Método BLW: los beneficios de que el bebé coma solo

Para muchos padres, la alimentación complementaria de los bebés es sinónimo de papillas y comida triturada. La experiencia no siempre es agradable: el niño gira la cabeza en un claro gesto de desinterés y los progenitores, ante la angustia de que este no coma, emplean todo tipo de técnicas de distracción o, lo que es peor, le introducen a la fuerza las cucharadas colmadas de puré.

Para pediatras como Carlos González, obligar a los niños a comer es una gran equivocación. No solo desde el punto de vista ético, sino porque muchas veces terminan peor alimentados. A los niños se les da una gran cantidad de cereales, frutas y verduras, cuando lo que más necesitan durante el primer año de vida es, sobre todo, leche (materna, idealmente), advierte el pediatra en Un regalo para toda la vida. En ese mismo libro, González explica que el principal objetivo de la alimentación complementaria “es que los niños se vayan acostumbrado gradualmente a la alimentación normal de los adultos”. La introducción de los alimentos en la dieta del bebé debe ser, pues, una etapa de exploración y aprendizaje. Y al niño al que se le dan papillas “no está aprendiendo a comer solo, ni está aprendiendo a masticar, ni está aprendiendo a disfrutar de la comida”, escribe González.

Las ventajas de que los bebés coman solos

Así pues, en opinión del pediatra y de otros expertos, lo mejor es dejar que los niños coman solos. El método se conoce como baby-led weaning o alimentación regulada por el bebé ­–porque él decide qué y cuánto come– y su puesta en práctica es sencilla: basta con presentarle los alimentos preparados y cortados de manera de evitar el atragantamiento para que este los coja con las manos y se los lleve a la boca. “Al principio comen muy poco, juegan más que nada”, advierte Susana Ambrosy, pedagoga especialista en nutrición y directora de la escuela infantil El Girasol de Madrid, “pero con el paso del tiempo la mayoría va familiarizándose con los alimentos hasta comer normalmente”.

El método no es descabellado: a la edad en que se introduce la alimentación complementaria los bebés se lo llevan todo a lo boca, así que ¿por qué no dejar que hagan lo mismo con una zanahoria o un macarrón? Permitírselo tiene, además, muchas ventajas. “Los niños que comen solos desarrollan mucha autonomía y una gran habilidad óculo-manual”, comenta Ambrosy. “Asimismo, disfrutan de la comida, porque diferencian sabores y texturas, y se integren mejor en la mesa”, añade.

Requisitos y recomendaciones para comer solos

Para que el método funcione, sin embargo, deben darse una serie de requisitos. “El reflejo de expulsión tiene que haberse retraído hacia la campanilla, porque si está en la punta de la lengua el niño escupirá cualquier alimento que se lleve a la boca. Esto también pasa con las papillas, pero al ser más líquidas resultan menos violentas. También es necesario que los músculos de la masticación y las encías estén lo suficientemente fortalecidos, lo que puede no darse a los seis meses exactamente”, explica Ambrosy.

También es importante que el niño demuestre interés por la comida. “Si nos roba una patata del plato, es muy posible que esté listo para comer solo”, ríe Ambrosy. “Lo mejor, en cualquier caso, es ir probando. Puede que un bebé no esté preparado para comer solo a los seis meses, pero sí a los ocho”. Si se quiere hacer la transición de un método a otro, la pedagoga sugiere poner tropezones en las papillas para que el pequeño se acostumbre a la comida sólida poco a poco. Y, dado que con este método los niños al principio comen poco, es necesario vigilar su peso y su conducta. “Si bajan mucho de peso o se muestran decaídos, es mejor suspender este tipo de alimentación y volver a las papillas”.

Consejos prácticos para un buen baby-led weaning

La alimentación regulada por el bebé requiere servir los alimentos de una manera determinada para evitar accidentes:

  • La manzana, por ejemplo, es mejor no ofrecerla en trozos, sino rayada, porque por su textura suele provocar atragantamientos.
  • Las verduras hervidas pueden cortarse en dados o en palitos que el niño pueda coger con las manos.
  • La carne o el pollo pueden cortarse en tiras muy finas y largas, transversales a la fibra.
  • La pasta, las legumbres o el arroz no requieren de una presentación especial.
  • Los alimentos pequeños y redondos, como las uvas, deben evitarse porque pueden obstruir la garganta.

Fuentes:

- Entrevista a Susana Ambrosy, pedagoga especialista en nutrición y directora de la escuela infantil "El Girasol" de Madrid

- González, Carlos. Un regalo para toda la vida. Editorial Temas de hoy.

Otros contenidos del dosier: Alimentación del bebé de 6 meses a 1 año

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