¿Dormir separados para reforzar el deseo?

“Dormimos separados”, confía una mujer. Enseguida, su amiga frunce el ceño, como pensando: “detecto problemas o incluso un divorcio inminente”. Pero ¿y si se tratara de otra cosa, de una sugerencia hecha por su sexólogo para reforzar el deseo y encender la llama de la pasión?
A la doctora Paris parece no disgustarle la idea: “Una pareja que lleva muchos años junta pasa, inevitablemente, por muchas etapas; dormir separados puede representar una etapa necesaria”.

La pareja, en continua evolución

Una pareja constituye un ente vivo en evolución constante y, como tal, suele atravesar noches apasionadas, noches tiernas… y también, a veces, noches en habitaciones separadas. ¿De dónde surge esta necesidad? En la etapa pasional esta cuestión ni se plantea, claro. Los dos amantes respiran, comen y duermen juntos. El estado de gracia en que vive la pareja trasciende cualquier motivo de reproche, pero estos llegarán tarde o temprano… Así, el ronquido que al principio nos parecía gracioso, ahora se vuelve insoportable, y el deseo del otro de hacer el amor nada más meterse en la cama, irritante. “Este es un motivo de consulta frecuente”, admite Paris.

Lo que permitirá a la pareja mantenerse en el tiempo es el respeto a la intimidad de cada uno, también en la cama. La vida en común no debe imponerse desde la mañana hasta la noche. La experta es clara: “Es necesario que haya momentos de distancia para evitar la saturación”.

La habitación compartida como desafío para el deseo

A la larga, dormir en la misma cama puede producir efectos nocivos en la sexualidad de la pareja. “El acto sexual no lo provoca el deseo real, sino la proximidad. El único objetivo es la búsqueda de la satisfacción”, explica Paris.
En estos casos la sexualidad es resultado de una oportunidad, un poco como si cogiéramos cada día un bombón de una caja abierta, con la pérdida de entusiasmo que eso conlleva. El cuerpo del otro está al alcance de la mano, accesible. Paulatinamente el valor de la unión sexual se degrada y el deseo se apaga. 

Los beneficios de dormir separados

La necesidad de dormir separados puede esconder el anhelo de reencontrarse. Cuando se vive en pareja no es raro que la intimidad se sacrifique en favor del deseo de compartir cada instante del día. Pero a la larga uno ya no sabe ni quién es, tampoco sexualmente. “Cada miembro de la pareja necesita su espacio para cultivar la sexualidad, las fantasías y las prácticas autoeróticas”, explica Paris.

En este sentido, dormir en habitaciones separadas puede reactivar la “intencionalidad sexual” y poner en marcha la seducción. Si uno decide visitar la habitación del otro es porque siente deseo y quiere mantener relaciones. “El acercamiento sexual requiere un esfuerzo”, agrega la experta. Esta alternativa supone romper la rutina.

Una decisión no exenta de peligros

Hay que descartar, sin embargo, que el deseo de dormir separados no esconda un deseo de poner distancia. Los argumentos esgrimidos, perfectamente comprensibles ­–ronquidos, horarios desfasados que afectan a la calidad del sueño, etc.–, pueden tapar el deseo de alejarse del otro.

En efecto, dormir juntos contribuye a crear un vínculo, eso es innegable. “No dejamos nunca de enviar informaciones conscientes e inconscientes”, recuerda la experta. El momento que precede al sueño propicia el intercambio, la conversación, la escucha, ternura… “Hay un sinfín de interacciones que nutren el amor y el deseo”, agrega Paris. La ternura, la confianza y la complicidad son ingredientes preciados que nos permiten entregarnos al acto sexual.

Por otra parte, dormirse en los brazos del otro, en ese contacto piel con piel, evoca una memoria arcaica animal, la del niño acurrucado en los brazos de la madre. Ese tejido de lazos complejos constituye el cimiento de una pareja y de una relación sexual satisfactoria.

Una búsqueda equilibrada

La clave del deseo en pareja reside en esa incesante búsqueda de equilibrio entre ternura, deseo, complicidad y ausencia. “No se trata de decidir dormir separados para nunca más volverlo a hacer juntos”, señala la experta.
Hay momentos en que se siente la necesidad de intimidad y otros en que se quiere amar tiernamente. Por ello, para que la decisión dé sus frutos, las dos personas deben estar de acuerdo. Imponerla puede resultar contraproducente y producir dolor. Y a la inversa, negarse a considerar la demanda del otro puede provocar conflicto. De ahí la necesidad de llegar a un acuerdo que sirva para volver a encender la llama.

C. Maillard

Otros contenidos del dosier: Del deseo al acto sexual

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