¿Cómo tratar la artrosis?

La artrosis y la edad

Una pequeña anécdota: una señora de 85 años va al médico porque le duele la rodilla izquierda. Su médico le da la respuesta previsible: "Artrosis. Propio de la vejez. No hay nada que hacer". A continuación, la anciana preguntó: "Si las dos rodillas tienen la misma edad, ¿por qué solo me duele una? Su explicación no me convence".

La anciana tiene razón: las articulaciones envejecen con la persona, pero cumplir años no necesariamente significa padecer de osteoartritis. Hoy sabemos que la artrosis es una enfermedad del cartílago causada por el envejecimiento de las articulaciones. Esta enfermedad no se produce en los jóvenes, sino que suele aparecer después de los 45 años y es más común después de los 65 años. Es posible prevenirla y también tratarla cuando ya ha aparecido.

La osteoartritis puede afectar muchas articulaciones: las rodillas (gonartrosis), la cadera (coxartrosis), la columna vertebral, los dedos (artrosis digital y cuando se trata de la base del dedo pulgar, rizartrosis).

Tratamientos para la artrosis

La artrosis se puede tratar de muchas maneras. Todo depende del lugar dónde se localice. Los medicamentos por sí solos no son siempre suficientes para tratarla. La osteoartritis es una enfermedad dolorosa que puede limitar las actividades habituales: por ejemplo, cuando afecta la rodilla puede dificultar el caminar o subir escaleras.

Como indica el profesor Bernard Mazières, jefe del departamento de reumatología del hospital Rangueuil de Toulouse, Francia, "el protocolo de tratamiento internacional y europeo se basa en una combinación de medios farmacológicos (medicación) y medios no farmacológicos. Una segunda regla es adaptar ambas terapias para cada paciente teniendo en cuenta la intensidad del dolor, las comorbilidades (presencia de otros trastornos o enfermedades) y los deseos del paciente, los que pueden variar si tiene 50 años o 90 años.

Los medicamentos para la artrosis

A grandes rasgos, los medicamentos que se emplean para la osteoartritis de dividen entre analgésicos, fármacos antiinflamatorios locales, antiinflamatorios no esteroides (AINE), incluidos opiáceos si los AINE están contraindicados, son ineficaces o mal tolerados y los antiartrósicos sintomáticos de acción lenta (AASAL) como sulfato de glucosamina, sulfato de condroitina, extractos de aguacate y de soja, diacereína o ácido hialurónico. Estos suelen ser bien tolerados, tienen un efecto en los síntomas y podrían ser condroprotectores, además de reducir el uso de los AINE. La inyección intraarticular de un corticosteroide de larga acción está indicada para brotes, sobre todo si se acompaña de derrame. El tratamiento de inyecciones de ácido hialurónico en la rodilla (viscosuplementación) tiene buenos resultados en la movilidad y el dolor.

La terapia no farmacológica

El tratamiento no medicinal de la osteoartritis está basado en ejercicios físicos (en especial de fisioterapia), tratamiento delsobrepeso, ayudas técnicas (bastones, plantillas ortopédicas, órtesis (aparatos externos que sirven como ayuda o soporte), educación terapéutica del paciente y curas termales.

Ortigas: un tratamiento urticante

Los soldados romanos de la antigüedad o los campesinos ecuatorianos han utilizado la ortiga para tratar la artritis. Conocido como un remedio de la abuela, su empleo ha sido avalado por la ciencia en un estudio realizado por la Universidad estadounidense de Plymouth.

Las hojas se aplicaron en las manos de 27 pacientes durante una semana. En comparación con un placebo (una hoja de arbusto que no  pica), los pacientes tratados con ortigas notaron una reducción significativa del dolor en las articulaciones en el momento de la aplicación y a lo largo de la duración del tratamiento. Un 85 % de los pacientes consideró el dolor del escozor producido por las ortigas como un efecto secundario aceptable y preferible al dolor de la artritis.

El mecanismo de acción sigue siendo desconocido. Una explicación podría ser que la presencia en la ortiga de los neurotransmisores serotonina e histamina podrían influir en la percepción y la transmisión del dolor en las terminaciones nerviosas. Otra posible explicación es que tendrían una acción similar a la de la acupuntura. Sin embargo, los resultados de un estudio con un número tan pequeño de pacientes no pueden tomarse como definitivos. Se requerirán estudios más amplios para que la cura de la abuela se pueda recomendar.

Fuentes: J R Soc Med, junio de 2000; 93 (6): 305-9
Dr. Emmanuel Zinski

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