Bebé prematuro: un shock emocional para los padres

Cada año nacen en el mundo 13 millones de bebés prematuros, según datos de la OMS. En 2009 hubo en España 41.000 nacimientos que no habían completado su periodo de gestación. En Francia, la cifra anual de partos pretérmino es de 55.000.
Fue precisamente en el país vecino donde Charlotte Bouvard creó la asociación SOS Préma, cuya primera función es escuchar y dar apoyo a los padres de bebés nacidos antes de la semana 37. “Porque no son padres como los otros. Su experiencia es diferente. Es traumático dar vida con la muerte al acecho”, dice Bouvard.
Myriam Dannay, psicóloga clínico y consultora de la asociación, asegura que “dar a luz a un bebé de 780 gramos es terrible porque el entorno, cuando ve a los padres en casa, ve a un bebé. El problema es que no han visto cómo era antes”.

Bouvard explica que la finalidad de su asociación es “ayudar a las familias, facilitar el encuentro y el apoyo entre ellas”. Es muy importante poder proyectarse, dice. “Yo también he pasado por eso. Existen trucos, consejos prácticos, pero sobre todo testigos”.
En la mayoría de los casos, el ginecólogo detecta signos que alertan de un parto prematuro, lo que permite preparar a los padres para este acontecimiento particular. Bouvard, sin embargo, llegó a urgencias sin saber que daría a luz anticipadamente: “Es como un accidente, hay un antes y un después. Llegar al hospital con sirenas… Señora, le vamos a hacer una cesárea, te dicen. Que te extraigan a un bebé de manera urgente es como una amputación, como una separación. El shock no deja tiempo para preguntarse si el hecho en sí es bueno o malo. Es una alegría, por supuesto, pero sobre todo una catástrofe”.
El tiempo de hospitalización dura varios meses, tiempo durante el cual los padres deben resignarse a llegar a casa solos cada noche, sin su bebé.
“La separación es extremadamente dolorosa, aunque uno se proteja. Yo me blindé para no hacerle frente a la realidad, pero cuando lo hice fue un momento increíble duro”, admite Bouvard.
Desasosiego, culpa, sentimiento de injusticia… Las emociones se suceden en la cabeza de los padres de bebés prematuros, sin embargo, quedan relegadas a un segundo plano, ya que la prioridad es la supervivencia del pequeño.
Dannay explica que todas estas emociones violentas se reprimen porque el bebé está internado, porque hay que ir cada mañana a verle al hospital. Es más tarde, cuando la familia ya está reunida, que las emociones explotan. Entonces los padres nos llaman, sobre todo las madres, y dicen: “Mi hija nació prematuramente, ahora tiene 2 años, está bien y no entiendo por qué yo no lo estoy. Estoy casada, tengo trabajo y, sin embargo, me siento mal. ¿Qué me pasa? ¿Es normal?”. “De manera que hay que decirles a los padres que sí, que es normal sentir emociones que no tienen nada que ver con el hoy, que la prematuridad no termina al salir del hospital, sino que continúa”, afirma la especialista. “Es también el momento de hablar de lo traumático que es un nacimiento prematuro”.
Los padres, aunque no sientan la misma culpa que las madres, están igual de movilizados; por ello es importante que puedan expresarse.
Según Dannay, los padres se implican mucho en la prematuridad. Acompañan a la mujer, hacen el seguimiento del bebé, dan noticias a los amigos y familiares, van a trabajar… Y muchos, aunque no lo digan, aún sienten la angustia de haber pensado, en un momento dado, que iban a perder a su mujer en el parto, que a menudo es dramático.
En la mayoría de los casos, el bebé sobrevive, pero ¿con qué secuelas? Después de la angustia de la muerte, las emociones de los padres oscilarán entre el optimismo y el pesimismo, dependiendo de la evolución del bebé.
“Cada día es un día ganado y poco a poco los padres se van dando cuenta de que puede haber secuelas”, señala Bouvard. Y agrega: “Pero todo resulta muy incierto, porque las secuelas pueden manifestarse en cualquier momento, a la hora de aprender a leer y escribir, por ejemplo, pues es cuando es posible detectar, en los bebés que han sido muy prematuros, problemas de aprendizaje. Hay que aprender a vivir con todo ello, por muy difícil que sea”.
Serán los propios hijos los que darán confianza a los padres, a través de sus habilidades y capacidades, etc. “Pero esta cuestión de la prematuridad siempre subyace”, apunta Dannay. “Hay madres que llaman diciendo la profesora me ha dicho que mi hijo sujeta mal el bolígrafo, ¿es una consecuencia de haber sido prematuro? o hace seis años, la profesora me dijo que lo veía un poco agitado, ¿es por la prematuridad?”. De manera que hay toda una serie de cuestiones que estos padres se preguntan y que los padres de niños nacidos a término jamás se hacen.
K. Lubasch y A. Pelletier

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