Fibromialgia: causas misteriosas

A pesar de estar reconocida por la Organización Mundial de la Salud(1), la fibromialgia sigue siendo muy controvertida hoy en día. Al igual que el síndrome de fatiga crónica o la espasmofilia, esta enfermedad no presenta elementos biológicos o radiológicos que permitan demostrar su autenticidad. Pero ocurre lo mismo con enfermedades que nunca se ponen en tela de juicio, como la migraña. Por tanto, ¿es una enfermedad psicosomática u orgánica?

Causas misteriosas

“El origen de esta enfermedad ha enfrentado a los defensores del todo psiquiátrico contra los partidarios del todo orgánico. En realidad, la verdad se encuentra en medio”, nos precisa el Dr. André Muller, jefe del servicio del centro de evaluación y tratamiento del dolor del Hospital Hautepierre (Estrasburgo).

Desde un punto de vista fisiológico, diversos estudios principalmente americanos han planteado diferentes hipótesis:

  • Una anomalía muscular(2)
  • Alteraciones del sistema endocrino u hormonal(3)
  • Una infección vírica(4)
  • Una anomalía del sistema inmunitario(5)
  • Una hipersensibilidad al dolor(6). Esta tesis ha sido confirmada por estudios recientes que han podido demostrar las reacciones dolorosas de las zonas cerebrales cuando se hacen ligeras presiones en los pacientes…

“Más allá de la calidad a veces discutible de algunos estudios, conviene recordar que la correlación no significa causalidad. Un paralelismo sería que detectáramos inevitablemente una anemia en las anoréxicas y, sin embargo, esta característica no es la causa de la enfermedad", señala el Dr. Muller.

Un innegable componente psicológico

Al contrario de una opinión todavía demasiado extendida, la fibromialgia no es aparentemente una enfermedad psicosomática. No obstante, sí que hay ciertas características psicológicas que intervienen como factores de activación o desactivación de la afección. A menudo se asocia la enfermedad a un acontecimiento iniciador (estrés, traumatismo, anestesia…): no se nace con dolor crónico, sino que aparece en algún momento. Este rasgo y la ausencia de una causa hacen que sea difícil de admitir a nivel médico, pero también para el paciente cuyas exploraciones no revelan nada.

“¡Una situación así puede llevar al médico a diagnosticar un problema psicológico (quizás rápidamente) o, por el contrario, a investigar (a veces de forma desesperada) las pruebas de una enfermedad orgánica… según su propio grado de resistencia a la escucha del sufrimiento del otro!”, comenta el Dr. Muller, que se afana a precisar que “¡Quejarse a un componente psicogénico no significa que el dolor no sea real!”

Por tanto, este experto recomienda que se solicite la opinión de un psicólogo o psicoterapeuta antes de proponer cualquier tipo de tratamiento. No es para descartar la sospecha de un dolor real, sino para tener en cuenta todos los determinantes del quejido al dolor. Esto siempre que los pacientes se presten a consultar un psicólogo… “Demasiado a menudo, las personas prefieren observar a los psicólogos en la televisión, pero no se plantean bajo ningún concepto recurrir a sus servicios…”, concluye el Dr. Muller.

David Bême

1 - Lancet 1992, Vol. 340, n° 8820: 663-664

2 - Rheumatology Disability Clinics of North America, 1996, 22: 245-266.

3 - Pain 2000, 86: 213-215

4 - J Med Virol. Diciembre de 2003; 71(4): 540-7.

5 - Eur J Pain. 2003; 7(3): 295-6.

6 - Pain 2002, 100: 259-269

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