Los diferentes tipos de diálisis

Las técnicas que permiten depurar la sangre y eliminar el exceso de agua acumulado cuando los riñones fallan son la hemodiálisis y la diálisis peritoneal.

La hemodiálisis

La hemodiálisis obliga al paciente a acudir tres veces por semana a un centro hospitalario o a una unidad de hemodiálisis. Para que pueda recibir el tratamiento debe practicársele, generalmente en el brazo, un acceso vascular o fístula arteriovenosa que conecta una arteria con una vena. De este modo se consigue aumentar el caudal y el calibre de la vena, para que a la enfermera le sea más fácil introducir las dos agujas en cada sesión de diálisis. Al ser bombeada, la sangre atraviesa el dializador y es restituida. Las sesiones duran entre cuatro y seis horas, a lo largo de las cuales se filtra una enorme cantidad de sangre (entre 50 y 60 litros) y se eliminan toxinas y el exceso de agua. El paciente puede, mientras tanto, ver la tele, leer o escuchar música.

El principal inconveniente de este tratamiento es que es agotador, ya que reproduce en apenas horas lo que los riñones hubiesen tardado dos días en hacer. Así pues, muchos pacientes experimentan una enorme fatiga y, más raramente, enfermedades fruto de una hipotensión o calambres relacionados con la pérdida elevada de agua y sodio.

La diálisis peritoneal

Al diferencia de la hemodiálisis, la diálisis peritoneal la realiza el propio paciente en su domicilio. No requiere de aparatos sofisticados, pero sí de un aprendizaje riguroso. Esta técnica utiliza el peritoneo, una membrana que recubre la mayoría de los órganos del abdomen, como filtro natural. Por medio de una intervención quirúrgica se implanta en el abdomen un catéter de plástico blando a través del cual se inyecta el líquido de diálisis en la cavidad peritoneal. Es misma vía sirve para drenar fuera del organismo el líquido cargado de desechos y el exceso de agua.

Esta operación debe realizarse tres o cuatro veces al día en caso de que se haya elegido la diálisis peritoneal crónica ambulatoria (DPCA). Sin embargo, existe una alternativa más sencilla: la diálisis peritoneal automatizada (DPA), que se vale de una máquina encargada de depurar la sangre durante el sueño. La máquina controla el tiempo para hacer los intercambios que sean necesarios, drena la solución fuera del organismo y vuelve a introducir la solución nueva en la cavidad peritoneal. Todo lo que debe hacer el paciente es conectarse a la máquina antes de acostarse y desconectarla al levantarse.

¿Existe un método ideal?

Cada técnica presenta ventajas y desventajas, así como contraindicaciones. Debe ser el paciente el que tome la decisión de elegir una u otra, después de haberlo discutido con el médico, el nefrólogo y la familia.

 

Hemodiálisis

Diálisis periotoneal

 

Duración

Unas cuatro o seis horas cada dos días, a las que hay que sumarles el tiempo de desplazamiento y de preparación. En total, los pacientes dedican a este método un tercio de las horas que pasan despiertos.

Cuatro cambios por día, de 40 a 60 minutos cada uno, o bien una única sesión diaria de entre ocho y diez horas, con la posibilidad de realizarla conectado a una máquina mientras se duerme.

 

Ventajas

Permite olvidarse de la enfermedad entre sesiones, ya que el paciente no tiene material médico en casa.

Permite regular el propio tratamiento y decidir los horarios de las sesiones, sin depender de la unidad de diálisis.

 

Desventajas

Obliga a pasar entre cuatro y seis horas, tres veces a la semana, en una unidad de diálisis. Las personas soportan mal la deformación que produce la fístula en el brazo: a lo largo del tiempo los vasos se dilatan y producen un efecto muy poco estético.

Esta técnica requiere que el paciente tenga espacio en su casa para guardar el material y las soluciones necesarias. Un ambiente medicalizado que el paciente y sus familiares deberán aceptar. A algunas personas les cuesta tener que llevar un tubo en el abdomen, que sin embargo es imprescindible.

 

Contraindicaciones

Resulta difícil de  practicar si el paciente presenta un mal estado vascular o si la tensión arterial es baja a causa de un estado cardiaco alterado. Esto suele ser común en algunos pacientes diabéticos u obesos.

Las contraindicaciones “relativas” son consecuencia de una obesidad importante, de antecedentes de intervenciones quirúrgicas o abdominales repetidas o de una insuficiencia respiratoria grave. También puede estar contraindicado durante las semanas que siguen a un trasplante fallido.

Un tratamiento muy pesado

Entre las diferentes enfermedades graves y crónicas, la insuficiencia renal tratada por medio de diálisis es una de las que más degrada la calidad de vida y que mayores dificultades de adaptación entraña para los pacientes.

La diálisis no es un tratamiento sencillo. Además, la alteración de los riñones conlleva otras complicaciones para el organismo. Por ejemplo, la carencia de la hormona eritropoyetina (EPO), que fabrican los riñones y que resulta indispensable en la formación de glóbulos rojos por parte de la médula ósea. Desde hace unos 15 años, afortunadamente, este problema puede tratarse gracias a una versión sintética de la hormona.

Entre las sesiones deben respetarse algunas reglas alimentarias. De manera general, deben limitarse los líquidos y las proteínas, así como los productos salados.

Los médicos aconsejan, en la medida que sea posible, mantener una actividad social y profesional normal.

D. Bême

Otros contenidos del dosier: Enfermedades de las vías urinarias

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