Cómo dejar de llegar tarde

Falta de organización personal, manipulación, ponerse a prueba o incluso sadomasoquismo... ¿Qué hay detrás de los retrasos constantes? ¿Cómo terminar con eso?

Una manera de atraer la atención hacia uno mismo

Como indica la expresión "brillar por su ausencia", cuando llegas tarde te estás imponiendo como única preocupación para la persona que espera. Con tu retraso, estás obligando al otro a pensar en ti. Paradójicamente, nuestra ausencia hace que estemos más presentes que nunca. Como nos hacemos de rogar, esperamos despertar el deseo ajeno. Nos hacemos desear.

Es el caso, por ejemplo, de la diva que hace esperar a su público durante horas, o el de la mujer que llega unos minutos tarde a una cita romántica.

Tomar el poder sobre la otra persona

En el lenguaje, "estar a la espera" es sinónimo de "sufrimiento". Dicho de otra manera, el que espera sufre, mientras que el que se hace esperar hace sufrir. "Con su retraso, el que hace esperar instaura una relación de sadomasoquismo" explica Agnès Payen de La Garanderie, psicóloga. "Al llegar tarde, el verdugo -el que hace esperar- pone al que espera en la posición de víctima. Entonces, el que hace esperar tiene el poder sobre la persona que le espera pues está suscitando su ansiedad (¿Vendrá? ¿No vendrá?) que sólo calma cuando aparece y se convierte así en salvador después de haber sido verdugo".

¡Pero cuidado! Esta relación sólo puede existir porque la víctima se somete esperando al otro. Si esta se rebela, decide no esperar más y se marcha, la relación víctima y verdugo desaparece.

Llegar tarde pone al otro a prueba

Llegar tarde puede constituir un medio de poner a prueba al otro para saber, al final, cuánto nos quiere. Con sus repetidos retrasos, lo estamos acorralando cada vez más. Un poco como un niño que pone a sus padres a prueba, estamos midiendo los límites de la persona que se supone nos debe esperar para saber hasta donde es posible ir. Dicho de otra manera, esperar a alguien representa una manera indirecta de hacerle la pregunta: ¿qué estás dispuesto a aguantar por mi?

Impuntualidad: una mala gestión del tiempo

Aunque la noción del tiempo -así como la del espacio- se adquiera hacia los 8-10 años, para algunos sigue siendo un problema permanente. Todos conocemos a alguien que no sabe organizarse, que pone el carro delante de los bueyes o que tiene tendencia a ahogarse en un vaso de agua. Al contrario que ciertas personas que son ambiciosas, otras subestiman el tiempo que les hace falta para hacer las tareas. "La mayor parte de los que llegan tarde poseen una noción del tiempo muy poco realista" señalan Jane B. Burka y Leonora M. Yuen, psicólogas y autoras de "Comment ne plus être en retard" (Como dejar de llegar tarde). "En cuanto a las horas, piensan que sus deseos son realidad y esperan que se podrán multiplicar por arte de magia, como si olvidasen que un día solo tiene 24 horas".

Para solucionar este problema, estas especialistas americanas recomiendan a aquellos que llegan tarde demasiado a menudo, no tener una agenda con lo que deben hacer, sino más bien una "antiagenda", en la que deben estar todas las actividades previsibles: trabajo, reuniones, cita con el dentista o sesiones deportivas e incluso las comidas (incluyendo el tiempo para preparar y limpiar), las tareas domésticas y también las horas de sueño. Si queremos ver una película o un programa en la tele, también hay que apuntarlo. No hay que olvidarse de apuntar las horas de transporte. "Esta antiagenda permite darse cuenta, de manera clara y precisa, del tiempo que queda para el ocio y, también, del que nos cuesta para llegar al trabajo o a una cita".

Una forma de autodestrucción

Aunque algunos tardones crónicos parecen estar siempre zen, que se lo toman con calma y que viven a un ritmo que les conviene, haciendo caso omiso de las convenciones sociales, de lo que piensan los demás y de lo que sienten, otros sin embargo sienten vergüenza y malestar con ellos mismos. En realidad, se trata de un medio indirecto para conducir su vida al fracaso: por sus retrasos insistentes y repetitivos les echan del trabajo, sus amigos se enfadan con ellos, etc. Es un círculo vicioso: se hacen daño al llegar tarde y llegan tarde para hacerse daño. Estos retrasos disimulan un profundo estado depresivo que se debe a una pésima imagen de si mismos.

K. Touboul

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