El lenguaje como estímulo para el bebé

El lenguaje representa un estímulo fundamental para el desarrollo de los niños. Hablarles desde que son muy pequeños, aunque no entiendan lo que se les dice, contribuye al proceso de configuración del cerebro. Los expertos coinciden, además, en que los pequeños expuestos a discursos bien estructurados aprenden a leer y a escribir con más facilidad. Algunos más van más allá y aseguran que hablarles como a adultos, empleando una gramática y una sintaxis complejas, mejora su intelecto.

Esto último fue lo que expresaron algunos investigadores durante la conferencia de la American Association for the Advancement of Science (AAAS), celebrada el pasado mes de febrero en Chicago, quienes destacaron la importancia de utilizar con los niños un lenguaje rico y complejo.

Para algunos de los conferenciantes, hablar a los bebés reviste una importancia tal, que los niños de hogares donde se emplea un lenguaje menos elaborado son, en general, peores alumnos. Estas diferencias se reflejan incluso en la estructura cerebral, según Kimberly Noble, neuróloga y pediatra de la Universidad de Columbia de Nueva York. Al comparar el cerebro de niños de padres con estudios superiores con el de niños pertenecientes a hogares desfavorecidos, Noble y su equipo encontraron diferencias entre los sistemas cognitivos que dirigen la sociabilidad y la memoria.

Las diferencias más importantes las hallaron, sin embargo, en la parte del cerebro que condiciona el desarrollo de la palabra.

Lenguaje y desarrollo de las capacidades

Pero no todos los expertos están de acuerdo con dichos resultados. Hay quienes se muestran menos categóricos. Para Carlos Casas, vocal del Comité de Neuropediatría de la Sociedad Española de Neurología (SEN), el lenguaje permite mejorar el desarrollo, pero no el intelecto. “La inteligencia es innata. Podemos desarrollar las capacidades de nuestros hijos a través del lenguaje y de otros estímulos, pero no la inteligencia, que está genéticamente condicionada”, sentencia.

“Es innegable que la palabra conecta al bebé con el lenguaje, es la vía por la cual entra en contacto con ese mundo”, asegura la médica psicoanalista Claudia Borensztejn, para quien la calidad de las palabras que se emplean con los bebés no es menos importante que el tono. “El lenguaje emocional también es clave, porque transmite amor. No se puede hablar con ellos de manera antinatural, empleando un lenguaje que resulte falso. Hay que hablarles el idioma del adulto, pero poniéndose en su lugar”. Es decir, en el trato con un bebé, “cuenta tanto la capacidad de verbalizar como la de transmitir tranquilidad”.

El error del "tete"

En efecto, las palabras que utilizamos al dirigirnos a los bebés “nacen del corazón, no de la razón”, coincide Casas. Aun así, insiste en la necesidad de evitar, a partir de cierta edad, el lenguaje “infantiloide”. “Si conforme el niño crece seguimos diciendo tete en lugar de chupete, contribuiremos a que se desvirtúe aquello que debe decir”.

Los niños que oyen en casa discursos bien estructurados hablan con más propiedad, aseguran los expertos, y eso tiene que ver con la imitación, que juega un papel esencial en el aprendizaje. “En ese sentido, un lenguaje elaborado les ayudará a leer y a escribir con más facilidad, e incluso a articular mejor las palabras”, sostiene Casas.

Borensztejn recuerda que no solo el lenguaje hace al desarrollo de un niño. “No podemos olvidar la función del colegio, o de actividades tan estimulantes como la lectura de cuentos”. Leerles historias a los pequeños favorece el lenguaje, pero también la creatividad y el juego, que son fundamentales, explica la psicoanalista. “Son muchos los elementos implicados en el desarrollo emocional y mental de un crío”, concluye.

Fuentes:

Sociedad Española de Neurología

American Association for the Advancement of Science (AAAS)

Otros contenidos del dosier: Sus primeras palabras

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