Enfermedades que se pueden adquirir en el hospital

Aunque el término “nosocomial” puede parecernos muy raro, lo cierto es que cuando uno conoce su significado desaparece la extrañeza: el nombre procede del latín –de la palabra nosocomium– y significa, literalmente “hospital de enfermos”. De ahí que una infección nosocomial sea aquella que se adquiere en un hospital o en cualquier centro de salud. En ocasiones, también las oiremos nombrar como infecciones intrahospitalarias.
En las últimas décadas ha habido un esfuerzo importante por disminuir su incidencia… y se ha logrado. Pero todavía son muchas las personas que ven empeorado su estado de salud cuando entran en el centro hospitalario.
La mayoría son niños (especialmente recién nacidos) y ancianos, aunque también son frecuentes los casos entre las personas con enfermedades crónicas, sobre todo respiratorias. No podemos olvidar que muchas de las personas ingresadas tienen un sistema inmunitario debilitado.
Curiosamente, muchas veces ocurren en entornos relativamente pequeños, con menos de 200 camas. El asunto no es baladí porque, según la Unión Europea (y su Centro de Control y Prevención de Enfermedades-ECDC), todavía se producen 37.000 muertes al año por infecciones contraídas en centros sanitarios.
La propia entidad reconoce que “se necesitan más medidas por parte de los Estados miembros para mejorar la determinación de los casos de rutina de las infecciones asociadas al cuidado de la salud, a través de la elaboración de directrices nacionales de diagnóstico, formación continua de los trabajadores de la salud en la aplicación de las definiciones de casos producidos y el refuerzo de laboratorio y otra capacidad de diagnóstico en las instituciones de salud”.

Virus y bacterias más frecuentes

Por lo general, la infección se produce a través de una herida o en el propio quirófano mientras somos operados pero igualmente a través de las vías que nos colocan para introducir medicamentos o de los catéteres, aunque hay microorganismos que logran entrar en nuestro cuerpo a partir del aire que respiramos.
Otra de las posibles vías es el contacto directo con otro enfermo (por las manos, la ropa, la nariz o la garganta y la boca).
Aunque la higiene en los ambientes hospitalarios suele ser muy estricta, lo cierto es que muchos microorganismos sobreviven gracias a zonas húmedas, al polvo o al aire (cuando se elimina por la saliva y permanece allí varias horas).
Algunos expertos están comenzando a alertar de que estos “bichitos”, y del mismo modo que ocurre con los que nos encontramos en la calle o en los hogares, se están volviendo resistentes a los antibióticos y a las medidas de higiene, por lo que en los próximos años habrá que idear nuevas formas de erradicarlos.
Estos son los que más infectan nuestro cuerpo durante el tiempo que estamos en un hospital o en los ambulatorios:

  • Diarreas por Escherichia coli. Está presente en nuestros intestinos de manera natural (es la especie bacteriana más común allí) y es necesaria para que el proceso digestivo se produzca correctamente. También ayuda a producir vitaminas B y K. Pero hay muchos subtipos y basta que nos ataque uno que no está presente en nuestro interior –y sí en el de otro enfermo hospitalizado– para que el organismo intente eliminarlo. Y es entonces cuando aparece fiebre y diarrea. En algunos casos, también se manifiesta con infecciones de orina.
  • El virus de quirófano. El patógeno más habitual en esa estancia –que en realidad no es un virus sino una bacteria– es el Pseudomonas aeruginosa, que es resistente a los antibióticos. Por eso puede actuar en un entorno donde, aparentemente, todo está desinfectado. Puede dar lugar a infecciones en casi todas las partes del cuerpo (bronquios y pulmones, tracto urinario, sangre, piel, oído, ojos…).
  • La piel y los Estafilococos. Un arañazo, un quiste cutáneo, un grano –por supuesto también una herida abierta– o el lugar donde está colocado una sonda puede servirle de puerta de entrada. Muchas veces el contagio se produce por contacto de piel con piel. Hay un tipo, llamado Staphylococcus aureus, que es resistente a los antibióticos y muy difícil de erradicar.
  • La Superbacteria Klebsiella pneumoniae. En el mundo sanitario se le ha bautizado como “Superbacteria” porque resulta especialmente difícil tratarla una vez que ha infectado a un paciente débil. Puede provocar neumonía o una infección generalizada (sepsis) y llega al cuerpo de la persona por contacto físico, no por el aire.

En el caso de los bebés

Las primeras horas de un recién nacido en el hospital son fundamentales. Y no solo por su fragilidad sino porque conviene evitar que el pequeño se infecte con algún microorganismo que haya en el hospital y para el que todavía no está preparado.
Ocurre así, por ejemplo, con el virus sincitial, que se propaga muy rápidamente y ocasiona problemas respiratorios. Las precauciones deben extremarse todavía más si el bebé es prematuro.

Qué se puede hacer

Como decíamos anteriormente, será preciso que las autoridades hospitalarias extremen las precauciones y mejoren los protocolos de actuación, pero también que las directrices europeas estén a la orden del día y se adecúen a las necesidades reales.
Lógicamente también habrá que estudiar cómo disminuir las colonias de microorganismos en los entornos hospitalarios y ambulatorios, sobre todo si las armas con las que se cuentan hoy en día van siendo cada vez más ineficaces.

Con respecto al paciente vale la pena tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Mantenerlo limpio. Del mismo modo que virus y bacterias aprovechan zonas húmedas como sumideros, duchas, lavabos… para proliferar, también lo hacen en las superficies mojadas del propio paciente: oídos, axilas, genitales y cualquier pliegue de la piel.
  • Evitar los contactos muy estrechos entre enfermos. Las bacterias que para uno de ellos no son perjudiciales, al otro le pueden desestabilizar.
  • Levantarse para ir al baño siempre que sea posible en lugar de realizar las necesidades en las cuñas o los pañales.
  • No permanecer demasiado tiempo en la cama, también es recomendable para evitar las úlceras en la piel, ya que por esas heridas pueden entrar los microorganismos y ocasionar males mayores.
  • Lavarse las manos con mucha frecuencia. Si es posible, cada vez que se levante, pasee y toque determinadas superficies.
  • Utilizar mascarilla para acercarse a un recién nacido y tocarlo únicamente si las manos se han lavado justo antes. Hay que tener en cuenta que el virus sincitial puede sobrevivir hasta 6 horas en las superficies duras, hasta 45 minutos en vestidos y pañuelos y hasta 20 en la piel.

Documentación:

  • Estudio de Prevalencia de las Infecciones Nosocomiales en España EPINE
  • 1990-2014”. Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene
  • Nosocomial infection. Surveillance Programme at Catalan Hospitals (VINCat)”. 2015 Manual. Francesc Gudiol Munté (director) and Enric Limón Cáceres (coordinator)
  • Patient safety and healthcare-associated infections”. Report from the Commission to the Council. June 2014
  • Pseudomonas aeruginosa Nosocomial Penumonia: Impact of Pneumonia Classification”. ST Micek et al. Infection Control & Hospital Epidemiology 2015
  • Infección viral respiratoria nosocomial”. G.A. March Rosselló y J.M. Eiros Bouza, Anales del Sistema Sanitario de Navarra

Otros contenidos del dosier: Infecciones nosocomiales

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