Cáncer de ovario

Situados a cada lado del útero, los ovarios son glándulas sexuales de 3 a 5 cm de longitud y forma de almendra. Su función es doble: - secretan hormonas que marcan el ritmo de los ciclos menstruales: los estrógenos y la progesterona; - liberan cada mes un óvulo, que es captado por la trompa de Falopio, en cuyo interior se establecerá eventualmente el encuentro con un espermatozoide (fecundación).
En la gran mayoría de los casos de cáncer de ovario, el tumor maligno se desarrolla en los tejidos mucosos o glandulares del ovario (adenocarcinoma).

Frecuencia y gravedad

El cáncer de ovario afecta a 8 de cada 100.000 mujeres. Ocupa la cuarta posición entre los cánceres ginecológicos, por detrás del cáncer de mama, el cáncer de cuello uterino y el cáncer de endometrio (la mucosa que tapiza la superficie interna de la matriz), pero es la primera causa de muerte por cáncer ginecológico. Afecta a mujeres de cualquier edad, pero especialmente después de la menopausia. La gravedad de esta enfermedad se debe a un diagnóstico tardío, que dificulta el tratamiento. El 75% de los cánceres de ovario se descubren en un estadio avanzado (estadio III: cáncer extendido más allá de la pelvis, o estadio IV: cáncer con metástasis a distancia).

Factores de riesgo

Diversos factores de riesgo se asocian con una mayor frecuencia de este cáncer: - la edad: el riesgo aumenta sensiblemente después de los 40 y hasta los 70 años, y luego disminuye; - un número bajo de hijos y menopausia precoz; - una predisposición genética, que se encuentra en menos del 5% de los casos: se ha demostrado que una mutación de los genes que también están implicados en la predisposición al cáncer de mama (genes BRCA 1 y 2) confiere un riesgo de presentar un cáncer de ovario mucho mayor que en la población general. Este hecho puede explicar la asociación bastante frecuente en una misma familia de casos de cáncer de mama y de casos de cáncer de ovario.

Diagnóstico

El diagnóstico de este cáncer es, con frecuencia, tardío porque cursa con signos poco específicos: dolor abdominal, trastornos de las reglas (hemorragia fuera de las reglas, o metrorragia), trastornos urinarios o intestinales, fatiga, pérdida de peso. En ocasiones, el diagnóstico se sospecha por la persistencia de un quiste de ovario tratado. En el examen clínico se aprecia aumento del volumen del abdomen y la presencia de una masa tumoral fácilmente palpable. Posteriormente, dos pruebas permiten precisar el diagnóstico: la ecografía de pelvis, que revela o no el aspecto sospechoso del ovario (uno o los dos ovarios) y la tomografía (TAC).
Otras exploraciones permiten hacer un balance de la extensión local y general del tumor y valorar en la sangre unas proteínas particulares, llamadas “marcadores tumorales”, que pueden indicar la existencia de metástasis.

Tratamiento

El tratamiento actual del cáncer de ovario se basa en la asociación de la cirugía y la quimioterapia, a las que, en ocasiones, se añade la radioterapia.
Cirugía. Es el tratamiento principal del cáncer de ovario. Una vez abierta la pared abdominal, la intervención permite inspeccionar toda la cavidad abdominal para hacer un balance preciso de las lesiones cancerosas y proceder a la ablación del tumor y de la totalidad de los órganos genitales: los dos ovarios, las dos trompas y el útero (histerectomía total). En las formas muy iniciales, en pacientes jóvenes que desean tener un hijo, y si sólo está afectado un ovario, es posible, en un primer tiempo, extirpar únicamente una trompa y un ovario; generalmente, se programará una ablación completa después del parto.
Quimioterapia. Se inicia sistemáticamente después del tratamiento quirúrgico, con el objetivo de eliminar las células cancerosas que circulan por el organismo. Gracias a las
técnicas de administración y a sustancias eficaces contra las náuseas, los medicamentos se toleran mejor y ejercen una cierta eficacia. Moléculas anticancerosas extraídas del tejo, o sustancias obtenidas por síntesis según el modelo vegetal, se muestran activas particularmente en caso de recidiva de un cáncer de ovario o de un cáncer de ovario que presenta desde el principio otros focos cancerosos (metástasis).
Radioterapia. Es menos importante que la cirugía o que la quimioterapia para el tratamiento del cáncer de ovario, pero se usa en algunos casos definidos por el oncólogo, como complemento de otras técnicas.
Control. Su objetivo es descubrir las recidivas y las metástasis. El elemento principal es la valoración de los marcadores tumorales en la sangre.

El tejo y el cáncer

Desde la más remota antigüedad, el tejo es conocido por sus propiedades tóxicas.
Todo, o casi todo, es tóxico en este árbol (por ej., una decocción de 50 g de hojas de tejo es mortal).
Los oncólogos disponen a partir de ahora de nuevos medicamentos cuya composición se inspira en la de la corteza o las agujas del tejo. Estas sustancias pertenecen a una generación de medicamentos anticancerosos denominados taxanos (o medicamentos taxoides), que son muy interesantes para el tratamiento del cáncer de ovario con metástasis desde el principio, pero también para el tratamiento del cáncer de mama.
(Figures) Tratamiento del cáncer de ovario. Se practica una intervención quirúrgica para extirpar el tumor y la totalidad de los órganos sexuales. A continuación se hace quimioterapia.
Tejo. La composición de la corteza y de las agujas de esta planta ha servido de base para fabricar medicamentos anticancerosos, que se utilizan por ejemplo para ciertos cánceres de ovario.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades genito-urinarias

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