El tabaquismo

Jean Nicot introdujo el tabaco en la corte francesa bajo el reinado de  Francisco II y, así, la “hierba de Nicot” empezó a utilizarse como planta decorativa y medicinal. Un poco más tarde, se prepararon las hojas para que se masticaran o se fumaran.

Algunas cifras

El tabaco es el veneno más peligroso del planeta.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco se cobra seis millones de vidas cada año en el mundo. En España, provoca 53 000 muertes anuales; esta proporción sería la misma que si un avión se estrellase cada día sin dejar supervivientes. En los próximos 30 años, el tabaco será responsable de 20 millones de muertes anuales en los cinco continentes.
Uno de cada cuatro fumadores muere de manera prematura a causa de una enfermedadrelacionada con el tabaco. Está comprobado que el tabaco disminuye la esperanza de vida: la de un fumador de 25 años se reduce en seis años si fuma un paquete al día y en más de ocho años si fuma dos paquetes al día. Cada cigarrillo reduce años de vida de manera proporcional al tiempo que la persona pasa fumando (se calcula una media de seis minutos por cigarrillo y dos horas al día por cada paquete).

Efectos fisiológicos del tabaco

A nivel fisiológico, fumar es un acto complejo. El humo del tabaco está formado por más de 5000 sustancias aunque predominan tres productos tóxicos: la nicotina, el monóxido de carbono y el benzopireno.
La nicotina es un alcaloide que crea adicción: sólo siete segundos después de cada inhalación, llega al cerebro, donde provoca el equivalente a una minidescarga de adrenalina. Según la persona, actuará como un relajante o excitante: en algunos, estimula la actividad cerebral, y aumenta las facultades de concentración intelectual; a cada inhalación, provoca una aceleración del pulso y un aumento de la tensión arterial y del ritmo cardíaco(de ocho a diez pulsaciones por minuto). En otros, por el contrario, la nicotina tiene un efecto relajante y ansiolítico: contribuye a inhibir la angustia latente actuando como un sedante.
La manera de fumar varía enormemente de una persona a otra. Sin saberlo, el fumador inhala el humo de su cigarrillo, su puro o su pipa, para obtener la tasa de nicotina que su organismo reclama. Si se reduce el contenido de nicotina o de alquitrán del tabaco, el fumador lo compensa sistemáticamente modificando su manera de fumar: inhala de manera más profunda, aumenta el número de inhalaciones o fuma durante mucho tiempo y más a menudo.
La nicotina es la sustancia responsable de la dependencia al tabaco. El placer neuronal, al igual que todos los placeres, tiene una duración limitada que varía enormemente según las personas; por término medio, el fumador necesita una nueva dosis al cabo de, como máximo, una media hora. Así nace la dependencia farmacológica: un cigarrillo llama otro.
Con el tabaco de mascar, el puro o la pipa, la nicotina se absorbe principalmente a través de las mucosas de la boca. En cambio, el humo de los cigarrillos alcanza rápidamente los alvéolos pulmonares donde se absorbe el 90% de la nicotina. A nivel digestivo, el hígado transforma, mediante la oxidación, una parte de la nicotina en cotinina, una sustancia que no es tóxica. Así, la nicotina se elimina a través de la orina.
La existencia y la intensidad de la dependencia al tabaco pueden medirse por la tasa de monóxido de carbono (CO) contenido en el aire expirado. El monóxido de carbono está presente en el humo inhalado, se fija en la hemoglobina y disminuye en un 15% o 20% la tasa de oxígeno en circulación. La repercusión sobre los órganos vascularizados es evidente. Un fumador que consume un paquete de cigarrillos al día tiene una oxigenación equivalente a la de un no fumador a 2500 metros de altitud…
El humo del tabaco contiene también cerca de 500 sustancias cancerígenas, entre las cuales se encuentran los hidrocarburos y los benzopirenos.

Los efectos perjudiciales del tabaco

El tabaco es el responsable del 90% de los cánceres de pulmón, del 85% de las arteritis, del 65% de los cánceres de la zona ORL (boca, labios, lengua, laringe, faringe, esófago), del 40% de los cánceres de vejiga, del 35% de los infartos de miocardio (20 000 muertos al año) y de 25 000 muertes anuales por insuficiencia respiratoria.
La bronquitis crónica de los fumadores se debe a las sustancias irritantes inhaladas (nitrosaminas) que paralizan los cilios vibratorios bronquiales y reducen así el sistema inmunitario de las vías respiratorias.
El feto es el primero que está en contacto con el veneno aunque la madre sea fumadora pasiva. Al fumar un cigarrillo, el ritmo cardíaco se acelera y los movimientos del feto disminuyen. Las malformaciones congénitas se vuelven más frecuentes: fisura palatina, estrabismo, hernias inguinales, trisomías… La muerte en el útero y la hipotrofia fetal son también más frecuentes.
En el momento de nacer, los niños que han sufrido una gran exposición al veneno (dos paquetes al día) tienen dos veces más posibilidades de padecer problemas respiratorios y un resultado del test de Apgar inferior a 2. La tasa de niños prematuros aumenta en un 14%.
En el niño, la inhalación pasiva del veneno provoca múltiples y graves patologías:

  • Infecciones repetidas de la zona ORL.
  • Infecciones de las vías aéreas inferiores: traqueítis, laringitis, bronquitis, bronquiolitis, pulmonía…
  • Síntomas respiratorios crónicos: del 30% al 80% de los niños que ha sufrido la adicción al tabaco de sus padres padece tos crónica, sibilancia o hipersecreción.

El asma también aumenta debido a la exposición al veneno con una hiperactividad bronquial.
Hoy en día, el tabaquismo activo comienza hacia la edad de 11 años. A partir del primer año de consumo regular aparecen la tos crónica con hipersecreción y la falta de respiración. Tras dos años de exposición regular, aparecen anomalías en las pruebas funcionales respiratorias.
En la edad adulta, aparecen las enfermedades. Las dos principales enfermedades vinculadas al tabaco son las cardiovasculares y los cánceres, sobre todo el cáncer de pulmón.

Las enfermedades cardiovasculares (enfermedad coronaria, arteritis)

Un tercio de los infartos de miocardio está relacionado con el tabaco; antes de los 40 años, la proporción alcanza el 75%.
La arteritis es 38 veces más frecuente en los grandes fumadores.
Todavía no se han determinado los mecanismos por los que el tabaco aumenta el riesgo cardiovascular.

Los cánceres

El tabaco es responsable del 30% de los cánceres y del 90% de los cánceres de pulmón.
En los fumadores, aumenta la frecuencia de los cánceres en los tejidos que entran en contacto con el humo: boca, faringe, laringe, esófago, tráquea, bronquios, páncreas, riñones y vejiga (ya que los productos del catabolismo del tabaco se eliminan mediante la orina).
Los otros cánceres más frecuentes en los fumadores son los cánceres de laringe, de boca, de esófago, de vejiga, de páncreas y de riñones.
El tabaco es una sustancia cancerígena directa.

El tabaquismo pasivo

El fumador no sólo pone en peligro su vida sino también la de los que están a su alrededor.
La intoxicación pasiva del no fumador es una amenaza real.  
Permanecer en un ambiente con humo equivale al consumo de uno o dos cigarrillos. Un niño cuyos dos padres fuman más de un paquete de cigarrillos al día en casa tiene dos veces más posibilidades de desarrollar un cáncer de pulmón. Del mismo modo, el riesgo de que un no fumador, que vive con un fumador, desarrolle una enfermedad aumenta en un 30%.

Otras afecciones

De un 80% a un 90% de las muertes debidas a la bronquitis crónica son debido al tabaco.
Las úlceras gastroduodenales son dos veces más frecuentes en el fumador.

Otros contenidos del dosier: Dejar de fumar

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