El sueño del bebé durante el primer mes

Mientras duerme, el bebé termina de desarrollarse tanto físicamente como en lo que se refiere a sus funciones cerebrales. La hormona del crecimiento se secreta en las fases de sueño lento. Durante las fases de sueño paradójico (véase el apartado «Los seis estados de sueño y vela del recién nacido», en el recuadro), se inscriben en la memoria las primeras experiencias, lo que aprende cuando está despierto. Por este motivo, resulta fundamental respetarle los ritmos del sueño, cuya regularización se alcanza de forma progresiva. Los cuatro primeros meses suponen básicamente un período de adaptación difícil para el bebé y es preciso facilitárselo creando a su alrededor un clima afectivo relajado. El bebé es muy sensible al estado de ánimo de quienes lo rodean y necesita mimos. Así pues, hay que tratarle con dulzura, pero sin olvidar la firmeza. Hay que saber dejar llorar al niño en la cuna antes de apresurarse a darle de comer, por ejemplo, si no le toca. Necesita organizarse el sueño él solo. De este modo se le ayuda a adquirir autonomía y equilibrio.

El primer mes: pendientes del recién nacido

El recién nacido tiene que hacer muchas cosas. Tiene que adaptarse a un entorno sonoro, visual y afectivo que va descubriendo día a día, siempre dominado por sus
propios ritmos biológicos y sus funciones naturales: el sueño y el hambre, una sensación nueva, que experimenta desde que no recibe alimentos a través del cordón umbilical.

Respeta su sueño

El recién nacido duerme mucho: de dieciséis a veinte horas al día, de las que más de la mitad son de sueño paradójico. Durante las primeras semanas, no distingue entre el día y la noche. Se despierta llorando porque tiene hambre, por regla general, cada tres o cuatro horas. Debe procurarse no interferir en su sueño, ya que necesita enlazar de forma natural las fases de vigilia y de sueño para conseguir adaptarse. Deberá intentar seguir su ritmo: duerma cuando él duerme, así podrá recuperarse al máximo.
Mantenga a su alrededor un entorno tranquilo y armonioso, no con un silencio absoluto pero sí con ausencia de ruidos fuertes (aspirador, portazos, etc.). Aprovecha sus ratos de vigilia para alimentarlo, cuidarlo, mimarlo y sacarlo a pasear. Será necesario esperar aún algunos meses más, según el bebé, para que se despierte menos de noche.

Tranquilízalo

El niño se adapta mejor a la nueva vida si se le proporciona sensación de seguridad.
Unos cuantos principios básicos sirven para crear las condiciones adecuadas: Cama o cuna confortables. El bebé pasa echado muchas horas y el capazo, tan agradable, pronto se le queda pequeño. Al niño le gusta reconocer el color, el olor y la forma de su cama. Le encantará contar con algunos elementos que se convertirán en un universo familiar y divertido: algunos peluches, un móvil, etc.
No cambiarlo de cama. Si se le pasa a otra habitación para mantenerlo tranquilo, conviene llevarlo en su cuna para que conserve los puntos de referencia. Del mismo modo, en las salidas de fin de semana o de vacaciones, es aconsejable llevar la cuna plegable, que se ha convertido en algo familiar.
Cogerlo en brazos tras las tomas. Echado sobre su madre o acurrucado en brazos de su padre, recupera las voces, los olores y los gestos que lo tranquilizan. Pero hay que separar los mimos del adormecimiento para que aprenda a dormirse solo en la cama.

Déjalo llorar

De vuelta en la cama tras los mimos posteriores a la toma, si todavía no lo ha hecho, puede dormirse a costa de algo de llanto. Hay que dejarlo llorar: es su forma de adquirir el sueño. Evidentemente, debe comprobarse que no le incomode nada, que no tiene demasiado calor y que va limpio, pero no hay que volverlo a coger en brazos: si los lloros persisten, pruebe a tocarlo con la mano para tranquilizarlo mientras le dice algunas palabras o le canta una canción de cuna, pero sin estimularlo demasiado; acabará por dormirse. No conviene que la madre lo lleve a su cama por la noche, ya que podría quedarse dormida antes de volverlo a poner en la cuna, con el riesgo de dañarlo sin querer.

Hay que dejarlo dormir

Es inútil intentar «educar» el sueño del recién nacido: hay que dejar que encuentre él solo sus ritmos. Se necesitan varios meses para que consiga el equilibrio. No se deben perturbar los ciclos de sueño del bebé. No hay que confundir los estados de vigilia con los de sueño paradójico activo, en que parece agitado, abre los ojos, sonríe o lloriquea dormido. No lo coja porque crea que la llama; le costará volverse a dormir. Espera a que se manifieste de forma más clara. Pronto distinguirá la diferencia. Si llora, conviene ir a verlo para asegurarse de que todo va bien, pero se debe resistir el impulso de cogerlo y darle de mamar. De este modo, se evitará el círculo vicioso de la agitación y la sobrealimentación, que sólo conseguirá distanciar más al niño del sueño.

Los seis estados de sueño y vela del recién nacido

Para el adulto, el sueño es la sucesión de varios ciclos que comprenden dos grandes períodos: el sueño lento y el sueño paradójico, llamado así debido a la aparente contradicción entre el estado de sueño y la animación del cuerpo de la persona dormida: rostro expresivo, movimientos oculares desordenados, pulso y respiración rápidos y actividad eléctrica cerebral más intensa (es cuando se sueña).
Entre el sueño y la vela, el recién nacido puede situarse en uno de los seis «estados» siguientes. El conocimiento de estas distintas fases permite comprender mejor las reacciones del niño y respetar sus necesidades.

  • Fase 1: sueño lento. El bebé duerme con los puños cerrados, sin la menor agitación visible, pero sus músculos se mantienen tónicos. Durante esta fase se secreta la hormona del crecimiento.
  • Fase 2: sueño paradójico activo. El bebé se muestra agitado, con expresiones faciales (sonrisas, crispación), mueve los ojos bajo los párpados entreabiertos, las manos o los pies efectúan ligeros movimientos y su respiración es irregular, con pausas que pueden durar quince segundos. Da la impresión de que el niño se va a despertar en cualquier momento.
  • Fase 3: adormecimiento. El bebé se encuentra en un estado provisional de semisomnolencia. No hay que cogerlo ni hablarle en este momento: podría despertarse.
  • Fase 4: vela tranquila. El bebé está tranquilo, atento a su entorno, se mueve poco pero «responde» con el esbozo de una sonrisa o una expresión.
  • Fase 5: vela activa. El bebé presenta una gran tonicidad y se muestra más bien agitado, mueve los brazos y las piernas. Da la impresión de poderse poner nervioso con facilidad.
  • Fase 6: vela agitada. El bebé se pone nervioso, gime, llora intensamente y, a pesar de todos los esfuerzos, no se calma. Durante las primeras semanas, estas fases son más frecuentes y más prolongadas que las de vigilia tranquila o de sueño lento. Más adelante se van reduciendo hasta desaparecer hacia el tercer mes.

Otros contenidos del dosier: Sueño del bebé hasta 6 meses

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