¿Por qué no consigues tus objetivos?

Tranquila, no solo te ocurre a ti. Si echas un vistazo a tu entorno más cercano comprobarás que al 80% de tus conocidos les pasa exactamente lo mismo. Y esta realidad lleva a hacerse dos preguntas obvias: ¿por qué no somos capaces de cumplir nuestras metas? ¿Cuál es el secreto de aquéllos que sí lo logran?

De la mano del coach motivacional Mikah de Waart vamos a ayudarte a que tú pases a formar parte de esa pequeña lista de afortunados. Gracias a sus explicaciones vas a comprender, por fin, cuáles son los verdaderos obstáculos que hasta ahora te han impedido avanzar. 

Todo lo que te frena

El ser humano es “animal de costumbres”, quizá por eso nos amoldamos de inmediato a una rutina, aunque no sea la que más fácil nos hace la vida, la que más nos cuida o la que nos convierte en personas más felices. Mikah de Waart opina que “si nunca cambias nada, te vas haciendo cada vez más pequeño, más temeroso. Debemos asumir que es preferible arriesgarse un poco, hacer algo por cambiar y mejorar, aunque eso implique cierto riesgo, que permanecer inactivos sabiendo que lo que hacemos no es lo mejor para nosotros”.

Este experto en el comportamiento humano asegura que normalmente no conseguimos nuestros objetivos por los factores siguientes:

  • No plantearse una rutina diferente. Estamos tan absorbidos por el día a día y volcamos tanta energía en él que nos cuesta reflexionar sobre lo que es mejorable. Mikah insiste en que “de vez en cuando es muy útil preguntarse ¿soy feliz?, ¿tengo energía cuando me levanto por las mañanas?, ¿duermo bien?… porque esas señales nos indican si el camino que estamos recorriendo es el adecuado”.
  • No necesitar de verdad ese cambio. Cuando la mejora es realmente necesaria, no hay fracaso posible. Simplemente se hace. Así ocurre, por ejemplo, cuando el médico avisa a su paciente de que si no deja de fumar inmediatamente no hay garantía de supervivencia a corto plazo. Ante una noticia de tal calado –y puesto que no hay alternativa posible– se deja de fumar.
  • No admitir los cambios a no ser que alguien dé garantías de que serán para mejor. En este momento es necesario, de nuevo, sentarse a reflexionar (justo lo que no hacemos). Porque una vez que imaginamos nuestra vida con ese cambio ya instaurado seguramente podremos anticipar si será tan beneficioso o no (¿cómo será mi vida con 10 kilos menos?, ¿cuánta tranquilidad me dará haber ahorrado algo de dinero?, ¿cuántos kilómetros seré capaz de caminar sin ahogarme una vez que deje de fumar?…).
  • Pensar que se sufrirá para conseguirlo. “El cerebro lo mide todo en términos de dolor y placer –asegura Mikah de Waart– y si prevé que el camino será difícil uno se acomoda”. Imaginemos la siguiente situación: una persona que, estando a dieta, tiene que elegir algo distinto a lo que todos escogen en una reunión de amigos. No solo corre el riesgo de sentir que se está perdiendo algo (el disfrutar de un trozo de pastel) sino que teme el rechazo del resto de personas, que le animarán a comerlo porque “por una vez no pasa nada”. Basta haberse marcado antes una pequeña estrategia (pedir previamente el apoyo de la gente y haber comido algo dietético antes de acudir al evento) para huir de esa situación trampa. La improvisación es uno de nuestros peores enemigos; la planificación, en cambio, lo hace todo más fácil.
  • El auto-sabotaje. Otras veces, nuestros peores enemigos somos nosotros mismos. No saber si realmente deseamos el cambio; no saber si podemos lograrlo o no estar seguro de merecer una vida mejor –que puede ser la consecuencia de una educación demasiado coercitiva– también nos encadena.
  • El miedo al éxito, tanto o más fuerte que el miedo al fracaso. Aunque pocos lo reconocen, muchos son los que consideran que si logran sus objetivos perderán otras cosas: si adelgazan pueden sufrir el rechazo de sus amigas “gorditas”; si dejan de gastar ya no saldrán tanto con aquellas que dejan parte de su sueldo en las tiendas…

El plan idóneo para lograr los cambios que mereces

La primera recomendación de Mikah de Waart es tener claro lo que significa éxito y fracaso. “Fracaso es no hacer nada, no cambiar nada; éxito es comenzar a actuar, ser capaz de salir de tu zona de confort y dar pequeños pasos hacia tu objetivo, independientemente de si lo alcanzas o no”. 

El consultor personal nos recomienda poner en práctica los siguientes consejos para crear un Plan Estratégico:

  • Haz una lista de 20 cosas que no te hacen feliz y que están presentes ahora en tu vida.
  • Adjudica a esos conceptos el contrario. De esta manera tan sencilla (partiendo de lo que no quieres) llegarás a tener muy claro qué necesitas para ser más feliz.
  • Planifica conductas: cómo te comportarás en determinadas situaciones que pueden llegar a ser difíciles (comer o no comer el trozo de pastel).
  • Tener referentes positivos. Escoge dos o tres personas que hayan alcanzado sus metas. Escúchalas, fíjate en cómo se comportan y reproduce aquellas pautas o convencimientos que a ti te pueden servir.
  • Ayudar a alguien. Es uno de los actos que más energía nos proporciona. Nos hace sentirnos útiles, saber que somos capaces de muchas cosas, nos vuelve más positivos… Justo lo que necesitas para avanzar en tus proyectos de futuro.
  • Dar gracias por lo que ahora tienes. Si tu vida está marcada por el catastrofismo absoluto seguramente pienses que –puesto que todo está tan mal– el cambio es imposible. Haz otra lista con aquellas cosas, pequeñas o grandes, que sí te hacen feliz y de las que ya disfrutas ahora: estar vivo, la sonrisa de un hijo; el abrazo de un amigo; el revoloteo de una mariposa a tu alrededor… No solemos darle importancia pero son pequeñas maravillas que suceden a diario.

Finalmente, Mikah de Waart recomienda “marcarse un objetivo para crecer como persona o para tener una vida mejor y disfrutar si se consigue; pero sobre todo seguir siendo feliz aunque no se consiga. Porque ésa es precisamente la meta que todos buscamos”.

Más información:

www.mikahdewaart.com

www.mikah.es

Otros contenidos del dosier: Desarrollo personal

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