Por qué el estrés puede ser bueno para ti (si lo sabes usar)

Se dice del estrés que es el mal del siglo XXI, pero lo que no siempre se dice es que en pequeñas cantidades, puede convertirse en una gran fuente de motivación para muchas personas. Y la explicación, la encontramos en la naturaleza.

El estrés es positivo por naturaleza

El estrés es la respuesta que da nuestro organismo al adaptarse a una situación de agresión. Es un signo de nuestro cuerpo para acomodarse a las modificaciones medioambientales. Sin embargo, cuando la agresión es demasiado intensa o permanece durante un largo periodo de tiempo, nuestro organismo sucumbe al estrés y es entonces cuando le resulta muy difícil controlarlo y evitar las consecuencias negativas del estrés que todos conocemos: insomnio, ansiedad, pérdida de apetito, dolor de cabeza o irritabilidad.

Lo que no siempre sabemos es que en pequeñas dosis, lo que hace el estrés es mejorar nuestras capacidades adaptativas. En una cita, en una entrevista de trabajo, en un examen o en una competición, son ejemplos de que el estrés en pequeñas dosis puede aportarnos una motivación suplementaria.

En estos ejemplos de situaciones tan comunes, el estrés puede suponer simplemente un desafío que nos estimule a obtener mejor resultados y a esforzarnos más de lo que nos esforzaríamos en una situación sin estrés. El estrés en estos contextos nos ayuda a concentrarnos y a ser más activos.

Los beneficios del estrés

Como ocurre con casi todo, la ciencia también ha puesto en marcha diversos estudios para encontrar cuáles son los beneficios del estrés. Y los resultados han sido estos:

  1. Herramienta de supervivencia. Esto se da en casos extremos como en accidentes de tráfico o ante el ataque de animales. En términos médicos, esta situación se conoce como el Síndrome de Adaptación General y describe cómo el cuerpo reacciona de manera inteligente ante estas situaciones de estrés extremo con el objetivo de sobrevivir.
    La primera respuesta del cuerpo la dan el corazón y la respiración, acelerándose, y activando el sistema nervioso y endocrino. A continuación, el flujo sanguíneo se concentra en el corazón, los pulmones y el cerebro al mismo tiempo que se disminuye el flujo en los órganos menos importantes en estas situaciones, como son los que forman los sistemas digestivo y urinario. Después, el cuerpo comienza a retener sales y agua por si la presión sanguínea baja en el caso de que la persona resultase herida y sangrase. Y por último, el organismo produce más carbohidratos con el fin de obtener más energía.
  2. Mejorar las funciones cognitivas y la respuesta del cerebro. Un estudio de la Universidad de California, Berkeley, concluyó que el estrés, cuando no es crónico, optimiza y agiliza el funcionamiento del cerebro. El estudio confirmaba que gracias al estrés, el cuerpo alcanza cierto nivel de alerta que le provoca operar lo mejor posible.
  3. A corto plazo, estimula el sistema inmunitario. Aunque el estado de tu sistema inmunitario siempre dependerá de otros factores como la alimentación, algunos investigadores como el doctor John Whyte, aseguran que el estrés también ayuda al cuerpo a combatir las bacterias.
  4. Te hace psicológicamente más fuerte. Algunos estudios señalan que exponerse a situaciones puntuales de estrés puede ser muy útil para desarrollar la fortaleza mental, y manejar con mayor facilidad los eventos similares que puedan repetirse en el futuro. O lo que psicología comienza a conocerse como la resiliencia. La exposición repetida de las personas a ciertos eventos estresantes les da la posibilidad de desarrollar un control físico y psicológico para saber cómo reaccionar.

Cómo controlar las situaciones de estrés moderado

El neurocientífico cognitivo Ian Roberston (autor del libro The stress test) insiste en que el estrés sólo puede ser positivo si se da en un período corto de tiempo y en una cantidad moderada. Según Roberston, la clave está en aprovechar la hormona “noradrenalina” que genera nuestro organismo, siempre antes de que se convierte en “cortisol”, que esta sí, es la conocida como la hormona del estrés.

En su opinión, se puede mantener en niveles óptimos la “noradrenalina” para estimular así nuestra creatividad y nuestro rendimiento intelectual, y aprovecharla en beneficio propio. Pero, ¿cómo hacerlo? Estas son sus pautas:

  1. Identificar cuál es la emoción que nos provoca. En situaciones en las que queramos aprovechar el estrés como algo positivo para motivarnos a hacer las cosas mejor o más rápido, lo que primero debemos hacer es decirnos a nosotros mismos que estamos “motivados” o “emocionados”, y no “estresados”, “saturados” o “agobiados”. Este primer cambio en la percepción que tenemos sobre nosotros mismos hará que veamos la situación más cómo un desafío o motivación, que como una amenaza.
  2. Trabajar en nuestra respiración. El autor asegura que el control de la respiración es uno de los mejores alivios para el cerebro. La clave está en volver a la respiración controlada y clásica de la relajación: inspirar por la nariz alrededor de cinco segundos y exhalar por la boca durante seis.
  3. Prestar atención a nuestra posición física. Nuestra pose también influye en nuestro estado, puede llevarnos al derrotismo o darnos un toque de autoconfianza. Lo ideal para el autor es, ante una situación estresante, tomar una postura erguida que nos ayude a confiar en nosotros mismos.

Actualizado en junio de 2017

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