Trastornos digestivos del lactante

El muguet

Si el bebé presenta unos puntos blanquecinos en los labios, la lengua, el paladar o el interior de las mejillas (como si fueran posos de leche), puede tratarse de una micosis (afección por hongos) llamada muguet. Esta afección conlleva la irritación dolorosa de la boca e impide que el niño se alimente bien. El pediatra le recetará un tratamiento antifúngico local o general y cuidados corporales estrictos que será necesario seguir entre diez y quince días hasta que desaparezcan las lesiones, que pueden propagarse a las nalgas.

Dolores de esófago

El bebé se niega a mamar, está molesto y regurgita con facilidad: los eructos ácidos le irritan la mucosa del esófago y le provocan dolores abdominales durante y después de las comidas. El pediatra le recetará un gel que se tendrá que administrar antes o después de las tomas. Tras la toma, se sujetará al bebé en posición vertical contra el cuerpo, mientras se le sostiene por la cabeza y la base de la columna vertebral. Al acostarlo, deberá tener la cabeza algo más elevada que el resto del cuerpo.

El hipo

Se trata de un movimiento reflejo del diafragma, el músculo que separa el tórax del abdomen. El hipo se presenta tras la toma y dura solamente unos minutos. No conlleva ninguna gravedad. Es signo de que los alimentos han llegado bien al estómago y lo han distendido. Por regla general, el niño soporta bien el hipo, pero no está de más hacerle mimos cuando se produzca.

Ictericia por la leche materna

Si el bebé presentaba ictericia tras el parto, es normal que la coloración amarillenta de la piel y las mucosas persista hasta pasados diez o quince días. Si se prolonga más tiempo y el niño se alimenta con leche materna, debería consultar con el pediatra: probablemente se trate de ictericia por leche materna. Esta situación, que no reviste ninguna gravedad, no supone que deba suprimirse la lactancia materna. Desaparecerá si se elimina la leche materna o bien si ésta, después de extraerse con un sacaleche, se calienta hasta alcanzar los 57 0C.

Negativa brusca a comer y a beber

El bebé rechaza el pecho o el biberón, se queja a intervalos regulares y sufre vómitos, llora y se mueve agitando las piernas sin que nada consiga tranquilizarlo. De repente, palidece agotado y, luego, el dolor vuelve a empezar. Debe acudirse a un servicio de urgencias: es posible que una porción del intestino se haya metido hacia dentro como «al darle la vuelta a un calcetín», lo que ha provocado una oclusión intestinal: es lo que se denomina invaginación intestinal aguda.

Los cólicos

¿Por qué llora el bebé? ¿Se encuentra mal? ¿Tiene hambre? ¿Qué quiere? ¿De qué se queja? Hasta los 3 meses, tanto si se les alimenta con leche materna como si se les da el biberón, ciertos bebés lloran de forma inexplicable y periódica. Tradicionalmente, estos llantos, a menudo violentos, se atribuyen a una sensación de «malestar» relacionada al mismo tiempo con un conjunto de problemas digestivos y con las dificultades de establecer los ritmos del sueño. Suelen producirse al final de la tarde.
El niño está molesto, aunque ha comido hasta saciarse, ha eructado y se desarrolla con normalidad. Pronto se aprende a distinguir el llanto de hambre, de enojo, de sufrimiento y de llamada.
No se duerme, o se ha dormido pero se despierta demasiado pronto; grita y llora con fuerza, se retuerce y palidece; está incómodo. No tiene necesariamente hambre. No
hay que darle una toma suplementaria, sino cogerlo en brazos, mecerlo o aprovechar ese rato para sacarlo a pasear; el vaivén del cochecito puede calmarlo y conseguir que se duerma.
Tiene la barriga hinchada, tensa y sonora; echa gases más o menos olorosos. Ha tragado demasiado aire al beber o al llorar. Lo mejor es darle una masaje suave en la barriga, de derecha a izquierda, al cambiarle, pasearlo poniéndole la mano en el vientre; el contacto y el calor de su mano pueden bastar para calmarle; acuéstelo boca abajo.
Las deposiciones del niño desprenden a menudo un olor agridulce, son poco consistentes y de un color verdoso; su acidez puede favorecer la aparición de lesiones rojizas y supurantes en las nalgas: la dermatitis amoniacal o de Jacquet.
La alimentación rica en lactosa de la leche conlleva un exceso de fermentación. Una pomada cicatrizante o un tratamiento específico recetado por el pediatra pondrán fin a las zonas enrojecidas.
Está estreñido, llora, se retuerce, defeca con dificultad y se pone colorado cuando intenta expulsar las deposiciones, que son poco frecuentes, secas y fragmentadas en bolitas. Es aconsejable darle un masaje en la barriga y un poco agua o de zumo de frutas. Si le da el pecho, coma más frutas de temporada. Cuando los problemas persisten, consulte con el pediatra; no administre laxantes al niño, no lo atiborre de zumos de frutas, que irritan los intestinos, y no cambie de leche sin el consejo del pediatra.

Otros contenidos del dosier: Alimentación del bebé hasta 6 meses

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