La ausencia de vínculo maternofilial tras el parto

Desconcierto por la llegada del bebé

Sin que el entorno se percate, muchas madres no pueden evitar sentirse desconcertadas, indecisas, cuando se encuentran por primera vez con su hijo. Sin embargo, por lo general, de inmediato estos sentimientos son sustituidos por la alegría y la emoción, aunque no siempre…

Algunas madres pueden sentirse culpables por no haber experimentado un impulso maternal desde que ven por primera vez a su hijo. «En la mayor parte de los casos, se trata de una reacción adaptativa normal», explica la psiquiatra infantil Bérengère Beauquier-Maccotta. Es una transición que marca el encuentro con el bebé real, diferente al imaginado e idealizado durante los nueve meses de embarazo. «El bebé, que tenemos en la cabeza, podía ser perfecto, el que encajaba con nuestras propias necesidades, nuestro carácter». En las 24-48 horas siguientes al parto, se producirá la sintonía con el bebé. «No hay que avergonzarse de sentir emociones complejas y en ocasiones encontradas durante ese momento tan especial. Son normales en el periodo de conexión con el bebé», añade nuestra experta.

La importancia del embarazo psíquico

El embarazo no discurre, ni mucho menos, como un río de tranquilas aguas. Por algo dura nueve meses: es el tiempo que necesita la mujer para proyectarse en su futuro papel de madre. A ello le ayudan las vicisitudes del embarazo: movimientos del bebé en el vientre, contracciones, sueños… «Supone un auténtico trabajo psíquico», explica Beauquier-Maccotta. El embarazo representa una oportunidad inigualable para volver a los elementos de nuestro pasado, en especial los de nuestra infancia. «Se revisitan las sensaciones de la infancia, las relaciones con las imágenes parentales internas, el lugar que ocupamos entre nuestros hermanos, pero a veces también elementos más traumáticos. Todo ello alimentará nuestra función de madre y, al mismo tiempo, nuestro vínculo con el futuro bebé».

No obstante, en algunos casos este trabajo cuesta realizarlo, cuando no pueden abordarse y superarse los acontecimientos traumáticos demasiado dolorosos. «Algunas mujeres pueden dedicar plenamente su embarazo, sentirse realizadas y, luego, no realizar el trabajo de introspección y de proyección al futuro, necesario para convertirse en madre», indica la especialista.

A pesar de todo, siempre existe solución. «Por haber experimentado una infancia infeliz o temer la llegada del bebé todo no va a salir mal», tranquiliza nuestra experta. «Dar el paso significa que ya hemos avanzado en nuestra propia historia. Si bien lo más común es que sea en el primer embarazo cuando se manifieste con mayor intensidad la transición a la maternidad, cada historia vital es diferente. Por eso algunas mujeres, a veces según su lugar entre sus hermanos, experimentarán los cambios más intensos en un embarazo posterior».

La influencia de un parto difícil

Durante el parto, puede producirse una especie de desincronización entre la realidad temporal del nacimiento y la disponibilidad psíquica de la madre para sentirla. Un parto interminable, una episiotomía o una cesárea practicada de urgencia pueden retrasar o bloquear la conexión con la criatura tan deseada. «La madre puede necesitar un tiempo para recuperarse o para pasar por un periodo de decepción por el parto que tanto había idealizado», explica nuestra especialista. «En cierto modo, el parto no ha transcurrido como ella pensaba». De la misma forma, cuando el parto se adelanta, y sobre todo si se produce de forma prematura, la madre puede no haber terminado su trabajo interior. En este caso, el vínculo puede tardar unas horas o días en establecerse. ¡Paciencia!

¿Qué siente el bebé?

Podemos estar tranquilas: la falta de sintonía con el bebé afecta al recién nacido menos de lo que podríamos pensar. «Por lo general, las madres que experimentan esta dificultad pueden cumplir con las necesidades fundamentales del bebé: cuidados cotidianos y atención. Si la situación se prolonga más de diez días y la madre sigue sin sentir placer de estar con su hijo, hay que pensar en consultar al médico», aconseja la doctora.

¿Qué hacer?

Nunca es tarde para reaccionar, aunque cuanto antes se intervenga, antes se creará un vínculo afectivo sereno entre la madre y el bebé.

Las emociones como tristeza ante el bebé, sensación de no estar a la altura o no sentir ningún impulso por él en absoluto deben ser motivo de consulta médica. La madre puede hablarlo con su pareja, el personal de atención médica que conozca, su médico de cabecera, el equipo de la maternidad, la comadrona… Si esto no es suficiente para tranquilizarla, pueden derivarla a una consulta con un psiquiatra infantil o un psicólogo, la cual puede resultar muy beneficiosa y ayudar a establecer rápidamente el vínculo maternofilial. Puede tratarse de consultas terapéuticas con presencia de padres e hijos o bien de encuentros grupales en torno a una actividad con el bebé (masajes, canciones…) que consoliden la interacción con el recién nacido.

S. Catalan-Massé

 

Fuente: entrevista con Bérengère Beauquier-Maccotta, psiquiatra infantil en el Hospital Necker de París.

Otros contenidos del dosier: Parto y nacimiento

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