Conductas agresivas y violentas en niños: ¿cómo reaccionar?

Entrevistamos a la psicóloga Mónica Serrano, experta en maternidad consciente y crianza respetuosa, sobre la agresividad infantil.

¿Cuándo y por qué aparecen las primeras conductas agresivas en los niños?

Hay niños que empiezan a morder, dar golpes o arañar a la edad de un año o un año y medio, y otros no lo hacen hasta los dos. Algunos utilizan la agresión como una manera ruda y poco sofisticada de iniciar el contacto. Hay otros que la emplean para mostrar lo que no les gusta. Es el caso del niño que responde con un empujón cuando alguien se le acerca, o el que pega o da un mordisco cuando le quieren arrebatar un juguete que no quiere prestar. A veces el niño reacciona así porque se siente apartado o no tenido en cuenta, y otras, simplemente, porque quiere experimentar con las reacciones del otro. Pero, en general, un niño que se muestra agresivo, sobre todo a partir de cierta edad, es un niño que sufre algún tipo de estrés.

¿Cuáles son las conductas agresivas más comunes?

En los niños pequeños, pegar, morder, arañar y empujar; en niños mayores pueden darse agresiones más sutiles, como dejar a alguien de lado, o de tipo verbal, como la descalificación o el insulto.

¿Qué diferencia hay entre agresividad, violencia e ira?

Son términos que suelen confundirse. La diferencia entre ambas es la intención. La agresividad es una reacción psicofisiológica, natural y espontánea. Y en la violencia hay una intención de dañar o someter al otro. La agresividad es natural y la violencia es aprendida.

La ira es una emoción que está presente en todos lo seres humanos y que puede ir acompañada de agresividad y violencia o no. Es la emoción que subyace a la agresividad, su componente emocional.

¿Son las rabietas un ejemplo de ira?

Son enfados enormes y la ira está presente, claro. El niño que las sufre puede reaccionar de manera agresiva, pero no necesariamente.

¿Remiten las respuestas agresivas a medida que el niño aprende a comunicarse mejor?

El desarrollo del lenguaje ayuda mucho, porque permite al niño transmitir lo que necesita de una manera menos agresiva.

¿Cómo debemos comportarnos los adultos para evitar el exceso de agresividad en nuestros hijos?

Lo primero que debemos hacer es reducir el estrés y crear ambientes relajados. El modelo que ven en casa es importante, pero el ambiente distendido es lo que más cuenta. Las relaciones empáticas entre los miembros de la familia y el hecho de que se comuniquen de manera respetuosa, sin violencia, también ayuda, pero lo principal es reducir el estrés.

¿Cómo debemos actuar, por ejemplo, si nuestro hijo recibe una agresión?

Cuando los niños se pegan o se empujan, cosa muy frecuente, los padres no siempre sabemos qué hacer. Debemos intervenir, acercándonos a nuestro hijo y poniéndole a salvo. Debemos apoyarle y darle consuelo. De ese modo también estamos poniéndole un límite al otro niño, pero sin decirle nada. Es una manera de no caer en el abuso de poder, un error en el que podemos incurrir si nos dirigimos a él enfadados o dolidos por lo que ha ocurrido.

¿Y si es nuestro hijo el que pega, muerde, etc.?

Lo mismo, intervenimos y ponemos el límite, con frases como “yo no te permito que hagas daño a otras personas”; después, una vez que se haya relajado el ambiente, tenemos que escuchar a nuestro hijo, pero sin castigar ni dar sermones.

¿Es adecuado enseñar a los hijos a defenderse?

Es adecuado dependiendo de lo que entendamos por defenderse. Responder a una agresión pegando me parece un mensaje contraproducente e incoherente, pero defenderse pidiendo ayuda, apartándose o evitando a determinadas personas, me parece completamente necesario. Con lo que no estoy de acuerdo es con responder a la violencia con violencia, porque entonces estamos validándola.

¿Cómo debe actuar el maestro cuando se produce una agresión en el aula?

El maestro, o quien esté a cargo de los niños, debe actuar ofreciendo protección y apoyo emocional al niño agredido. También debe dirigirse al niño que ha cometido la agresión. Debe preguntar qué ha sucedido y escuchar a ambos niños, así como mostrar su desaprobación hacia la actitud agresiva y ofrecer una alternativa de comportamiento no violenta.

¿Y si las agresiones por parte de un alumno son repetidas?

En esos casos es importante que los profesionales del centro comuniquen el problema a los padres. Los adultos deben trabajar conjuntamente para descubrir qué le sucede al niño y brindarle el apoyo que necesite. Es probable que el niño esté exteriorizando, a través de la agresividad, un problema emocional.

¿Cuándo pasan las agresiones a convertirse en acoso?

El acoso escolar, también llamado bullying, solo se da en niños mayores. Es algo complejo, pero de manera resumida podemos decir que son agresiones reiteradas en las que el agresor tiene la intención de dañar o someter al otro; también hay una diferencia de poder o estatus. No deberíamos esperar a llegar a una situación de acoso para actuar. Si intervenimos ante cualquier agresión, por mínima que sea, podemos estar previniendo del acoso. La responsabilidad de prevenirlo es del equipo directivo de la escuela, que es quien tiene más poder en la escala.

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