Soy muy susceptible, ¿qué puedo hacer?

“No te podemos decir nada, todo te lo tomas mal… ¡Eres demasiado susceptible!”. Oyes esa palabra cada dos por tres. Cabe decir que una persona susceptible casi nunca se reconoce como tal y más bien se defiende cuando alguien lo insinúa.
Se suele molestar porque se toma cualquier comentario como una crítica y tiende a exagerar las reacciones. Aunque a bote pronto no es un problema grave, a la larga puede resultar muy irritante para el entorno y angustioso para uno mismo.

¿Qué es la susceptibilidad?

“Es una hipersensibilidad “narcisista”, relacionada con la imagen de uno mismo”, responde Hervé Magnin, psicoterapeuta comportamental y autor de un libro sobre el tema. Según él, todos somos susceptibles en mayor o menor grado, todo depende de nuestra sensibilidad. Evidentemente, hay personas que son más propensas a irritar al susceptible.

Las manifestaciones de esta susceptibilidad son muy específicas. De niños, cuando nos sentimos vejados, nos enfurruñamos, hacemos pataletas y lloramos. Como adultos, aunque las reacciones son menos pueriles, son igual de excesivas.
En general, el susceptible acusa al otro de criticarle, de hablarle mal, de ser negativo hacia él. Y por eso es muy fácil estar predispuesto a que eso ocurra. Dicho de otro modo, es como un niño, se pone de morros y no se baja del burro.

"Miguel suele interpretar mis palabras como comentarios negativos”, confiesa Sofía.  

El origen de la susceptibilidad

Detrás de esta forma de interpretar una palabra, un gesto o un comentario de forma negativa se esconde una razón: falta de autoestima. Todas estas proyecciones negativas se presuponen como ataques a uno mismo. “Puesto que a la persona susceptible le resulta imposible tener una visión auténtica y positiva de sí mismo, invierte todas sus energías en la búsqueda de reconocimiento ajeno”, explica nuestro experto.
Es lo que se denomina un mecanismo de compensación: cuánto menos me quiero, más necesito que los demás me presten atención. El problema en ese cúmulo de vejaciones es que la persona susceptible recibe, siempre desde una perspectiva subjetiva, poca estima (reconocimiento, amor), o incluso nada, ni propia, ni ajena. Su frustración crónica se vuelve casi legítima. Al final, se convierte en un círculo vicioso.

Consecuencias en las relaciones

¡No es fácil vivir o trabajar con alguien tan susceptible! “Tengo la impresión de estar caminando por arenas movedizas constantemente”, confiesa Noelia. “Resultado: me paso todo el tiempo tratando de justificarme y convencerle de que no he querido decir esto o lo otro”. Malinterpreta cada palabra y comunicarse con él puede convertirse en un verdadero calvario. En el trabajo ocurre lo mismo: un susceptible dentro de un equipo puede frenar proyectos, y tienes que ir con mucho cuidado con todo lo que dices. Además, cuando estos “hipersensibles narcisistas” ocupan un puesto de responsabilidad pueden transformarse en verdaderos tiranos.

Cómo salir de ese agujero

“Muchos susceptibles niegan serlo”, anuncia Hervé Magnin.

Ese rechazo es el principal problema de la susceptibilidad y el causante de muchos de los problemas que provoca este comportamiento. Para “quitar las minas” de ese terreno, hay que empezar por tomar consciencia del problema y desdramatizar la situación.
“Dile que todo el mundo es sensible en mayor o menor grado, que no es grave”, añade nuestro experto. Pero el objetivo es que él se dé cuenta.

Opta por la comunicación consciente

"Cuando es una relación íntima, no evites el tema, ¡abórdalo! Pon palabras a esas situaciones que te hacen sentir mal y compártelo”, aconseja Hervé. En un contexto narcisista, lo más fácil es poner las cartas sobre la mesa.
Explícale a tu pareja por qué te consideras susceptible, por qué algunos comentarios te resultan violentos y te hacen exagerar la reacción. Es una forma de que tu entorno tolere y comprenda mejor esas reacciones.

Aprende a recibir críticas

Algunas críticas son constructivas, tanto si son de tu jefe como de tu pareja. En lugar de tomártelo fatal y rechazar todo comentario, haz el esfuerzo de escuchar y pensar antes de responder. Tómate un tiempo de reflexión.
“Cuando uno es susceptible, suele ser difícil mirar con objetividad las cosas”, comenta Hervé Magnin. Meditar y saber distinguir los comentarios ofensivos de los constructivos es algo necesario. Siempre puedes contestar con algo como: “He entendido tu crítica, pero necesito pensar antes de discutirlo”.

Intenta reírte de ti mismo

Ya sea entre amigos, en pareja o incluso en la oficina, lanzarse pequeñas “pullitas” graciosas es una buena forma de relajarse. De hecho, es un juego social bastante habitual. “Para neutralizar un eventual sentimiento de agresión, lo mejor es apuntarse al carro”, sugiere Hervé Magning.

Así cuando te toque alguno de esos disparos inofensivos, no te afectará tanto. Entrar en el juego es imprescindible. Por ejemplo, vuelves de vacaciones y un compañero de trabajo te recibe con un: “no te has privado de nada este verano, ¿eh?”, respóndele algo como “Sí, he decidido hacer como tú y unirme a la moda de las tallas grandes”. ¡No es tan difícil después de todo!

C. Maillard

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