Cáncer de mama

Gracias a la mamografía, el diagnóstico precoz de este cáncer ha aumentado notablemente las perspectivas de curación.

Frecuencia

La frecuencia del cáncer de mama no para de aumentar en los países desarrollados (sobre todo en Europa Occidental y América del Norte; y en menor grado, en Japón) y es, con mucho, el más frecuente de los cánceres en la mujer. Cada año, el cáncer de mama provoca 77.000 muertes en Europa, de las que un 40% se producen en mujeres de menos de 65 años. La incidencia de este cáncer, es decir, el número de casos nuevos en un año, aumenta, pero la mortalidad disminuye, lo que hace pensar que la supervivencia mejora gracias al diagnóstico y el tratamiento precoz.

Factores de riesgo

Desde hace mucho tiempo se conocen los factores de riesgo, que son: - de orden personal: la precocidad de las reglas, el hecho de no haber tenido hijos, primer embarazo tardío (después de los 35 años), menopausia tardía; - de orden familiar: antecedentes de cáncer de mama en familiares próximas, lo que sugiere factores genéticos.
Además de éstos, la edad es por sí misma un factor de riesgo. El 7% de los cánceres de mama afecta a mujeres de menos de 40 años, y el porcentaje aumenta con la edad: 18% entre los 40 y los 50 años, 32% entre los 50 y los 60 años y 43% por encima de los 65 años.
Según los estudios realizados, una alimentación con demasiadas grasas animales, un exceso de peso y el uso prolongado de tratamiento hormonal sustitutivo son factores favorecedores.

Diagnóstico precoz

El diagnóstico precoz del cáncer de mama se lleva a cabo mediante la autopalpación (la mujer se explora las mamas cada mes), el examen médico anual (efectuado por el ginecólogo o por el médico de familia), pero sobre todo mediante la mamografía.
Aportación de la mamografía. Esta radiografía que utiliza rayos X de poca penetración muestra las diferentes densidades de los tejidos de la mama.
Permite descubrir tumores de pequeño tamaño (a partir de 3 mm) que no se pueden detectar con la palpación de mama, ya que con ésta sólo se pueden apreciar los de tamaño superior a 0,5-1 cm. Es, pues, una técnica esencial para el diagnóstico precoz del cáncer de mama, porque permite detectar un tumor dos años antes de su entrada en la fase clínica, es decir, cuando aparecen signos detectables por el médico.
El tamaño del tumor pero sobre todo la presencia o la ausencia de invasión de los ganglios de la axila indican la gravedad de la enfermedad. Cuando el cáncer está localizado (cáncer in situ o de estadio 0), la supervivencia a los 5 años es del 97%; si el tumor mide menos de 5 cm y no invade los ganglios (estadio 1), la supervivencia es del 70%; con invasión ganglionar (estadio 2), la supervivencia sólo es del 38%.
Prevención. A partir de los 50 años de edad, se recomienda el examen preventivo sistemático, mediante la práctica de mamografía cada 2 o 3 años. Antes de esta edad, es importante que las mujeres acudan regularmente al médico para una exploración clínica con palpación de las mamas. Con frecuencia, se propone una mamografía a los 40 años, aunque no haya ninguna anomalía.

Diagnóstico precoz de las formas familiares

En la inmensa mayoría de los casos (más del 95%), el cáncer de mama se detecta de manera esporádica, es decir, por casualidad. Sin embargo, en algunas familias, la incidencia de este cáncer es particularmente elevada y no se puede explicar simplemente por el azar. Por otro lado, diversas particularidades hacen pensar que, en una persona con cáncer de mama, la enfermedad está asociada a una predisposición
genética: la aparición a una edad precoz (antes de los 40 años), la afectación de las dos mamas, la presencia de otros cánceres asociados (por ej., mamas y ovarios).
Actualmente, se sabe que estas formas familiares están asociadas a genes de predisposición, que se transmiten de una generación a otra. Una mujer portadora de estos genes (BRCA1 y BRCA2) tiene un riesgo más elevado de presentar cáncer de mama a lo largo de su vida. Lo que es hereditario no es el cáncer, sino los genes que predisponen al cáncer. La búsqueda de estos genes de predisposición hereditaria al cáncer de mama se debe llevar a cabo en el marco de una consulta médica especializada (genética oncológica).
Su descubrimiento en una paciente justifica la puesta en marcha de una estrategia de diagnóstico o de prevención.

¿Qué es un cáncer?

El organismo humano está compuesto por miles de millones de células, que forman los tejidos de los diferentes órganos (hígado, cerebro, corazón, etc.). A lo largo de la vida, las células reciben y envían permanentemente señales que funcionan como órdenes: multiplicarse, diferenciarse, detener la división... Cuando una célula deja de responder a las señales, escapa a la regulación y se multiplica indefinidamente de manera anárquica en detrimento de las células vecinas. Se convierte en maligna y da lugar a un cáncer.

Recomendaciones para el diagnóstico precoz

La franja de edad más afectada es la de 50 a 65 años; las mujeres de menos de 30 años raramente lo presentan. Esto no excluye una vigilancia regular (autoexploración mamaria, visitas médicas regulares) en todas las mujeres jóvenes.
Antes de los 50 años: examen ginecológico anual, con palpación de las mamas; autoexploración mamaria; mamografía en caso de anomalía.
Después de los 50 años: examen ginecológico anual, con palpación de las mamas; autoexploración mamaria; mamografía cada dos años.
Las mujeres con antecedentes familiares de cáncer de mama (en una o más familiares próximas) deben someterse a una vigilancia más exhaustiva.
(Figura) Importancia del diagnóstico precoz. Se ha demostrado que la detección precoz del cáncer de mama reduce la mortalidad debida a esta enfermedad, lo que da muestras de la importancia que tiene una vigilancia regular.

Diagnóstico y tratamiento

Diversas exploraciones permiten diagnosticar un cáncer de mama. La información
recogida, permite establecer a continuación un tratamiento específico.
Gracias al examen preventivo sistemático, el cáncer de mama se diagnostica cada vez más de forma precoz. Esta detección en un estadio inicial de la enfermedad permite actualmente curar la gran mayoría de los cánceres de mama sin metástasis.

Diagnóstico

Examen clínico. Es la primera etapa del diagnóstico: comprende un interrogatorio, la palpación de las mamas y la exploración de los ganglios de las axilas (hueco axilar). El examen clínico permite descubrir una anomalía que lleva al médico a solicitar otras pruebas.
Pruebas complementarias. La mamografía (examen radiológico de la mama) permite detectar un bulto (tumoración). La ecografía aporta más información sobre la naturaleza del tumor. Se puede asociar con la obtención de algunas células de la lesión (citopunción), que confirmará o no la presencia de células cancerosas.
Si, en esta fase, persiste la duda acerca del carácter benigno o maligno del tumor, se practicará una biopsia (obtención y análisis de una muestra de tejido mamario).
Una vez establecido el diagnóstico de cáncer, se puede estudiar el grado de agresividad del tumor. Los factores de gravedad de un cáncer de mama se determinan mediante el estudio del tejido después de la biopsia, la invasión de los ganglios de la axila y la eventual presencia de metástasis.

Tratamiento

La elección del método de tratamiento (protocolo terapéutico) tiene en cuenta un gran número de factores, como la edad de la paciente y el estadio de evolución del tumor.
Se puede recurrir a cuatro tratamientos, asociados o por separado: la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia y la hormonoterapia.
Cirugía. Consiste, por lo general, en la escisión del tumor (tumorectomía) y de los ganglios de la axila (vaciado ganglionar axilar). La extirpación de la mama (mastectomía) se evita en la medida de lo posible, pero se sigue practicando si el tumor es voluminoso (más de 3 cm) o está mal localizado. Después de la ablación de la mama, se puede llevar a cabo una intervención de cirugía plástica para reconstruirla.
Radioterapia. Utiliza la capacidad de las radiaciones ionizantes para detener el crecimiento de las células tumorales. La mayoría de las veces, la radioterapia se inicia después de la intervención quirúrgica, tanto si es conservadora como si no, con el objetivo de limitar las recidivas locales, en particular en los ganglios axilares. En ocasiones, cuando el tumor no es operable, se asocia a la quimioterapia para conseguir una reducción del tumor.
La radioterapia ha experimentado grandes progresos: aparatos perfeccionados, técnicas de enfoque más precisas e instrumentos de simulación que permiten calcular la dosis de radiación más adecuada para cada situación.
Quimioterapia. Se utiliza después de una intervención quirúrgica o como único método terapéutico, cuando el tumor evoluciona rápidamente, en mujeres jóvenes, o
cuando se han detectado metástasis. Los medicamentos que se utilizan actúan inhibiendo la división celular. De este modo, reducen el tamaño del tumor y el riesgo de formación de metástasis. Los efectos secundarios de los medicamentos (vómitos, náuseas, caída del cabello, etc.) se dominan cada vez mejor.
Hormonoterapia. El tratamiento hormonal (a base de antiestrógenos, de inhibidores de la aromatasa o de antagonistas de la GnRH) se utiliza cuando el tumor es sensible a las hormonas sexuales (70% aproximadamente de los casos). Se adapta a la edad de la paciente, según sea o no menopáusica.

Pronóstico y vigilancia

Cuando el cáncer de mama se trata precozmente, su pronóstico es bueno. No obstante, alrededor del 50% de las pacientes presenta una recaída en los 10 años posteriores al tratamiento. Para detectar una recidiva, es obligado seguir un control, con: - visitas frecuentes al oncólogo (cada 3 meses durante el primer año, luego cada 6 meses durante cuatro años y, posteriormente cada año); - mamografías y pruebas hepáticas regulares; - algunas pruebas que se solicitan sistemáticamente o sólo si la paciente presenta determinados síntomas, para buscar la presencia de metástasis o de signos compatibles con una recidiva del cáncer en otro órgano (ecografía cardíaca, gammagrafía ósea, radiografía de tórax, ecografía hepática, tomografía (TAC) cerebral, determinación de marcadores tumorales).

Síntomas

En la mayoría de los casos, la primera manifestación del cáncer de mama es un bulto descubierto por la propia paciente o por el médico. Esta tumoración se localiza habitualmente en la zona superior de la mama, cerca de la axila. Los otros síntomas son secreción por el pezón y deformidad de la mama o del pezón (retracción). En ocasiones, el cáncer de mama no presenta ningún signo.
Un bulto en la mama no es forzosamente canceroso. Con frecuencia se trata de un quiste, de una congestión dolorosa asociada con el período menstrual o de un adenofibroma, un tumor benigno frecuente.

Cáncer de mama y embarazo

El embarazo no empeora el cáncer de mama. No obstante, si la enfermedad se descubre durante el primer trimestre del embarazo, se puede recomendar su interrupción para iniciar el tratamiento. Si se diagnostica más tarde, se efectúa el tratamiento quirúrgico pero se suspenden la radioterapia y la quimioterapia hasta el parto, que se provocará a partir del momento en que el feto sea viable. Una mujer que
haya estado sometida a tratamiento por cáncer de mama se puede plantear tener hijos: se recomienda dejar pasar un plazo de dos años desde la terminación del tratamiento, para vigilar la evolución de la enfermedad. La lactancia materna no se aconseja.
(Figura) Tratamiento quirúrgico. Suele ser el primer tratamiento planteado para un cáncer de mama. Por lo general consiste en la escisión del tumor y de los ganglios de la axila.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades genito-urinarias

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