene tos «perruna», al inspirar emite un ruido ronco y parece que se ahoga. Es preciso avisar al médico. Hasta que éste llegue, conviene humidificar el ambiente de la habitación con la evaporación de un recipiente de agua caliente, y mantener al niño sentado.
Bronquiolitis o crisis de asma. La espiración del niño está obstruida o es sibilante.
Debe llamarse con urgencia al médico y mantener un ambiente húmedo alrededor del niño.

Traumatismos craneales

Antes de los 3 años, el niño se va a caer a menudo y va a golpearse la cabeza. No deje de llamar al médico si observa una modificación de su conducta: presenta vómitos, se muestra especialmente excitado (sus gritos son más agudos), muestra una somnolencia inusual, realiza movimientos anormales, su mirada se vuelve asimétrica, o le sangra la nariz o el oído.

Quemaduras

La gravedad de la quemadura depende de su profundidad y de su extensión.
La piel está colorada (1º grado). Si la quemadura es poco extensa, basta con limpiarla con agua y un jabón líquido suave, sin aplicar ningún tipo de pomada. Se recubre con una gasa estéril, fijada con un esparadrapo hipoalergénico, o con una compresa impregnada en un producto cicatrizante de venta en farmacias.
Aparece una ampolla (2º grado). No debe reventarse la ampolla. Se seguirá la misma actuación que para una quemadura de 1º grado.
La piel adquiere un aspecto oscuro y duro (3º grado). Debe llevarse el niño al hospital o a la consulta del médico. Deberá protegerse la herida con una tela limpia, pero sin intentar desinfectarla.

El botiquín del bebé

Se han de respetar algunos principios: tire los medicamentos caducados; no administre por iniciativa propia los medicamentos que el médico haya recetado anteriormente al niño para combatir una enfermedad que le parezca similar. Para los cuidados habituales, se debe contar con: algodón hidrófilo y compresas de gasa estériles; alcohol de 60° y un antiséptico incoloro o a base de povidona yodada; esparadrapo y tiritas hipoalergénicos; tijeras de puntas redondeadas; termómetro; algún antifebril, por ejemplo, paracetamol; bolsitas de polvos para rehidratación; suero fisiológico y gotas nasales antisépticas.

Control de la salud

No dude en llamar al médico cuando la salud del niño les preocupe (está abatido, duerme mucho más de lo normal, tiene fiebre, vómitos, etc.) y con mayor urgencia si el niño es pequeño. En cuanto a la temperatura, muy pronto aprenderá a orientarse colocándole la mano en la frente, pero de ningún modo es un método tan fiable como el termómetro. Si el niño vomita, es conveniente darle algo de beber y, mientras se espera la llegada del médico, intentar que absorba pequeñas cantidades de solución rehidratante. Mantenga siempre un saturador lleno de agua sobre el radiador de la habitación del niño durante la época de frío. También se puede adquirir en un comercio un humidificador de ambiente.

Otros contenidos del dosier: Cuidados del bebé hasta 6 meses

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