Gusto

Distribuidas por la superficie de la lengua hay miles de papilas gustativas que albergan auténticos receptores sensoriales: los corpúsculos o botones gustativos. Cada uno de estos corpúsculos, de forma ovoide, contiene de cinco a veinte células sensoriales, con sus correspondientes terminaciones nerviosas, así como otras de sostén, todas situadas alrededor de una cavidad central, el poro gustativo. Cuando las sustancias químicas disueltas en la saliva llegan hasta el poro gustativo, las células sensoriales resultan estimuladas y se generan unos impulsos que acaban convirtiéndose en las sensaciones gustativas.
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