Cáncer: el impacto cutáneo de las terapias dirigidas

Al atacar únicamente las células cancerosas, las terapias dirigidas deberían generar, en teoría, menos efectos secundarios que los métodos convencionales. En la práctica, estos tratamientos provocan lesiones cutáneas bastante graves que es conveniente prevenir para lograr un buen cumplimiento del tratamiento.

Terapias dirigidas: lesiones cutáneas en el 80% de los pacientes

Aunque la llegada de las terapias dirigidas haya sido acogida con gran entusiasmo entre los oncólogos, parece que los pacientes y los dermatólogos ven la situación con otros ojos. Estos prometedores tratamientos, pensados para no dañar las células sanas, lo que hacen es provocar en el 80% de los pacientes lesiones cutáneas tan graves que algunos prefieren interrumpir su tratamiento. Dolorosas y visibles, “las lesiones afectan a la percepción que se tiene de uno mismo, al narcisismo, y son estigmatizantes. El paciente es traicionado por su propia piel que podría desvelar una enfermedad o un tratamiento que hubiera preferido mantener en secreto”, explica Sylvie Consoli. Esto podría aumentar el riesgo de depresión. Para la dermatóloga, “los efectos secundarios de las terapias dirigidas hacen de la muerte algo más real y duplican los síntomas somáticos del cáncer”.

Son muy pocos los pacientes que hablan de ello con su médico. Por su parte, dos tercios de los oncólogos no piden la opinión de un dermatólogo en la instauración del tratamiento. La razón es que la piel ha sido considerada durante mucho tiempo como un órgano superficial, levantando poco interés tanto en pacientes como en médicos. Este comportamiento es aún más frecuente entre los enfermos de cáncer. “El paciente puede avergonzarse de preocuparse por su piel mientras está luchando contra un cáncer”, cuenta Sylvie Consoli, dermatóloga parisina. Este sentimiento suele estar reforzado por lo que puedan pensar los demás. Sin embargo, “sabemos que prevenir estas lesiones mejora la calidad de vida y el cumplimiento terapéutico”, subraya la especialista.

Los efectos sobre la piel de las terapias dirigidas

Cualquier terapia dirigida puede causar una toxicodermia clásica pero la preocupación de los dermatólogos reside en otros efectos secundarios menos esperados, indica la Dra. Marie Beylot-Barry (dermatóloga en el hospital CHU de Burdeos, Francia). La especialista cita los siguientes:

  • Los inhibidores del receptor del factor de crecimiento epidérmico (EGFR) (Erbitux, Iressa, Tarceva, Vectibix), que provocan lesiones papulo-pustulosas (similares a los granos de acné) en el 50% y el 80 % de los paciente, de 3 a 5 días después de haber iniciado el tratamiento. Estos aparecen en el rostro, el tronco y a veces en el cráneo. Algunos están acompañados de picor (comezón) y sensación de calor, pudiendo evolucionar a una fase costrosa. Estos efectos mejoran en dos tercios de los pacientes que consiguen superar esta “fase muy dolorosa” y remiten cuando dejan el tratamiento.
  • Asociados a la radioterapia, los inhibidores del receptor EGF provocan una toxicidad de grado 4 en los ¾ de los casos.
  • De manera más tardía - de 2 a 4 meses después de la instauración del tratamiento - los inhibidores del receptor EGF provocan en el 10% y el 25% de los pacientes granulomas piógenos (pequeños tumores vasculares de fácil sangrado) o paroniquias (inflamaciones alrededor de la uña). A otros les afecta al pelo y a las pestañas, que se vuelven quebradizos, se rizan o crecen de manera excesiva (hipertricosis). Casi la totalidad de los pacientes presentan sequedad en la piel (xerosis) que les causa mucha molestia, afirma la Dra. Beylot-Barry. Además, “existe una correlación positiva entre la respuesta al tratamiento y la gravedad del daño”, continúa, abogando por un acompañamiento de los pacientes.
  • Los inhibidores de VEGF (Nexavar, Sutent, Avastin), por su parte, provocan un eritema acral hiperqueratósico muy doloroso unas 2 o 3 semanas después de la instauración del tratamiento. Este se acompaña también de una decoloración –reversible – del cabello y del vello, de un eritema facial, de quistes, de una coloración amarillenta de la piel y, mucho menos frecuente, de una ulceración, describe la dermatóloga.
  • Los inhibidores de la tirosina quinasa (Glivec, Tasigna) provocan erupciones maculopapulosas, psoriasis, comezón… A nivel de los párpados, Glivec genera un edema en el 70% de los pacientes y lagrimeo en menor proporción (15%).
  • Los inhibidores de BRAF, indicados para los melanomas metastásicos (Zelboraf), por su parte provocan, aunque en menor medida (35%), erupciones maculopapulosas (mancha cutánea), queratosis pilaris, necrosis, verrugas, fotosensibilización a los UVA (rayos solares no filtrados por los cristales, los parabrisas), así como carcinomas epidermoides en el segundo nivel del tratamiento. A veces los pacientes pueden llegar a desarrollar un nuevo melanoma.

Terapias dirigidas: ¿cómo prevenir las lesiones cutáneas?

Las consecuencias de los efectos que las terapias dirigidas tienen sobre la piel pueden ser dramáticas. “Con la llegada de las terapias dirigidas nos hemos encontrado, por primera vez, con pacientes que interrumpen su tratamiento por llevar mal las lesiones cutáneas”, declara la Prof.ª Brigitte Dreno, oncóloga dermatóloga en Nantes, Francia. Así, para esta última es “importante que los dermatólogos tomen medidas ante esta situación y ocupen el lugar que les corresponde” en el cuidado de los enfermos.

Es necesario informar al paciente, “desde el principio y durante el tratamiento”, de los efectos secundarios cutáneos, estima por su parte la Dra. Marie Beylot-Barry. “La colaboración oncólogos-dermatólogos es fundamental. El dermatólogo puede adaptar la posología y ayudar así al paciente a seguir con su tratamiento en las mejores condiciones”.

De hecho, aunque los efectos secundarios sean casi inevitables, existen soluciones de prevención para limitar su impacto. Para su higiene, los pacientes deberían utilizar una pastilla dermatológica con un pH similar al de la piel en lugar de un jabón corriente que puede deshidratar y agravar las lesiones cutáneas; también deberían evitar las lociones que contengan alcohol, los perfumes y los desodorantes. Asimismo, tienen que tener cuidado con los manicuras y pedicuras y con las uñas demasiado cortas, con los microtraumatismos diarios como el roce de los zapatos, y también con el agua demasiado caliente o demasiado fría, advierte la Prof.ª Dreno. Les aconseja utilizar cremas hidratantes para mantener el manto lipídico de la piel y compensar la pérdida de agua de la epidermis, restaurando así su papel de barrera protectora.

Si estos cuidados dermocosméticos resultan insuficientes, se recomienda que los pacientes consulten a su dermatólogo, quien les podrá prescribir tratamientos locales como los corticoides. Para las mujeres, el maquillaje terapéutico no oclusivo tiene un papel muy importante durante el tratamiento. Porque, come destaca Syvlie Consoli, “conservar las apariencias, también significa conservar la piel y, quizás, conservarse a uno mismo”.

A. Pelletier

Otros contenidos del dosier: Tratamientos contra el cáncer

Comentarios

Artículos destacados

¿Quién puede acceder al historial clínico?
¿Quién puede acceder al historial clínico?

La gestión de los datos médicos supone, al mismo tiempo, un desafío y una poderosa herramienta en la sanidad actual. La...

Consultas médicas online: ¿es posible?
¿Miedo a ir al médico?
Cómo aceptar el dolor crónico
¿Qué es la TRH?
¿Sufres alergia?

Estornudas, te sientes cansado/a, te hablan de bronquitis, de traqueítis… ¿Y si tuvieras alergia?

Hacer otros Test