Niños obesos y malnutridos: ¿es posible?

En este artículo vamos a revisar cómo se llega a esta situación de la mano de una experta en nutrición infantil: la Dra. Susana Domínguez, autora del libro “Qué como y por qué” con la que ya hemos hablado en otra ocasión. Aquí puedes ver su anterior entrevista: Neofobia, cuando el niño se resiste a probar ciertos alimentos.

¿Es suficiente no excederse en las calorías para controlar el peso y llevar una dieta sana?

¡No, no basta! Desde hace unos años se sabe que, además del aporte calórico de los alimentos, su composición, origen y procesado influyen de forma esencial en el metabolismo. En otras palabras, tan importante como la cantidad de calorías es el tipo de alimentos que se ingieren.

Entonces, ¿se acabó el contar calorías?

No exactamente. De hecho, el sobrepeso y la mala alimentación arrastran consigo una estela de alteraciones en el metabolismo del azúcar y las grasas, además de otras complicaciones físicas y en la esfera psicológica. De ahí que debamos cuidar lo que comemos (el “qué”), y la cantidad (el “cuánto”).

En una sociedad donde los niños se llevan a la escuela en coche, hay ascensores en casi todos los edificios, y las actividades extraescolares (no deportivas) y la utilización de nuevas tecnologías se comen literalmente el tiempo de juego al aire libre, las necesidades energéticas (calorías) de todos son limitadas. Si luego resulta que hay nutrientes que son esenciales, es decir que el organismo necesita ingerir porque no puede obtenerlos a partir de otros (como algunos aminoácidos, grasas omega 3, vitaminas y minerales),  haremos bien en escoger con qué alimentos introducimos las calorías que necesitamos. 

Una máxima a seguir puede ser ésta: seleccionar las proteínas y las grasas que entran en casa, restringir los dulces y apostar por los carbohidratos, que suministran energía más lentamente, además de vitaminas y minerales. En definitiva, hay que realizar una atractiva, variada y adecuada combinación de alimentos. ¡No hay lugar para las calorías vacías!

¿Y cuál sería tu recomendación? ¿Cuál es la fórmula?

En general, cuanto más variada es la alimentación, más fácil es conseguir una dieta equilibrada. La elaboración, la presentación y el disfrute de los alimentos con tiempo y en compañía contribuirán a completar el placer que se espera de la comida. Cuando se trata de alimentar a una familia con niños de diversas edades, hacer converger estos objetivos requiere de algún tipo de aprendizaje nutricional, así como de perseverancia y una dosis de flexibilidad. A cambio, dedicar este esfuerzo de comprensión y determinación ayuda, tanto a los amantes de la plancha como a los que les fascina cocinar y experimentar, por una parte, a unificar criterios básicos (dependiendo del presupuesto disponible); y por otra, alimentar a pequeños y grandes, a los deportistas, y a los más tranquilos, a los golosos y a los "tiquismiquis", así como a favorecer el estudio y prevenir enfermedades.

¿Esto es sencillo de llevar a cabo? Lo cierto es que no. Pero si implicamos a los pequeños (y no tan pequeños) en la elaboración de la comida y en la presentación de la misma, conseguiremos mejores resultados. ¡Ojo! Los pequeños pueden ayudarnos a preparar el plato, pero nunca, nunca, decidir qué comer (esa decisión nos corresponde a nosotros).

Entonces, ¿la solución pasa por aprender algo de nutrición?

La nutrición resulta compleja, toda vez que intervienen diversas variables; pero alimentarse bien no ha de resultar tan complicado. De hecho, conocer a fondo el metabolismo de las grasas no es para nada imprescindible. Sin embargo, no deberíamos descuidar ciertos aspectos:

  • Procurar no excederse en las calorías totales ni en el montante de grasas saturadas y azúcares;
  • Esquivar las grasas trans y la comida demasiado procesada;
  • Proveer a los niños de forma regular de proteínas de alto valor nutricional y ácidos grasos esenciales;
  • Y hacer una buena selección de los alimentos con carbohidratos para que haya carburante suficiente sin altibajos y nos proporcionen otros compuestos bioactivos (probióticos, antioxidantes, vitaminas, minerales...) que son asimismo necesarios para la regulación de las funciones vitales. 

En contraposición, los productos con calorías "vacías" no sacian los requerimientos de nutrientes (algunos no los tienen) y aparecerá el "hambre oculta", es decir, una plenitud engañosa que encubre la verdadera sensación de hambre y de necesidad de alimentarse bien. Si la ingesta de alimentos poco nutricionales e hipercalóricos es continuada, puede dar lugar a una malnutrición encubierta (no es infrecuente encontrar deficiencias de hierro en algunos niños obesos, por citar solo un ejemplo).

Comer bien ya no significa hoy en día comer mucho sino comer un poco de todo lo saludable.

¿Sobrepeso y malnutrición no son excluyentes?

La persona obesa, niño o adulto, tiene un exceso de peso a expensas de mayor adiposidad. El "hambre oculta" es una falta crónica de micronutrientes, cuyos efectos pueden no ser aparentes de inmediato pero cuyas consecuencias pueden ser profundas y de largo recorrido. Es una amenaza creciente para la salud pública tanto en países avanzados como en aquellos en vías de desarrollo (afecta casi a un tercio de la población mundial). No debe ser confundido con la desnutrición o falta de macronutrientes (proteínas, calorías) que es un concepto cuantitativo asociado, en la mente de todos, al "hambre" a secas.

Parece trascendental... ¿tan importantes son las vitaminas y los minerales?

El hambre oculta debe conocerse, identificarse y evitarse por todos los medios, porque algunos efectos devastadores no pueden revertirse una vez que los daños aparecen...Por poner sólo algunos ejemplos: la falta de vitaminas y minerales provoca menor resistencia a las enfermedades; y en la época perinatal, trastornos del desarrollo cognitivo. Los casos de raquitismo (deformidades en los huesos) por falta de vitamina D se han multiplicado en los últimos 20 años.  

En contraposición a estos déficits nutricionales se erige el concepto de dieta equilibrada, que es aquella que provee adecuadas proporciones de grasas, proteínas, carbohidratos y, además, suficientes compuestos bioactivos.

¿Hay algún tipo de persona, sociedad o país con mayor riesgo?

Antes considerado un problema de países ricos, el sobrepeso y la obesidad crecen ahora en los países en vías de desarrollo, más en las zonas urbanas que en el medio rural. Según la OMS, 10 millones de niños con sobrepeso viven en países ricos pero llama la atención que más de 30 millones de niños con sobrepeso habitan en países pobres.

Esto es así porque los niños en los países de baja renta son más vulnerables a una ingesta poco nutritiva en el período neonatal, de lactancia y en la infancia. Al mismo tiempo, se exponen a productos alimentarios ricos en sal, grasa y azúcares, densamente energéticos que tienden a ser más baratos pero también parcos en micronutrientes. Y cada vez más, los sectores privilegiados de estos países están aumentando el aporte proteico en la infancia, factor que se ha relacionado con mayor riesgo de obesidad futura.

En los países avanzados, también los alimentos frescos se han encarecido y los estilos de vida han cambiado (ir a la escuela andando, cocinar, preferencia por el producto local y estacional... han sido dejados de lado). El ritmo de vida actual desprestigió primero e imposibilitó después la comida en familia. 

¿Tanto influyen los hábitos?

Se ha dado preponderancia al individualismo (mis horarios, mis deseos, mis gustos o preferencias...), en detrimento de la comunicación y el intercambio alrededor de la mesa, frente al guiso del día o la olla o puchero familiar, que cayeron en desuso inmerecidamente. Por otra parte, muchos alimentos  procesados aportan menos fibra y menos agua, son densos en calorías, baratos y ubicuos (están por todas partes, son asequibles y atractivos).

¿El resultado? Inducen a seguir comiendo, y se saltan los mecanismos naturales de la saciedad. Cuesta decir basta. Y al final esas calorías de más se acumularán... 

¿Un niño obeso, tiene más riesgo de carencias vitaminas y/ o minerales?

Sí, habida cuenta que lo que suele llevar a la obesidad, a día de hoy, es una dieta inadecuada. Hay estudios que informan que la falta de hierro (ferropenia) es el doble de frecuente en los niños obesos de 3-5 años y también en los de 12-16 años respecto a los que tienen un peso normal2. La comida rápida y los refrescos son ricos en calorías y, con frecuencia, pobres en micronutrientes. Eso lo sabemos. Pero además, el picoteo añade calorías al montante diario. Y estas calorías, muchas veces, son "vacías".

No es infrecuente encontrar hogares con integrantes obesos que sufren anemia (por falta de hierro, o de vitamina B12, o de ácido fólico) u otras deficiencias: zinc (dando lugar a alteraciones de la inmunidad), yodo (y las consiguientes alteraciones tiroideas), vitamina A (con afectación de la vista, inmunidad) vitamina D (huesos, inmunidad…), vitamina E (antioxidante, antienvejecimiento...)

La detección de una dieta inadecuada puede tardar en llegar porque en el caso del hierro, por ejemplo, la depleción puede tardar un tiempo en desembocar en una anemia de síntomas galopantes…

¿Que mensaje darías?

Adquirir conocimientos básicos, elementales, de nutrición ayudaría a tomar conciencia y determinación, de forma individual y colectiva, para esforzarse en aprender hábitos saludables y estrategias de planificación y organización que permitan recuperar de forma sencilla la agradable y sana costumbre de la comida familiar. 

 

Fuentes

1. Qué como y por qué: nueve claves para una alimentación familiar saludable, Susana Domíguez, Ed. RBA (2014)

2. Pediatrics 2004;114:104-108.

Otros contenidos del dosier: Obesidad

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