Difteria: una enfermedad mortal

La difteria se transmite de una persona a otra a través de pequeñas gotas de saliva que desprende el enfermo cuando habla, tose o estornuda. Pero existe la posibilidad de que el contagio se produzca de forma indirecta, es decir, a través de objetos o alimentos; el germen puede resistir varios meses en el exterior. Aunque es menos habitual, también se puede transmitir a través de lesiones cutáneas (úlceras, heridas…).

La difteria es una enfermedad extremadamente contagiosa y por eso España es uno de los países que más supervisa esta patología.

Reconocer la enfermedad

Los primeros síntomas de la difteria son bastante banales: un simple dolor de garganta acompañado de una fiebre suave. Pero poco a poco, una membrana empieza a obstruir la garganta (angina diftérica) y se extiende por la úvula y hasta el fondo de la faringe, de tal modo que respirar se vuelve difícil y, en ciertos casos, imposible. Entonces pasa a denominarse laringitis diftérica. Además de estas dificultades respiratorias, el bacilo diftérico produce una toxina que causa parálisis (ataca al sistema cardíaco o nervioso). Esta enfermedad es mortal en el 10% de los casos.

La difteria cutánea, que suele aparecer cuando las condiciones higiénicas son precarias, se suele diagnosticar cuando se detecta la presencia de membranas sobre una herida.

Tan solo un diagnóstico precoz y un tratamiento rápido pueden evitar que la enfermedad se complique y acabe siendo mortal. Después se realiza una biopsia, ya que permite aislar el agente responsable y detectar el gen de la toxina. El tratamiento consiste en administrar un suero anti-diftérico y antibióticos para así reducir el contagio durante al menos 24 horas. Es imprescindible aislar al paciente y desinfectar todos los objetos que este haya tocado.

Frenar el contagio

Cuando se sospecha de un caso de difteria, es imprescindible prevenir la aparición de otros casos y detectar a los portadores asintomáticos susceptibles de transmitir la enfermedad. Todas las personas que durante los 7 días precedentes hayan estado en contacto directo con un caso de difteria están en riesgo.

Estas personas en riesgo serían :

  • Los miembros familiares que viven bajo el mismo techo ;
  • Las relaciones íntimas;
  • Las personas que trabajan en el mismo despacho u oficina;
  • Los amigos o compañeros habituales;
  • El personal sanitario que ha estado expuesto a secreciones.

Para frenar la propagación de la epidemia, todas estas personas deben vacunarse (a menos que puedan demostrar que se han vacunado hace menos de un año), y además tendrán que someterse a un tratamiento antibiótico preventivo. Sin embargo, el seguimiento médico es imprescindible. También se les practicarán algunas extracciones de la nariz y de la garganta. Los portadores asintomáticos quedarán aislados (del trabajo, de la escuela) y se someterán a controles periódicos de la nariz y de la garganta para establecer un tratamiento.

Una enfermedad todavía presente en muchos países

En ciertas partes del mundo, la difteria sigue siendo endémica. Es el caso, por ejemplo, del sudeste asiático (India, Indonesia, Nepal, Filipinas) e incluso de Sudamérica (Brasil, Ecuador), del Medio Oriente y África (Madagascar, Zambia). Y el germen sigue propagándose. En 1995, se diagnosticaron 50.000 casos y se declararon hasta 1.700 muertes por difteria en la antigua Unión Soviética; algunos de los portadores eran inmigrantes de países vecinos. Pero la situación parece haber mejorado, con 7.182 casos declarados en 1997 en toda la región europea, 2.808 en 1998 y 1.384 en 2001. Sin embargo, no hay que bajar la guardia, ya que países como Finlandia se diagnosticaron 8 casos entre 1995 y 2001, todos relacionados con la cepa que circulaba en Rusia.

En España, según los registros del Ministerio de Sanidad, tan solo se ha detectado un caso de difteria desde 1987. Un niño de seis años, vecino de Olot, en Girona, fue ingresado en estado grave en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona tras ser diagnosticado de esta enfermedad grave e infecciosa. El Departamento de Salud de la Generalitat confirmó que el menor no había sido vacunado y, por lo visto, el motivo de que el pequeño no estuviera inmunizado contra la difteria (cuyas tasas de vacunación en España se sitúan entre el 90 y el 95%) se debe a que sus padres están en contra de las vacunas. Los expertos investigan cómo pudo contagiarse. Y se barajan dos posibilidades: que entrara en contacto con una persona enferma, pero leve y que pasara desapercibida, o con un portador asintomático. Si quieres protegerte de la difteria y no correr ningún riesgo, no lo dudes: ¡vacúnate!

A. Maréchaud

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