Infarto de miocardio

Un infarto es la destrucción de una parte más o menos importante de un tejido (o necrosis), asociada al cese brusco de la irrigación de ese tejido. El infarto del músculo cardíaco (miocardio) se produce por la obstrucción de una de las arterias coronarias (encargadas de aportarle sangre en condiciones normales).
Da lugar a la destrucción de una parte del corazón. Esta enfermedad, mortal hasta hace algunos años, puede tratarse con éxito siempre que la atención médica sea rápida.

Causas

El infarto de miocardio (ataque al corazón) se debe a la oclusión de una arteria coronaria. La parte del músculo cardíaco irrigada por esta arteria deja de contraerse. Este accidente suele ser provocado por un coágulo sanguíneo, formado sobre una placa de ateroma que ya obstruye parcialmente la arteria: el coágulo completa la obstrucción e impide que la sangre circule. Los hombres, sobre todo si son grandes fumadores o diabéticos, están dos veces más expuestos a esta enfermedad que las mujeres. También están más afectadas las personas con hipertensión arterial, con una concentración de colesterol en la sangre demasiado elevada o con una vida sedentaria.

Tipos

El infarto puede aparecer sin ningún signo previo (infarto inaugural) o puede ir precedido por crisis de angina de pecho (o ángor):
Infarto inaugural. Representa alrededor de la mitad de los infartos. Empieza por un dolor torácico parecido al de la angina de pecho, pero más intenso y prolongado: dolor por detrás del esternón asociado a sensación de opresión, ardor o penetración, que puede irradiar hacia el hombro y el brazo izquierdo, las mandíbulas o la espalda. Estos síntomas se acompañan, en algunos casos, de un cambio en la presión arterial y de trastornos graves del ritmo cardíaco. El infarto inaugural puede provocar la muerte súbita, por lo que los primeros cuidados de urgencia son absolutamente indispensables.
Infarto precedido de crisis de angina de pecho. En un número casi equivalente de casos, el infarto de miocardio está precedido por crisis de angina de pecho, caracterizadas por la recrudescencia del dolor cuando el paciente realiza un esfuerzo o por la aparición de dolor incluso en reposo. En algunos casos, puede evitarse la aparición del infarto –o al menos limitar su extensión– si el paciente es hospitalizado lo más rápidamente posible y se le administra el tratamiento.
En casos muy infrecuentes, el infarto puede pasar inadvertido (se denomina infarto silencioso). Se
descubre accidentalmente, al practicar un electrocardiograma (examen que registra la actividad eléctrica del corazón).

Diagnóstico

Dos exámenes permiten detectar rápidamente el infarto. Por una parte, el electrocardiograma, que muestra los trastornos de la actividad del corazón debidos a una mala circulación de la sangre en una arteria coronaria. Por otra parte, la concentración en la sangre de sustancias (enzimas) que son liberadas por las células del miocardio destruidas.

Tratamiento

En caso de infarto, es indispensable avisar al servicio de urgencias: el paciente debe ser transportado en un vehículo médico especializado y debe ser hospitalizado en una unidad de cuidados intensivos.
Las actuaciones dependen de la valoración inicial (gravedad o extensión del infarto) y de la disponibilidad de los servicios hospitalarios. En algunos casos, el paciente se somete inmediatamente a una radiografía especial de las arterias coronarias, para establecer una valoración precisa de las lesiones.
Según los resultados del examen, la obstrucción arterial se trata mediante angioplastia o con medicamentos.
En otros casos, el paciente se somete primero a un tratamiento farmacológico. Después, según el estudio ecográfico del corazón (practicado inmediatamente o algunos días después del infarto), el médico decide entre mantener el tratamiento, dilatar las arterias obstruidas (angioplastia) o efectuar un by-pass coronario.
La hospitalización por un infarto dura entre 1 y 2 semanas, según la gravedad del caso. El paciente puede seguir su convalecencia en un centro sanitario y reincorporarse al trabajo en un plazo de 3 meses.

Unidades de cuidados intensivos cardíacos

Las unidades de cuidados intensivos se crearon hacia el año 1960. Han permitido reducir considerablemente la mortalidad debida a infarto de miocardio. Están dotadas de personal especializado en la atención a esta patología y de un material adaptado para controlar el ritmo cardíaco e intervenir en caso de necesidad.

Después de un infarto

Para prevenir una recaída, deben suprimirse todos los factores de riesgo: es preciso dejar de fumar y controlar la hipertensión arterial, el colesterol y la diabetes. Los médicos aconsejan, también, practicar una actividad física y evitar las situaciones que favorecen el estrés. El paciente debe seguir un tratamiento farmacológico de base. Posteriormente, se aconseja efectuar un control cardiológico regular (examen clínico, electrocardiograma, ecografía, prueba de esfuerzo).

Otros contenidos del dosier: Enfermedades circulatorias

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