El pensamiento positivo nos mantiene jóvenes

Estos resultados implican que los estereotipos culturales negativos sobre la edad pueden tener un impacto en la calidad de vida cuando envejecemos. Al mismo tiempo, significan que estimular un enfoque positivo sobre nosotros mismos puede ser una importante ayuda para envejecer mejor e, incluso, para vivir más tiempo.

Lo que dicen los estudios

Investigadores del departamento de Salud Pública de la Universidad de Yale han realizado diferentes trabajos sobre el tema en las últimas décadas, en los que han descubierto que las personas mayores que aceptan mejor el proceso de envejecimiento son más propensas a superar enfermedades o recuperarse de algún grado de discapacidad.

En uno de estos estudios, midieron los niveles de recuperación en base a cuatro actividades rutinarias: bañarse, vestirse, moverse de una silla y caminar. Los autores establecieron un nexo entre la realización de estas actividades y la salud y autonomía de los pacientes. Los investigadores concluyeron que los participantes con mejor actitud tendían a permanecer más activos. En general, los participantes con un enfoque más optimista gozaban de una mayor esperanza de vida -7,6 años más de media-, además de acudir con menor frecuencia a centros sanitarios. En esta misma línea, otro estudio de la Clínica Mayo señaló que las personas con una actitud positiva realizan más actividad física, siguen una dieta más saludable y tienen menores tasas de tabaquismo y consumo de alcohol.

Para explicar este fenómeno, investigaciones complementarias realizadas en laboratorios establecieron una relación entre los estereotipos negativos sobre la edad con un aumento del nivel de estrés, lo que, a su vez, provoca una mayor respuesta cardiovascular, situación vinculada a problemas cardíacos.

Fortalecer la mente para fortalecer el cuerpo

Las personas que se ven a sí mismas como ‘frágiles’, tienen más probabilidades de abandonar actividades saludables como hacer ejercicio con regularidad. En este sentido, a principios de 2016 el Trinity College de Dublín publicó los resultados de un estudio realizado a lo largo de dos años que monitorizaba la evolución de 4135 ancianos. De nuevo los participantes con una percepción más negativa del envejecimiento vieron reducida la velocidad a la que caminaban y al final del estudio tenían peor actividad cognitiva. Aquellos con una actitud más positiva permanecían socialmente activos y disfrutaban de una mayor calidad de vida incluso en casos en los que presentaban niveles iguales o mayores de debilidad física derivada de enfermedades.

Los estudios también sugieren una conexión entre el pensamiento negativo y la aparición del Alzheimer. Una investigación llevada a cabo por las autoridades sanitarias estadounidenses junto a la Universidad de Baltimore comparó la percepción que algunas personas tenían de la vejez a los 40 y a los 70, realizando el mismo cuestionario a los mismos participantes con un intervalo de 25 años y analizando en ambos casos su actividad cerebral.

De acuerdo con los resultados, los participantes con estereotipos negativos presentaron un deterioro tres veces más rápido que el grupo más optimista. Las personas con peor percepción de su edad tenían puntuaciones significativamente más altas en placas y ovillos neurofibrilares, marcadores de riesgo en la aparición del Alzheimer. Según los autores, el estrés también puede ser un importante conductor para explicar estos resultados.

Cambiar la forma de pensar

El impacto físico del pensamiento positivo también ha sido documentado por psicólogos, no sólo como apoyo para mejorar la calidad de vida durante la vejez, sino también como para tratamiento para enfermedades como la depresión. En psicología, se utiliza con frecuencia la terapia cognitivo conductual (TCC), que implica afrontar los problemas a través de un cambio en la forma de pensar y de comportarse.

Aunque se usa de manera habitual para tratar la ansiedad y la depresión, esta terapia también es útil para otros problemas que impactan en la salud física. La TCC parte de la base de que existe una conexión demostrada entre el pensamiento, los sentimientos, las sensaciones físicas y las acciones. En consecuencia, se trabaja con el objetivo de tratar estos problemas con una actitud más positiva compartimentando en partes más pequeñas. Se centra en la búsqueda de formas prácticas de mejorar el estado de ánimo sobre una base diaria como punto de partida.

Fuentes

  • ‘Longitudinal Study on Ageing’, Trinity College
  • ‘A culture–brain link: Negative age stereotypes predict Alzheimer’s disease biomarkers’, Universidad de Yale.
  • ‘The power of positive thinking’, Clínica Mayo.
  • ‘Baltimore Longitudinal Study of Aging’.
  • ‘Personality, Individual Differences and Intelligence’, Universidad de Exeter.
  • American Psychological Association

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