Grasa blanca y grasa parda: ¿la clave para acabar con la obesidad?

¿Qué es la grasa?

Solemos pensar que la grasa no es más que una acumulación de materiales de desecho dentro de nuestro cuerpo. En realidad, la grasa puede ser considerada como un verdadero tejido vital, al igual que nuestra piel. La grasa no es un material inerte, sino que tiene una actividad interna propia e interactúa con todo nuestro cuerpo. No debemos olvidar nunca que la grasa posee un papel fundamental en el almacenamiento de la energía y que su presencia dentro del organismo es importantísima.

La grasa blanca

La grasa blanca es la que está presente en mayores cantidades en nuestro cuerpo. Aunque se la define como “blanca”, en realidad es de color amarillo apagado. La estructura de las células de grasa blanca es la de una gran gota de lípidos, con la estructura celular desplazada a los márgenes del líquido. La grasa blanca tiende a acumularse inicialmente en el abdomen para luego extenderse al resto del cuerpo.

Las funciones de la grasa blanca

La grasa blanca almacena los triglicéridos presentes en la sangre y los transforma en energía de reserva. Esta energía se libera lentamente en la sangre a un ritmo constante, según las necesidades calóricas del momento. Durante la actividad deportiva, cuando aumenta la demanda de energía, la grasa blanca libera una gran cantidad de calorías, reduciendo su volumen. Sin embargo, cuando los triglicéridos consumidos a través de la alimentación superan la cantidad que el organismo necesita, la grasa blanca no es capaz de dejar de acumular energía y empieza a depositarse en el organismo de manera rápida e incontrolada. Cuando los depósitos de grasa blanca son excesivos, las células de su interior empiezan a comportarse de manera extraña, aumentando la producción de sustancias perjudiciales para la salud.

La grasa parda

Desgraciadamente, la grasa parda apenas está presente en nuestro organismo. Sin embargo, es abundante en los recién nacidos que, al crecer, la sustituyen por grasa blanca. Su color oscuro se debe a la diversidad de su estructura celular. A diferencia de las células de grasa blanca, las de grasa parda no están formadas por una única gota de lípido central, sino que contienen en su interior cientos de microgotas.

La estructura celular está localizada en el centro de la célula, manteniendo un mayor control sobre su funcionamiento. La grasa parda se encuentra en pequeños depósitos entre el cuello y los hombros y parece ser casi inexistente en las personas obesas.

Las funciones de la grasa parda

La grasa parda también almacena los triglicéridos, pero tiene un mecanismo de liberación diferente. La grasa parda se activa tras una estimulación muy concreta, que no está relacionada con la demanda de energía de nuestro organismo. Las células de grasa parda liberan la energía acumulada cuando el cuerpo está sometido a condiciones de estrés térmico. En concreto, la actividad de esta grasa parece estar asociada al control de la temperatura corporal.

Algunos animales, sobre todo los que hibernan, presentan unas cantidades elevadas de grasa parda en su organismo para que durante los meses de frío, esta libere todas las calorías necesarias para la supervivencia. Otra característica importante de la grasa parda es que parece ser capaz de regular el metabolismo tras haber ingerido una cantidad excesiva de comida.

Cuando ingerimos demasiadas calorías, nuestra temperatura corporal siempre sufre una variación. Es ahí cuando la grasa parda libera energía para volver a regular el equilibrio del organismo, quemando así más calorías.

En resumen: comiendo más, se queman más calorías, ¡un auténtico sueño! Lástima que la cantidad de grasa parda presente en nuestro cuerpo sean tan baja que no tenga ningún efecto.

La relación entre grasa blanca y grasa parda

¿Cómo transformar la grasa blanca en grasa parda? Existe una pequeña esperanza de que, al igual que la grasa parda de los recién nacidos se transforma en grasa blanca con el tiempo, también la grasa blanca pueda estimularse de alguna manera para convertirse en grasa parda. Son muchos los estudios que están buscando un fármaco capaz de provocar este cambio, aunque por ahora todos se encuentran en fase experimental.

El estudio que ha dado los resultados más esperanzadores se basa en la creación de grasa parda in vitro, utilizando células madre. Sin embargo, la introducción de esta grasa artificial en el organismo parece que provoca demasiados efectos secundarios para poder ser considerado como un método eficaz para curar la obesidad.

¿Cómo estimular la actividad de la grasa parda?

A la espera de que se descubra un método para convertir toda esa grasa blanca que nos aflige en grasa parda sana, podemos empezar a estimular diariamente la actividad de la poca grasa parda que tenemos en nuestro cuerpo. Aunque pueda parecer extremo, varios estudios sostienen que el mejor método para hacer que la grasa parda queme calorías es buscar deliberadamente la hipotermia.

Esto no significa correr por la nieve en bikini en pleno diciembre u organizar una cena en la terraza a -4 °C. Basta con mantener el termostato de la calefacción a una temperatura ligeramente más baja, aunque sin vestirnos como si fuéramos a escalar el Everest. De este modo, nuestro cuerpo debe hacer frente a la bajada de temperatura utilizando sus propios medios, y el primero de ellos será nuestra amiga la grasa parda.

Practicar una actividad física al frío parece un sistema especialmente eficaz para despertar las células de grasa parda. Una carrerita al aire libre o incluso una caminata rápida de media hora ayudan no solo a quemar las calorías liberadas por la grasa blanca, sino también a activar el funcionamiento de la grasa parda.

Tanto la grasa blanca como la grasa parda son importantes para nuestro metabolismo y para nuestra salud. Sin embargo, la investigación médica sobre la grasa parda es fundamental para conseguir acabar con la obesidad, no solo como un problema estético sino, sobre todo, para mejorar nuestra salud.

S. Monari

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