La artrosis de cadera no condena a la inmovilidad

La artrosis de cadera, coxartrosis, afecta a la articulación que une el fémur con la pelvis. El dolor debe aliviarse obligatoriamente si uno no quiere verse limitado en las actividades.
El Pr. Francis Berenbaum1, reumatólogo, Jefe del Servicio del Hospital Saint-Antoine, nos explica sus especificidades, diagnóstico y tratamiento. Anima a sus pacientes a moverse y a que sigan haciendo sus actividades.

La artrosis de cadera no es una enfermedad asociada a la edad

Al contrario de lo que se piensa normalmente, la artrosis es una enfermedad real y no un simple desgaste asociado a la edad. Por tanto, incluso aunque el envejecimiento comporte la debilitación del cartílago, algunas personas jamás padecerán artrosis. Puede resultar más o menos invalidante en función de su localización (dedos, rodillas, cadera, columna vertebral, etc.). “La artrosis de cadera, o coxartrosis, representa el 20-30% de casos de artrosis, justo por detrás de la rodilla”, precisa el Pr. Francis Berenbaum. “Como en cualquier otra localización, afecta más bien a los hombres de menos de 50 años y a las mujeres. En total, éstos representan a dos tercios de los afectados por la enfermedad”.
La artrosis de cadera es más frecuente cuando la articulación ya ha padecido algún traumatismo, como una fractura articular o una luxación debido a un accidente, en el caso de deportistas profesionales que utilizan mucho sus pies (futbolistas…) y en determinadas profesiones (transporte habitual de cargas pesadas). Determinadas anomalías de la articulación, como la disfasia congénita de cadera, también favorecen su aparición, quizás a partir de los 30-40 años. Por último, algunas familias parecen más afectadas que otras, lo que hace pensar que la herencia también desempeña su papel.
El impacto del sobrepeso queda por discutir: “Aunque es evidente para la artrosis de rodilla, multiplicada por dos o tres en caso de obesidad, existen pocos estudios que demuestren una relación con la artrosis de cadera”, remarca el Pr. Berenbaum. “También podría verse ligeramente aumentada en casos de obesidad".

Los síntomas de la artrosis de cadera

La artrosis de cadera se manifiesta por un cojeo y un dolor que evoluciona por impulsos en algunos días o algunas semanas sobre un fondo crónico. “En los casos más característicos, los pacientes sienten un dolor en el pliegue de la ingle, que se irradia al muslo”, concreta el Pr. Berenbaum “Sin embargo, el dolor también puede afectar al glúteo, la cadera o incluso sólo a la rodilla. A veces, sólo resulta molesto para dormir”.
Los dolores y la falta de movilidad provocan una molestia cotidiana: cojera, dificultades para ponerse los calcetines, recoger un objeto, entrar y salir del coche… Por la mañana, a menudo se requieren más minutos para que la articulación se “despierte”.
“A diferencia de la rodilla, la cadera es una articulación profunda en la que la hinchazón no es visible desde el exterior”, remarca el Pr. Berenbaum. “El diagnóstico se basa en preguntas y una exploración clínica." El paciente se tumba de espaldas, el médico le dobla la rodilla y la cadera correspondiente haciéndola pivotar a derecha e izquierda. En caso de artrosis, se considera que estos movimientos estimulan el dolor.

La radiografía confirma el diagnóstico de artrosis

Para asegurarse del diagnóstico, el médico solicita radiografías: de la pelvis, de frente, enseñando las dos caderas, y de cada una de ellas, en “falso perfil”. El reumatólogo explica: Las radiografías muestran el pinzamiento de la articulación y el osteofito, del nuevo hueso que se forma alrededor de la articulación. Generalmente no se requiere una resonancia magnética”. También se solicita un análisis de sangre, con el que se confirma la ausencia de síndrome inflamatorio (velocidad de sedimentación normal).
En general, la artrosis de cadera evoluciona con lentitud. Sin embargo, en algunos casos raros, puede transcurrir menos de un año entre los primeros dolores y algunas manifestaciones graves invalidantes. Los médicos entonces hablan de “coxartrosis destructiva rápida”. “Aunque el primera radiografía no muestre nada a pesar de los síntomas referidos, resulta útil programar una segunda radiografía seis meses después porque estas formas son invisibles cuando aparecen", aconseja el Pr. Berenbaum.
Otra de sus repercusiones en la calidad de vida es que el dolor limita la marcha y la movilidad, lo cual obliga a un sedentarismo que, indirectamente, favorece las enfermedades cardiovasculares2. "No resulta raro ver consultar a personas que todavía están profesionalmente activas o que recientemente se han jubilado, por lo que es necesario encontrar una solución”, indica el especialista.

Movilizar la cadera gracias a una actividad física regular

Si se confirma la artrosis de cadera, el médico prescribe un tratamiento no farmacológico así como medicamentos. El Pr. Berenbaum insiste: “El tratamiento no farmacológico es indispensable para conservar una buena movilidad”.
Se recomienda la actividad física sin excesos, dos o tres veces a la semana, priorizando deportes sin golpes o peso, como caminar, ir en bici, natación, etc. La quinesiterapia y las curas termales también resultan beneficiosas, pues el objetivo es reforzar los músculos que envuelven la cadera para estabilizarla y disminuir el dolor.
El Pr. Berenbaum aconseja cuidar la articulación utilizando un bastón para apoyarse en el costado opuesto de la cadera dolorosa. Limita los dolores y también podría ralentizar la degradación del cartílago. Las personas que temen parecer mayores de lo que son también pueden sustituirlo por un paraguas. Cuando se tiene sobrepeso, los médicos animan a perder algunos kilos, “tanto para aliviar la cadera como para prepararla en caso de operación".

Medicamentos para aliviar los dolores

Por ahora no existe ningún tratamiento capaz de retardar o curar la artrosis. Para aliviar los dolores y la inflamación, el médico prescribe en primer lugar un analgésico periférico que se tolere bien, como el paracetamol. Si no resulta suficientemente eficaz y no existe ninguna contraindicación, se pasa a los antiinflamatorios no esteroideos (AINS) en “la menor dosis eficaz durante el menor tiempo posible”, precisa el Pr. Berenbaum, añadiendo que sus pacientes generalmente no tienen dificultades para adaptarse solos a su tratamiento.
Como complemento, a veces se pueden proponer antiartrósicos sintomáticos de acción lenta (AASAL): glucosamina o sulfato de condroitina, insaponificables de aguacate o soja, diacereína, etc. Su eficacia es polémica pero su ventaja es que los efectos secundarios son mínimos o inexistentes.
Las infiltraciones de corticoides (inyecciones) también permiten aliviar los dolores. En la artrosis de cadera, se realizan bajo control radiográfico y anestésico local, lo que limita su uso a una o dos veces al año. El ácido hialurónico, cuya viscosidad es próxima a la del líquido sinovial, a veces se utiliza en las infiltraciones intrarticulares con este objetivo. Sin embargo, los beneficios reales de estas infiltraciones todavía no se han demostrado.

Cuando es necesaria una prótesis total de cadera

Cuando los dolores o molestias se hacen demasiado importantes a pesar de la aplicación de estas medidas, es necesario sustituir la articulación por una prótesis total de cadera. Sabiendo que ésta última tiene una duración limitada, de unos quince años de media, y que una segunda operación siempre resulta más complicada que una primera, los médicos intentan retrasar al máximo esta cirugía, en general después de los 60 años.
No obstante, los pacientes que se benefician de una prótesis total cada vez son más jóvenes. “No operamos radiografías, sino que se trata de un paciente con dolores y una discapacidad", observa el Pr. Berenbaum, “Algunas personas nunca necesitarán una prótesis a pesar de que en las radiografías parezca que tienen la articulación muy degradada, mientras que otros deben recurrir a la prótesis desde la cincuentena”.
La colocación de una prótesis total de cadera requiere una semana de hospitalización y una reeducación de algunas semanas. En general, constituye una clara mejora, tanto en lo que se refiere a dolores como a la movilidad, con desaparición del cojeo.

Investigación: ¿algunas pistas para evitar que la artrosis evolucione?

La artrosis se manifiesta al principio con una degeneración del cartílago articular, que se va haciendo menos resistente y se fragmenta en trocitos. Después, ya es toda la articulación la que sufre.
Una primera opción terapéutica consiste en intentar limitar la desaparición del cartílago. El Pr. Berenbaum explica: “Sabemos que el cartílago produce enzimas que favorecen su propia degradación. Recientemente, hemos descubierto que hay otros tejidos articulares que participan en el proceso (hueso, membrana sinovial, etc.). Conocer las moléculas implicadas facilita la aplicación de tratamientos específicos." La estrategia ya se ha utilizado con éxito en la poliartritis reumatoide, donde los anti-TNF-alfa determinan el TNF, una proteína que desempeña una función clave en la inflamación. Estos anti-TNF se han estudiado en la artrosis, pero no parece que aporten beneficios reales. Otras moléculas, como el ranelato de estroncio, que limita la degradación ósea en la osteoporosis, presentarían resultados más esperanzadores. Desafortunadamente, un posible aumento de los accidentes cardiovasculares con este medicamento no permitirá sin duda esta ampliación de la indicación terapéutica.
Otro enfoque terapéutico sería aportar directamente células capaces de proteger y/o regenerar el cartílago (tratamientos celulares). En el marco del proyecto europeo ADIPOA, se llevan a cabo ensayos clínicos, como en Montpellier, donde las células con cepas adipocitarias, o también llamadas grasas, se inyectan en el interior de la rodilla. Por el momento se ha tenido que seleccionar una veintena de pacientes para asegurar la inocuidad de este método. Otros equipos utilizan directamente células cartilaginosas, pero que resisten mal las inflamaciones.
A. Plessis
Fuentes:
1. Entrevista con el Pr. Francis Berenbaum, Jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Saint-Antoine (París, AP-HP) y consulta en su página de Internet larhumato.fr.
2. Nüesch E. et al. All cause and disease specific mortality in patients with knee or hip osteoarthritis: population based cohort study. BMJ 2011, Mar 8;342:d1165. d1165.

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