Cáncer de mama: cinco líneas de investigación prometedoras

La Fundación ARC propone, a través de una animación interactiva, accesible en www.5voiesderecherche.com (en francés), descubrir los proyectos de investigación que desarrolla. Cinco de ellos ilustran las cinco líneas susceptibles de mejorar el tratamiento del cáncer de mama1.

Afinar el diagnóstico

“El cáncer de pecho responde a una anomalía en la forma y la estructura de los cromosomas. Sabemos que no hay uno, sino varios tipos de cáncer de mama y que a cada una de sus formas le corresponde una enfermedad cromosomática”, explica Salomon. No todos los cánceres de mama tienen la misma evolución y no todos responden a los tratamientos de la misma manera.

A día de hoy, los patólogos son capaces de reconocer 25 tipos de cáncer de mama, pero existen muchos más. La biopsia, que consiste en hacer un análisis molecular de un fragmento del tumor extraído mediante cirugía, permite no sólo determinar la agresividad del cáncer, sino también guiar al médico acerca del tipo de tratamiento que conviene aplicar. El abordaje terapéutico no siempre es anodino, por eso los investigadores buscan alternativas menos invasivas.

Un descubrimiento realizado recientemente por Marc-Henri Stern y Olivier Lantz sobre el melanoma de ojo2 le dio la pista a Sylvain Ladoire y a sus colegas del Centro regional de lucha contra el cáncer Georges-François Leclerc (Dijón, Francia) sobre la existencia de las “células tumorales circulantes” (CTC). Éstas son células que se han escapado del tumor y que se encuentran en la sangre de la paciente, donde pueden detectarse y contarse. Además de otorgar información útil para el pronóstico de la enfermedad, la cantidad de CTC podría servir igualmente como indicador de la eficacia del tratamiento. La idea sería “poder investigar las anomalías cromosomáticas en la sangre de las pacientes y dejar de recurrir a la biopsia”, explica Salomon.

Reducir las sesiones de radioterapia

En los casos de cáncer de pecho que cuentan con un buen pronóstico, en los que sólo ha sido necesario extraer el tumor y no el seno, el tratamiento complementario para limitar el riesgo de recaída es la radioterapia. Ésta implica recibir entre 25 y 30 sesiones de rayos, que se extienden a lo largo de cinco o seis semanas y que obligan a la paciente a acudir al hospital cada vez. La radioterapia intraoperatoria, que consiste en irradiar el tumor en una sola sesión durante la operación y que resulta prometedora, por ahora surte efecto en un número reducido de pacientes.

Un equipo del laboratorio de investigación del Comisariado de la Energía Atómica y las Energías Alternativas de Francia, dirigido por Sandrine Dobosz-Dufrénoy, trabaja en una nueva técnica basada en la aceleración de electrones por láser, con el objetivo de desarrollar en el futuro una fuente de electrones más compacta que pueda distribuirse en un sola sesión con un coste más bajo pero con una mayor eficacia.

Combatir la resistencia a los tratamientos

Como con los antibióticos, los casos de resistencia a los tratamientos son relativamente corrientes en oncología. Ya sea porque el tratamiento, muy prometedor al principio, pierde eficacia después o porque resulta ineficaz desde el principio sin que los médicos sepan el motivo. El objetivo de los investigadores es, pues, predecir la resistencia y lograr reducirla.

Algunas investigaciones han permitido saber que ciertos tipos de resistencia están relacionados con la heterogeneidad de las células tumorales que componen el tumor: aunque algunas respondan muy bien al tratamiento, otras, más minoritarias, formarán un nuevo tumor una vez que la mayoría de ellas haya sido destruida. También puede ocurrir que ciertas células tumorales se multipliquen y evolucionen tan rápidamente que el tratamiento no tenga tiempo de actuar.

En su laboratorio del Instituto Gustave Roussy,Stéphan Vagner y sus colegas han identificado un complejo proteico que parece cumplir una función en la resistencia a un medicamento utilizado en el tratamiento de los cánceres de pecho HER-2. Si estos resultados se confirman, permitirían ofrecer a las pacientes resistentes otro tratamiento y evitar así perder el tiempo con una molécula ante la cual su organismo nos responde.

Prevenir las metástasis

La metástasis ósea constituye una evolución muy negativa para el cáncer de pecho. El objetivo de los médicos es, pues, “bloquear la fuga de las células a partir de las células tumorales primarias y bloquear su sedimento para evitar que sean receptoras en el nivel de los huesos”, explica Salomon. Para ello deben comprender los mecanismos de la atracción puestos en juego por el hueso.

Actualmente, los tratamientos utilizados para prevenir las metástasis actúan sobre las células tumorales solamente. Son tratamientos muy pesados para la paciente y poco eficaces. Pero en el futuro atacarán no sólo las células tumorales capaces de migrar, sino también las de los tejidos colindantes dispuestas a acogerlas. Un proyecto dirigido en la ciudad francesa de Lyon por Philippe Clézardin podría servir para avanzar en ese sentido, gracias a la identificación que él y su equipo han hecho de los genes cuya actividad es crucial en la formación de las metástasis óseas.

Tratar el cáncer de pecho triple negativo

El cáncer de pecho triple negativo es el tipo más agresivo. Esta forma, que representa el 15% de los cánceres de mama, se caracteriza por la ausencia de receptores en los estrógenos, en la progesterona y en la proteína HER-2, de ahí su nombre, “triple negativo”. Todo ello significa que el cáncer no responde a los tratamiento existentes, ya sea la hormonoterapia o los medicamentos anti HER-2. Sin embargo, en el Centro de Investigaciones de Bioquímica Macromolecular de Montpellier (Francia), el quipo de Serge Roche está estudiando el funcionamiento de los medicamentos utilizados en el tratamiento del cáncer de sangre, los cuales podrían revelarse eficaces a la hora de combatir del de mama triple negativo. Las experiencias llevadas a cabo in vitro con imatinib (Glivec®, Novartis) van encaminadas en esa dirección.

Hay otras formas de cáncer de pecho igualmente agresivas y que afectan generalmente a mujeres más jóvenes (43 años de media, contra 60 años para el resto de los cánceres de mama). Se trata de los tumores mamarios en los que existe una mutación del gen p53 o una inactivación del gen BRCA1. Éste último, cuando es funcional, sirve para reparar las roturas que aparecen en la doble hélice de ADN. El doctor Marc-Henri Stern y su equipo están desarrollando un ensayo terapéutico con los inhibidores del PARP*, moléculas utilizadas por las células tumorales para reparar las lesiones que afectan a la doble hélice de ADN. Sin embargo, Salomon apunta que los ensayos no están dando resultados satisfactorios: “El ensayo ha sido un fracaso, porque el equipo no ha seleccionado a los pacientes en función de las características biológicas de su tumor”. La médica agrega que “hay que investigar las anomalías de los genes BRCA1 en las células tumorales para proponer los inhibidores de PARP en el momento oportuno”.

Toda la esperanza de los investigadores está depositada en el descubrimiento de las anomalías moleculares específicas, que servirán de blanco para nuevos medicamentos.

“En la actualidad se cura uno de cada dos cánceres. El desafío está en llegar a curar, en 2015, dos de cada tres. Sabemos que para alcanzar ese objetivo son necesarias la investigación de nuevos tratamiento y la prevención”, indica un responsable de la Fundación ARC. 

A. Pelletier 

Fuentes:

1. Conferencia de prensa de la Fundación ARC el 9 de octubre de 2012, en presencia de Anne-Vincent Salomon, médica e investigadora del Instituto Curie de París.
2. "Pyrophosphorolysis-activated polymerization detects circulating tumor DNA in metastatic uveal melanoma", M. H. Stern, O. Lantz. Clinical Cancer Research, mayo de 2012 (resumen en línea).

* Los inhibidores de PARP son moléculas que ejercen un efecto tóxico sobre las células cancerosas incapaces de reparar las lesiones en la doble hélice de ADN.

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