Escoliosis

Las escoliosis provienen de una malformación congénita o de una deformación de las vértebras.
Algunas de estas deformaciones son benignas, es decir, poco evolutivas, y el niño se acomoda fácilmente a ellas. Otras son graves e incluso invalidantes. En este caso, poco frecuente, el niño mejora con una intervención quirúrgica, que permite enderezar la columna vertebral.

Causas

Puede aparecer una deformación de la columna vertebral en el lactante (escoliosis congénita), en el niño (hacia la edad de 2 o 3 años) o en el adolescente.
Escoliosis congénita. Este tipo de escoliosis afecta más a menudo a los niños que a las niñas y tiene diferentes orígenes: puede tratarse de una anomalía de una o varias vértebras deformadas o de un desequilibrio de la pelvis, debido a que las extremidades inferiores no tienen la misma longitud.
Escoliosis en el niño y el adolescente. Afecta más a menudo a las niñas que a los niños (8 veces de cada 10). En la mayoría de los casos, se detecta en el momento de la pubertad. Se trata de una desviación de la columna vertebral, que se agrava hasta el final del crecimiento.
Es necesario que el ortopeda confirme el diagnóstico con una radiografía.
Alrededor del 25 % de los casos de escoliosis tienen un origen familiar. Por lo tanto, es necesario vigilar especialmente a los niños que tienen un familiar cercano que padece esta desviación de la columna vertebral.

Forma

La escoliosis, que aparece durante la infancia o la pubertad, se caracteriza por un aspecto sinuoso: la columna vertebral está desviada lateralmente y toma la forma de una S, que el niño no puede corregir por sí mismo. Cuando se le pide al niño que se incline hacia delante, aparece una elevación en la espalda: es la gibosidad.

Diagnóstico

Aunque a menudo es evidente, la escoliosis debe confirmarse mediante radiografías de la columna vertebral. Esta exploración permite al médico localizar las desviaciones, medirlas, valorar la evolución de la deformación y orientar el diagnóstico.

Tratamiento

Consiste en reducir la deformación, que puede resultar dolorosa e antiestética. Cuando es mínima, no existe ningún tratamiento particular: el niño se somete a un control médico para verificar que la escoliosis no evoluciona. Cuando la deformación está causada por una longitud diferente de las extremidades inferiores, el niño debe llevar un alza en el zapato del pie que tenga la pierna más corta.
Cuando la deformación es aún más evidente, hay que actuar para evitar posibles complicaciones respiratorias o nerviosas, asociadas a la compresión de los nervios o de la médula espinal. La actuación, siempre a largo plazo, consiste en el uso de corsés de diferentes tipos, para restaurar las desviaciones y mantener la columna recta. Los corsés, aunque resulten incómodos, permiten que los niños lleven una vida prácticamente normal. La reeducación suele estar indicada para fortalecer la musculatura y flexibilizar la espalda del niño.
La corrección quirúrgica sólo se emplea en escoliosis que evolucionan en el tiempo o que son muy importantes. La intervención consiste en soldar las vértebras entre ellas mediante un injerto óseo y en fijarlas con una placa metálica. Esta operación, que se practica sólo excepcionalmente y siempre después del crecimiento de la columna vertebral, permite corregir las curvaturas anómalas, pero suele conferir una cierta rigidez al andar. El período postoperatorio de recuperación suele ser largo y requiere llevar durante bastante tiempo un corsé.

Musculación de la espalda para el futuro

El crecimiento de la columna vertebral durante la pubertad se acompaña del final de la osificación de las vértebras. Frágiles y sometidas a tensiones, pueden deformarse y provocar una curvatura de la espalda.
Para evitar posibles dolores dorsales, existen algunas actividades (p. ej., natación y, sobre todo, danza) que permiten reforzar los músculos de la espalda, lo que sirve para estabilizar la columna.

Una actitud escoliótica no es una escoliosis

A menudo se oye decir que un niño «se sienta mal» cuando se encuentra sentado en su mesa de trabajo o cuando lleva sentado largo tiempo. Su postura no es patológica ni inquietante, en la medida en que tiene la posibilidad de ponerse bien derecho: se dice que es un trastorno reductible y posicional, una «mala postura».
A pesar de todo, se recomienda someter al niño a un examen médico para asegurarse de que está bien y que no es preciso poner en marcha ningún tipo de intervención.

Vigilancia en la adolescencia

Durante la pubertad, el crecimiento es importante y de be ser controlado por el médico. Durante este período, el desarrollo de la columna vertebral es fundamental y puede poner de manifiesto una escoliosis desconocida o agravar una que ya existía. La evaluación del desarrollo del cuerpo durante la pubertad, muy variable de una persona a otra, es un dato útil para apreciar la evolución y la estabilización de una escoliosis.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades musculares y esqueléticas

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