¿Me masturbo demasiado?

¿Cuánto es demasiado?

Si ya es raro que hablemos con nuestros amigos y conocidos de la masturbación, es bastante más extraño que comentemos la frecuencia con la que lo hacemos, así que normalmente no sabemos si estamos por encima o por debajo de la media y es fácil que pensemos que nuestra frecuencia no es “normal”.

Es muy habitual que durante los años de pubertad y adolescencia la masturbación sea mucho más frecuente, incluso varias veces al día. Además, uno de los efectos positivos de la masturbación es que relaja y desestresa, así que hay momentos en nuestras vidas en los que podemos aumentar la frecuencia, por ejemplo en periodos de exámenes o en picos de trabajo (una vez en casa, claro, en la oficina no suele estar bien visto).

Cuando pasamos por periodos de bajo deseo sexual también puede afectar a las relaciones sexuales con uno mismo así que pueden pasar muchos días o meses sin masturbarnos, simplemente porque no nos apetece.

Así que, como en muchas otras cosas, no hay una frecuencia buena ni mala, depende de nuestras ganas y nuestras necesidades. Más que en el número de masturbaciones, se valora cuando hay un problema según la sensación de ansiedad cuando no se practica, cuando afecta a la vida diaria e impide realizar actividades que se hacen normalmente como ir a trabajar.

Mitos sobre la masturbación frecuente

Durante todos los años en los que la masturbación ha sido un tema tabú, han surgido numerosos mitos acerca de las consecuencias negativas de la masturbación. Actualmente, aunque se habla mucho más abiertamente del tema, permanecen ciertas falsas creencias que aumentan la preocupación de las personas y fomentan el sentimiento de culpa.

Los mitos más frecuentes son acerca de la relación de la masturbación con el control eyaculatorio y la erección masculina. Algunos hombres creen que el motivo de su problema de eyaculación rápida es que se han masturbado o se masturban con mucha frecuencia. La masturbación suele ser primera relación sexual genital que tenemos en nuestras vidas, así que nos ayuda a conocernos en este terreno y a practicar con nuestros cuerpos lo que queremos sentir con el cuerpo de otra persona. Ocurre que, generalmente, al masturbarnos no nos deleitamos en las sensaciones sino que vamos directas/os a lograr un orgasmo. El control de la eyaculación no es innato, es algo que pide la sociedad a los hombres desde hace muy poco (hace solo 50 años eyacular rápido era signo de virilidad), algo que hay que entrenar. Si un hombre utiliza la masturbación para practicar el control de la eyaculación, supondrá una gran ventaja a la hora de las relaciones sexuales en pareja pero si va directo al orgasmo simplemente no lo está entrenando, así que es más difícil que logre hacerlo en una situación en la que no controla todos los factores, como un coito. Es decir, la masturbación no provoca eyaculación rápida y de hecho puede ayudar a entrenarla.

Otra duda frecuente es acerca de la relación entre la masturbación y la erección. No hay ninguna relación entre una cosa y otra. Hay hombres que notan que si se masturban y el mismo día intentan tener relaciones sexuales les cuesta mantener la erección, pero este efecto sería igual si tratan de tener dos relaciones sexuales seguidas. Otros, en cambio, utilizan la masturbación para tener mejores erecciones poco después.

Masturbarse tampoco afecta a la excitación, algunas personas creen que como en la masturbación logran excitarse y llegar al orgasmo de forma muy sencilla, están “malacostumbrándose” y luego les costará más hacerlo cuando estén en pareja, especialmente si usan vibradores. No hay manera de malacostumbrarse en el sexo, es como cualquier otro placer, parecido a si pensamos que si comemos algo que nos gusta mucho luego no disfrutaremos del resto de las comidas.

Cuando sí es un problema

Aunque en la mayor parte de los casos la masturbación no solo es inocua, sino potencialmente beneficiosa, en ocasiones puede suponer un problema. En esos casos se deberá acudir a un psicólogo especialista en adicciones para superarlo. Esto ocurre cuando:

-        La práctica de la masturbación te impide realizar tu vida normal, no vas a trabajar, no haces vida social y prácticamente no haces otra cosa que no sea masturbarte.

-        Sientes el impulso irrefrenable de masturbarte en situaciones poco adecuadas, como lugares públicos o delante de otras personas.

-        Si pasa mucho tiempo sin poder masturbarte te sientes mal, ansioso y te afecta al sueño y la alimentación.

-        La forma en la que lo haces provoca lesiones en tus genitales, como irritación o inflamación o has dañado tus muñecas (en este caso la primera visita será al médico).

Otros contenidos del dosier: Masturbación

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