Diagnóstico y tratamiento de la artrosis

En la práctica diaria, el diagnóstico de una artrosis se basa en los puntos que se detallan a continuación.

Síntomas y signos

Las molestias que relata la persona afectada de artrosis, así como la exploración física que se realiza, son los primeros datos que orientan hacia el diagnóstico de esta enfermedad.

Datos de laboratorio

No existe ningún dato analítico que sea específico de la artrosis primaria; las alteraciones analíticas en los pacientes con artrosis son mínimas, salvo en el caso que exista una enfermedad asociada. La velocidad de sedimentación globular (VSG) es normal, excepto en los casos de artrosis primaria, en que está moderadamente elevada. Las analíticas generales son normales.
El líquido sinovial es de aspecto claro y viscosidad elevada con pocas células.
Su estudio sirve para descartar la presencia de otros procesos inflamatorios o microcristalinos (como los de ácido úrico en la gota).

Radiología

Es importante señalar que muchas veces hay una disociación entre la severidad de las alteraciones radiológicas y la clínica de los pacientes. Entre el 60 y el 70 % de las personas mayores de 60 años presentan hallazgos radiológicos de artrosis, mientras que tan sólo el 20 % padecen los síntomas de esta enfermedad.
En los primeros estadios, las alteraciones son mínimas o ausentes, pero al progresar la enfermedad, aparecen los síntomas más característicos:
Pinzamiento del espacio articular. Aparece como consecuencia de la disminución del grosor del cartílago.
Esclerosis del hueso subcondral. Se manifiesta como un aumento de la densidad ósea del hueso que está por debajo del cartílago articular. Este síntoma es el resultado
de una respuesta reactiva del hueso.
Osteofitos. Son el hallazgo más específico de la artrosis, y consisten en proliferaciones óseas que nacen de los márgenes osteoarticulares secundariamente
al estrés repetitivo sobre el hueso articular.
Quistes subcondrales o geodas. Aparecen en las artrosis evolucionadas por hiperpresión.
Luxaciones. Son alteraciones de la alineación articular y se ven en la enfermedad avanzada.

Tratamiento farmacológico

El uso de fármacos es una ayuda más en el tratamiento de la artrosis, y su eficacia es mayor cuando se asocia al tratamiento no farmacológico. Suelen usarse analgésicos y antiinflamatorios. Las infiltraciones se usan en el dolor moderado o severo asociado a derrame. Los relajantes musculares están indicados cuando hay contractura muscular, sobre todo en la afectación de la columna vertebral.

Tratamiento quirúrgico

La cirugía es otro recurso, pero reservado para las formas severas o en situaciones en que su práctica puede retardar la progresión de la enfermedad.

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