Enfermedades Del Cerebro Y Los Huesos

Cerebro

Entre los individuos mayores de 60 años, 1 de cada 20 sufre un grave deterioro de las facultades mentales. A los 85 años, el porcentaje es 4 veces más elevado (1 persona de cada 5).
Enfermedad de Alzheimer. Es la causa del 50 al 60 % de las enfermedades degenerativas del cerebro.
Se manifiesta por trastornos de la memoria, el lenguaje, el razonamiento y una dificultad para orientarse en el tiempo y el espacio. Esta alteración no suele aparecer antes de los 60 años. Más del 30 % de las personas mayores de 85 años están afectadas por este trastorno.
No existe tratamiento para la enfermedad de Alzheimer.
Actualmente sólo se utiliza un medicamento para disminuir los signos, pero sólo es eficaz en un reducido número de pacientes. El mantenimiento de la actividad y la estimulación constante del paciente en los hábitos de la vida diaria son muy recomendables para asegurar la autonomía durante el mayor tiempo posible.
Enfermedad de Parkinson. Es otra afección degenerativa del cerebro, que no suele aparecer antes de los 55 o 60 años.
Normalmente, se manifiesta de manera progresiva. Afecta a cerca del 1 % de la población mayor de 50 años. Se caracteriza por temblor en reposo, expresión fija, movimientos lentos y escasos, y rigidez generalizada.
No puede curarse y sus causas todavía se desconocen. No obstante, algunos medicamentos permiten atenuar sensiblemente los síntomas de esta enfermedad.

Huesos y articulaciones

La osteoporosis se caracteriza por una pérdida de densidad del hueso y está directamente asociada al envejecimiento. A partir de los 70 años, la densidad del esqueleto disminuye alrededor de una tercera parte. El esqueleto se vuelve más frágil y está especialmente expuesto a fracturas (principalmente, del fémur, de la cadera, de la columna vertebral y de la espalda). Por razones hormonales, este trastorno afecta más a menudo a las mujeres que a los hombres, ya que en la menopausia los ovarios dejan de producir estrógenos, hormonas esenciales para mantener la estructura ósea.
A los 75 años, cerca de la mitad de las mujeres han padecido al menos una fractura debida a osteoporosis. La enfermedad suele provocar aplastamientos vertebrales y dolores intensos en la espalda.
Algunas medidas preventivas pueden compensar y retrasar los efectos de la osteoporosis. Es necesario un aporte correcto de calcio en la alimentación (leche y productos lácteos), indispensable para la constitución del hueso. También se recomienda realizar una actividad física re gular para mantener en buen estado los músculos y el esqueleto. En el caso de las mujeres, si no existen contraindicaciones, el tratamiento hormonal sustitutivo de la menopausia puede prevenir la aparición demasiado rápida de la
osteoporosis. Este tratamiento se completa con el aporte diario de calcio, flúor y vitamina D.
La artrosis es una degeneración de los cartílagos que aparece, generalmente, después de los 60 años y afecta sobre todo a las mujeres. Las articulaciones de las caderas, las rodillas y las vértebras cervicales y lumbares son las más afectadas, ya que están sometidas a tensiones mecánicas intensas. Sin embargo, la enfermedad puede afectar a todas las articulaciones. Los síntomas son: dolores, hinchazón, chasquidos y rigidez de la articulación dañada.
No existe ningún tratamiento preventivo, pero se dispone de medicamentos para aliviar el dolor (antiinflamatorios y analgésicos).
En los casos más graves, es posible reemplazar la articulación dañada por una prótesis. Como medida de prevención, es muy importante que las personas obesas adelgacen.
La práctica de un deporte, particularmente la natación, ayuda a fortalecer los músculos, a mantener la movilidad de la articulación y a atenuar el dolor.
PIE DE FOTO
Prueba de detección de la enfermedad de Alzheimer. Es una enfermedad degenerativa del cerebro. Da lugar a un deterioro importante de las facultades mentales, que puede detectarse mediante diferentes pruebas.

Vivir bien, envejecer bien

Los procesos del envejecimiento están inscritos en los genes. Se trata de un fenómeno natural que responde a una ley biológica fundamental y que empieza en el mismo momento del nacimiento.
La especie humana parece programada para vivir alrededor de 120 años. En la práctica, la frontera entre la edad adulta y la vejez se franquea durante la sexta década de la vida. No obstante, existen numerosos factores, genéticos y externos, que influyen en el envejecimiento. Por ejemplo, una persona tiene más posibilidades de alcanzar una edad avanzada si sus propios padres y abuelos han muerto muy ancianos.
A pesar de estas disparidades, la esperanza de vida aumenta gracias al progreso de la medicina y a la mejora de las condiciones de vida.

Vivir más tiempo

Entre la esperanza de vida actual en los países desarrollados (82 años para las mujeres y 74 años para los hombres) y la longevidad potencial del ser humano (120 años), existen algunas decenas de años de vida que se van ganando. Por otra parte, la teoría del deterioro irreversible de las grandes funciones del organismo (cardíaca, cerebral, etc.), debido a la edad, está actualmente en revisión. Algunos estudios revelan que no siempre disminuyen las capacidades de un determinado órgano con la edad. Según parece, la disminución de las capacidades físicas constatada en las personas de edad avanzada no está ligada únicamente al envejecimiento natural, sino también a las enfermedades que lo acompañan.

¿qué es el envejecimiento?

El envejecimiento físico afecta a todas las estructuras del organismo (moléculas, células, tejidos y órganos determinados). La ciencia constata fácilmente el envejecimiento físico, pero no explica todos los mecanismos de este envejecimiento biológico ni sus consecuencias.
La vejez está marcada por la aparición frecuente de enfermedades graves, como la arteriosclerosis, el cáncer o las enfermedades degenerativas. Se acompaña del deterioro de determinadas funciones: el ojo pierde su poder de acomodación (presbicia) y la percepción de los sonidos agudos se debilita.
De hecho, el envejecimiento su pone, sobre todo, una disminución de las capacidades de adaptación del organismo. Por ejemplo, una neumonía puede producir más fácilmente una in suficiencia cardíaca en un anciano que en un adulto joven.

Luchar contra el envejecimiento

Si es natural envejecer, también es legítimo buscar una forma de envejecer bien. La prevención del envejecimiento debe empezar lo antes posible. Está científicamente probado que si se suprimen algunos
factores de riesgo, los efectos del envejecimiento se retrasan. Se trata, esencialmente, de protegerse del estrés, limitar el consumo de tabaco y alcohol, y evitar las ex posiciones excesivas al sol. Es probable, aunque ninguna prueba científica lo haya podido de mostrar, que una alimentación pobre en grasas y en azúcares de absorción rápida y rica en proteínas sea beneficiosa para mantener el organismo en forma, lo mismo que un consumo razonable de minerales y vitaminas.
En todos los casos, se aconseja, tanto al hombre como a la mujer: practicar regularmente una actividad física moderada, mantener una actividad intelectual constante y conservar el interés por el mundo exterior. Mediante un control médico regular, es posible detectar pronto múltiples enfermedades y evitar muchas otras.

Cómo detener el envejecimiento cerebral

Las células envejecen, en función del «reloj biológico» de cada persona.
Los mecanismos responsables no son bien conocidos, pero los cambios que producen se ven favorecidos por la presencia de enfermedades cerebrales, como el Alzheimer o el Parkinson, dentro de un contexto personal y social determinado.
Los cambios estructurales, bioquímicos y funcionales dibujan el perfil del envejecimiento de forma individual. La estrategia para detener este proceso se fundamenta en descifrar la causa de estos trastornos y frenar su aparición, controlar los síntomas con tratamientos sustitutivos o paliativos, y facilitar y mantener los estímulos psicológicos y sensoriales, la integración motora, la autonomía en la movilidad y la riqueza de la vida social y afectiva.

Tratamiento hormonal sustitutivo

En la menopausia, la mujer puede recibir, si no existen contraindicaciones, un tratamiento hormonal sustitutivo. Éste actúa de diferentes formas: retrasa el envejecimiento óseo (osteoporosis), que tiende a aumentar tras la interrupción de la secreción hormonal de los ovarios; evita que la piel, las uñas y los cabellos pierdan sus cualidades; impide la atrofia vaginal, a menudo responsable de una disminución de la actividad sexual. Todos estos elementos, beneficiosos en el aspecto físico, también lo son en el aspecto psicológico.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades genéticas

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