Síndrome de desgaste parental: padres y madres agotados y estresados

El síndrome de desgaste parental, o burn out parental, es el estrés intenso crónico o especialmente prolongado causado por el cumplimiento de las obligaciones de progenitor, que a la larga desemboca en un profundo agotamiento (burn out significa ‘quemarse, consumirse’). Se trata de un fenómeno todavía poco conocido y, de hecho, escasean los profesionales que puedan tratarlo.

El concepto de burn out o desgaste surgió en el ámbito de la psicología en los años 60 del siglo XX. Entonces, estaba ligado exclusivamente con el mundo laboral (así empezó a hablarse del síndrome de desgaste profesional). A partir de los años 80, el concepto ha alcanzado la esfera familiar. El síndrome de desgaste parental puede afectar a cualquier padre o madre que en algún momento acumule varios factores de riesgo. Según los estudios llevados a cabo por Moïra Mikolajczak e Isabelle Roskam, doctoras en Psicología de la Universidad Católica de Lovaina-la-Nueva (Bélgica), lo padecen el 5 % de los padres y el 8 % presentan un riesgo elevado de sufrirlo. A pesar de lo que pueda creerse, el síndrome de desgaste parental afecta igual a hombres que a mujeres.

Los más proclives a sufrirlo suelen ser los padres más implicados en la crianza de sus hijos. «El desgaste parental no lo provoca una sola causa, sino que las razones varían según la persona. No obstante, a lo largo de los seis estudios que hemos realizado en más de 3000 padres, hemos detectado que los padres perfeccionistas están más predispuestos, ya que desean estar a la altura en todos los frentes: buenos estudios, actividades extraescolares, alimentación ecológica, pasar tiempo con los hijos… Su imagen de progenitor es tal que acaban agotados tratando de cumplir con ella», analiza Moïra Mikolajczak. «Nuestros estudios muestran una mayor prevalencia en estratos sociales de nivel educativo más alto. Paradójicamente, estos padres son más vulnerables, ya que dudan más sobre la crianza de sus hijos», añade la doctora.

El afán por ser un padre o una madre 10

Sandrine sabe lo que es sufrir desgaste parental. «Cuando fui madre, leí multitud de información sobre crianza y quise ofrecerles lo mejor a mis hijos. Los apunté a gimnasia, a iniciación musical, los llevaba a menudo a la biblioteca y a espectáculos… Como muchas madres, yo me encargaba de las citas con el médico, llevarlos al cole, las compras, las tareas de la casa, las comidas… Trabajando a media jornada, me presionaba a mí misma pensando en que debía cundirme más con todo el tiempo libre que tenía. Mi marido viajaba mucho por trabajo y esos días yo tenía que cumplir el doble», recuerda.

El síndrome de desgaste parental no surge de un día para otro, sino que se va desarrollando de forma insidiosa. En muchos casos, los afectados no se dan cuenta de que lo sufren hasta que se encuentra bien enraizado. «Comprendí que tenía un problema cuando me sorprendí a mí misma gritándoles a mis hijos y dándoles cachetadas. Me irritaba siempre que me llamaban y no los aguantaba más, me sacaban de quicio. Cuando me percataba de cómo me ponía, sentía vergüenza y mucho arrepentimiento, porque a mis hijos los quiero con toda mi alma. Me entraban ganas de irme muy lejos, de tener que pensar solo en mí, de descansar».

Tres ámbitos en los que actuar

Según las doctoras Mikolajczak y Roskam, para superar el desgaste parental hay que actuar prioritariamente en tres ámbitos: uno mismo, la pareja y la relación con los hijos.

Actuando en uno mismo

En primer lugar, hay que trabajar las competencias emocionales, esto es, aprender a identificar nuestras emociones, comprenderlas, utilizarlas, expresarlas y manejarlas. El siguiente paso es anticiparse a las situaciones estresantes para intentar modificarlas. Para ello, hay que profundizar en cómo se perciben, considerar las actitudes positivas de los hijos más que las negativas, así como identificar la tendencia a dramatizar. También hay que aprender a contener nuestra reacción fisiológica a este tipo de situaciones, mediante técnicas de relajación, por ejemplo. Por último, es necesario revaluar los recursos de los que disponemos, es decir, los puntos fuertes que nos ayuden a contrarrestar los factores de riesgo.

«Los padres con desgaste parental deben cuidar los recursos de los que disponen: felicitarse ellos mismos por lo que hacen bien y a sus hijos por sus buenas acciones. Por otra parte, no deben dudar en solicitar los recursos que necesiten, como, por ejemplo, la ayuda de los abuelos, los vecinos o de la pareja, o intentar encontrar otros. Dentro de la pareja, pueden concederse el uno al otro un día a la semana para desconectar. En definitiva, deben restaurar la imagen que tienen de ellos mismos como padres», recomienda Moïra Mikolajczak.

Actuar en la vida de pareja

Como indica nuestra especialista, la marcha de la vida de la pareja es otro factor que influye. Una pareja que goza de buena salud supone una fuente de estrés menos. Por desgracia, cuando se sufre desgaste parental, la vida en pareja también se resiente. Por ello, hay que cuidar la relación de pareja, con una comunicación constructiva y evitando pagar nuestro enfado con el otro. Asimismo, la mejora de la vida en pareja requiere una redistribución de las tareas de crianza. No hay dudar en acudir al otro, pues sentir su apoyo y su aprecio, así como los de los hijos, contribuyen a la recuperación.

Además, ambos progenitores deben trabajar en la colaboración y acordar normas. En ningún caso uno de los dos debe contradecir una norma fijada por el otro, pues puede hacerle perder autoridad. Los conflictos no deben resolverse delante de los hijos, ya que pueden volverse más difíciles.

La importancia de la relación con los hijos

El tercer factor de influencia en la recuperación del desgaste parental es la relación con los hijos. «Las prácticas de los padres no son óptimas. Muchas veces, no se muestran coherentes. Por ejemplo, pueden amenazar a su hijo con un castigo si se porta mal, pero luego no aplicarlo. En estos casos, el niño desobedece de nuevo, lo que agota aún más a los padres», explica Moïra Mikolajczak. De ahí la importancia de cumplir lo que se dice.

También es importante que el progenitor cuide la imagen que tiene de sí mismo. Una idea es hacer todas las noches una lista las acciones positivas llevadas a cabo por los hijos durante el día: enmendar un libro, prepararles su postre favorito, llevarlos a entrenamiento… De esta forma, el progenitor se dará cuenta de lo mucho que hace por sus hijos y aumentará su autoestima parental. Restaurar la relación con los hijos también implica pasar momentos de calidad con ellos. «Esos momentos deben ser fuente de placer para ambos. Después, ellos suelen portarse mejor», destaca la doctora Mikolajczak. «Hay que prestarles atención en los momentos positivos cuando se portan bien y juegan sin hacer ruido. Los padres suelen aprovechar para realizar otras tareas, por lo que los niños tienden a cometer alguna travesura para pasar tiempo con sus padres, aunque sea enfadándolos», explica.

Por último, hay que establecer límites realistas en función de la edad de los hijos, aunque sin pasarse para no acabar agotados, ni tomándoselo demasiado a pecho: para todas las familias es duro.

Recurrir a ayuda externa

Para superar su desgaste parental, Sandrine consultó al psicólogo. «Desde entonces, he revisado mis prioridades y he modificado algunas cosas. A mis hijos les he quitado algunas actividades anexas para no tener que correr tanto. Todos los días pasamos tiempo juntos leyendo o jugando. Mi marido hace la comida un día a la semana y yo me concedo un día o dos al mes para salir sola o con él. Cuando salgo, los niños me los cuida una amiga y luego yo cuido los suyos. De esta manera, recargo las pilas. Al volver, puedo ocuparme mejor de mis hijos. Me quedan cosas por solucionar, pero estoy mucho mejor», nos confía.

Si crees sufrir el síndrome de desgaste parental, no dudes consultar al médico, un terapeuta o un psicólogo, o bien en ponerte en contacto con una escuela de padres o un grupo de apoyo para liberarte de este peso. Cuanto antes empiece a tratarse, mejor.

D. Blancheton

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