Estrés

El estrés es un estado de alerta, de movilización de las fuerzas del cuerpo y del espíritu, en presencia de un acontecimiento que, para ser controlado, necesita gran cantidad de energía. Existen innumerables situaciones que pueden desencadenar este estado de alarma: desde las contrariedades de la vida cotidiana (conflictos profesionales, sociales, familiares, enfermedades, dificultades financieras, pruebas escolares, duelo, nacimiento de un hijo o divorcio) hasta el peligro vital, que suele ser muy in frecuente (accidente, catástrofe, atentado o guerra).

Manifestaciones

Este estado de alerta, de preparación para la acción, se caracteriza por manifestaciones físicas y psicológicas. La persona en estado de estrés se pone pálida, empieza a temblar, su corazón se acelera, sus músculos se tensan y su respiración es más rápida. Tiene un nudo en la garganta y todos sus sentidos se muestran hipersensibles a las menores variaciones del ambiente. Los reflejos están más vivos, el pensamiento no es preciso y la tensión emocional se refuerza. Habitualmente, esta movilización general del organismo permite afrontar la situación de crisis.
Una vez superado el acontecimiento, la amenaza o el conflicto, aparece una fase de tranquilidad, sobre todo cuando el resultado es favorable, seguida de otra fase de relajación y de recuperación.

Del estrés a la ansiedad

En algunos casos, el estado de estrés puede prolongarse. Cuan do no se prevé ninguna solución inmediata para eliminar el factor desencadenante, éste necesita un esfuerzo mantenido o repetido, o sus consecuencias pueden ser graves. Entonces, el organismo no consigue encontrar los re cursos necesarios para sobreponerse al factor perturbador. Por consiguiente, no puede relajar la tensión ni aliviar el esfuerzo. El estrés se complica con un estado de agitación excesiva, que corresponde a la ansiedad.

De la ansiedad al agotamiento psíquico

La ansiedad constituye una verdadera señal psicológica. Se de sen cadena cuando una situación parece difícil de controlar o cuando la solución parece incierta. Esta situación afecta al equilibrio de la persona y exige de su organismo un esfuerzo de movilización suplementario.
La persona lucha contra el acontecimiento estresante, se de bate interiormente y redobla sus esfuerzos, que en ocasiones consigue mantener durante largo tiempo. Pero ocurre que no puede encontrar ninguna salida favorable. Ello depende de su propia resistencia y de la naturaleza del obstáculo que debe superar.
En este caso aparece, más pronto o más tarde, un cierto grado de agotamiento, una de cuyas
consecuencias es un incremento de la ansiedad. Así se inicia un círculo vicioso.
Si la movilización intensa de fuerzas físicas y morales no permite superar este momento difícil, el organismo se hunde, con más o menos rapidez, en un estado de agotamiento tanto en el plano físico como psíquico.

Desadaptación

La desadaptación es la desaparición de la facultad de responder eficazmente a una situación nueva o a un conflicto. El individuo desadaptado es incapaz de enfrentarse a las tensiones de la vida en sociedad y a sus propias exigencias psíquicas y físicas. Si la adaptación es un criterio de normalidad, la desadaptación es un signo de trastorno psíquico.
En la vida colectiva y social, la desadaptación se ve favorecida por el estrés y por la exclusión (hábitat desfavorecido, desempleo, inmigración, etc.), y corre el riesgo de conducir a la marginalidad (delincuencia, toxicomanía, regresión psíquica).

Efectos físicos del estrés

Cuando se enfrenta a una situación estresante, el organismo responde aumentando la producción de ciertas hormonas, como el cortisol y la adrenalina, secretadas por la glándula suprarrenal.
Estas hormonas dan lugar a modificaciones en el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, el metabolismo y la actividad física, ya que su objetivo es mejorar las condiciones físicas generales.
La capacidad de adaptación a la agresión desempeña un papel positivo cuando el estrés no es muy importante, pero la situación cambia cuando el estrés es muy intenso o se prolonga. Cuando las reacciones físicas del organismo alcanzan un determinado estado frente al estrés, anulan la capacidad de reaccionar positivamente. Ello provoca, por ejemplo, que menos del 20 % de las personas actúen de forma eficaz en caso de incendio.

¿quién es vulnerable al estrés?

La tolerancia al estrés disminuye en cualquier situación que debilita el organismo: enfermedades físicas y psíquicas, fatiga, adelgazamiento, insomnio, alcoholismo, etc. También se puede ser más sensible al estrés «de nacimiento». La situación personal de cada in dividuo es otro factor que influye considerablemente en la aparición del estrés: pobreza, aislamiento social, desempleo, soledad, etc.

Otros contenidos del dosier: Enfermedades psicológicas y psicosomáticas

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