Hepatitis Vírica

La hepatitis vírica es una enfermedad de larga evolución (dura 1 o 2 meses). Existen, básicamente, cinco tipos (A, B, C, D y E), debidos a virus diferentes.

Causas

Virus A. Es responsable de la hepatitis A, la más leve y la más frecuente. El contagio se produce por el consumo de alimentos, especialmente marisco, y de agua contaminada por las heces y la orina de personas infectadas. El período de incubación es de 2 a 6 semanas. La hepatitis A se encuentra en varias zonas del mundo.
Los viajeros que se desplazan al extranjero pueden contraerla.
Cuanto mayor es la higiene de un país, menor es el riesgo de infección por el virus de la hepatitis A.
Pero siempre pueden aparecer epidemias: por ejemplo, durante conflictos bélicos o después de catástrofes naturales.
Virus B. Es responsable de la hepatitis B, más grave que la hepatitis A, ya que puede persistir más de 6 meses y convertirse en crónica (entre el 3 y el 5 % de los casos). Se transmite por vía sexual y sanguínea. La mujer embarazada también puede transmitir el virus al feto durante la gestación, por medio de la placenta. El período de incubación es de 45 a 90 días.
Virus C. Es responsable de la hepatitis C. Se parece al virus de la hepatitis B, tanto en su forma de transmisión (vía sexual y sanguínea, y por medio de la placenta) como en el riesgo de convertirse en una enfermedad crónica. Descubierto hacia 1990, el virus de la hepatitis C se aisló por primera vez en 1995.
Virus D y E. Son responsables de las hepatitis D y E. El virus D se parece al virus C y el virus E se parece al virus A. El virus D sólo puede desarrollarse en una persona que padece o ha padecido ya una hepatitis B. El virus E fue identificado en 1988. Es el origen de epidemias en varias zonas del mundo.
Existen otros virus que pueden afectar al hígado: virus de la mononucleosis infecciosa, citomegalovirus, virus de la rubéola y virus de la fiebre amarilla.

Síntomas

Cualquiera que sea el virus causal, la hepatitis puede pasar totalmente inadvertida. El peligro estriba, por lo tanto, en que los infectados contaminen a las personas que los rodean sin saberlo.
En general, la hepatitis empieza con signos que hacen pensar en una gripe: fiebre, fatiga intensa,
migrañas y dolores musculares.
Una semana después aparece una coloración amarilla en la piel y el blanco de los ojos (ictericia). La orina se vuelve oscura y las heces son claras. El cansancio, la falta de apetito y las náuseas son signos evidentes.
Normalmente, la hepatitis vírica aguda se cura espontáneamente, sin que se mantenga ninguna secuela a largo plazo, excepto la fatiga, que puede persistir varios meses. Después de la curación, el hígado recupera completamente su función y las células destruidas se regeneran. No es necesario seguir ninguna dieta particular.

Complicaciones

Las complicaciones son excepcionales en la hepatitis A. Sin embargo, en las hepatitis B, C, D y E, el riesgo más frecuente es el paso a un estadio crónico, con persistencia de los síntomas y de alteraciones en los análisis de sangre durante más de 6 meses.
El peligro que entrañan estas hepatitis crónicas es que pueden provocar, a corto o largo plazo, la degeneración del hígado (cirrosis) y cáncer hepático. No obstante, una hepatitis crónica también llega a curarse de forma espontánea.
En casos muy infrecuentes, la hepatitis se inicia de forma extremadamente grave: es una hepatitis fulminante. En pocos días produce la destrucción masiva del hígado y puede provocar la muerte del paciente.

Tratamiento

En las formas leves, sólo se recomienda reposo y una alimentación equilibrada. Debe evitarse el alcohol y los medicamentos tóxicos para el hígado. Los síntomas desaparecen espontáneamente sin dejar secuelas, aunque la fatiga a veces dura algunos meses. En las formas crónicas, pueden prescribirse algunos medicamentos antivíricos. En caso de insuficiencia hepática, puede ser necesario un trasplante de hígado.

Prevención

Para evitar contraer las hepatitis A y E, es preciso lavarse cuidadosamente las manos, verificar la calidad del marisco que se consume y beber sólo agua potable.
Para evitar contraer las hepatitis B, C y D, es preciso observar las mismas reglas que se indican para el sida y las enfermedades de transmisión sexual (uso del preservativo masculino y empleo sistemático de jeringas de un solo uso para administrar medicamentos).

Vacunas

Existen dos vacunas que aseguran una protección total contra las hepatitis A y B.
Vacuna de la hepatitis A: 2 inyecciones con 1 mes de intervalo y una dosis 6 meses después, 1 año después y cada 10 años.
Vacuna de la hepatitis B: 3 inyecciones con 1 mes de intervalo y una dosis 1 año después y cada 5 años.
Estas dos vacunas están particularmente recomendadas para las personas expuestas a la infección (personal sanitario, personas con múltiples parejas sexuales y para recién nacidos hijos de madres infectadas), así como para los viajeros que se desplazan a zonas de riesgo. No obstante, todas las personas pueden vacunarse.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades infecciosas

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