Neofobia: cuando el niño se resiste a probar nuevos alimentos

- Revisando tu libro, encontramos términos tan interesantes y poco conocidos como el de neofobia, ¿en qué consiste?

 - Pues no es más que la resistencia de los niños pequeños a probar nuevos alimentos. Es un fenómeno natural que nos protegería en las primeras etapas de la vida de la ingesta de productos no comestibles o en mal estado, de la misma manera que uno no comería una seta que no conociera o viera comer a los demás.

- Por tanto, no aparece ya desde la lactancia… ¿o sí? 

Su incidencia es mínima en el lactante pero aumenta rápidamente alrededor de los dos años de edad y se prolonga por un espacio de tiempo variable. Entre los 2 y 5 años, que es precisamente cuando el niño adquiere su autonomía sobre las cosas que se lleva a la boca, aumenta la frecuencia de casos de neofobia.

- La neofobia puede tener cierta repercusión en el crecimiento de los pequeños, ¿es así?

Naturalmente, los niños con más reparo en probar alimentos nuevos comen de forma más monótona y menos saludable que los niños que han despertado su curiosidad por "comer de todo". Cashdan  publicó unas listas de alimentos rechazados, confeccionadas por los propios padres de estos niños. Y resulta curioso un dato: la mitad de los alimentos de la lista eran vegetales. También se ha visto que estos niños, además de una variedad menor de alimentos, consumen más grasas saturadas. 

- ¿Y cómo lo viven los padres? ¿Tienen la suficiente paciencia?

- La reacción de los padres es variable. Algunos creen erróneamente que este rechazo es definitivo y desisten. Unos pocos deciden obligar al niño, estrategia infructuosa y poco recomendable que acaba en la confrontación y a veces con el aborrecimiento irreversible. Tampoco se debe negociar ni premiar. Los que invitan a los pequeños a compartir mesa y alimentos de forma natural y repetida, con insistencia paciente pero sin coacción ni alabanzas, tienen más probabilidades de éxito porque el niño adquiere confianza, se siente acogido y lo vive como un privilegio y no una imposición.

- ¿Algún consejo a la hora de instaurar nuevos sabores y nuevos productos?

- Claro. Sobre todo, no forzar. Si no se ve forzado, es más probable que el niño acceda  a dar un bocado y se contagie del entusiasmo o la naturalidad con que la familia lo devora. Hay estudios que demuestran que cuanto menor es la presión parental ejercida, mayores son las cantidades que el niño ingiere del alimento ofrecido y menos comentarios negativos se escuchan. También es útil que los niños vean a sus iguales comer lo mismo. Esto es lo que sucede precisamente en los comedores escolares o en las visitas de los niños a otros hogares con niños. Puede resultar de ayuda presentar nuevas opciones que recuerdan a las tradicionales, a las que ya están habituados. Esta es la clave del éxito de las hamburguesas vegetales o las de pescado...

Asimismo si se ofrece una gran variedad de vegetales durante algunos días seguidos aumenta la probabilidad de que les acaben gustando. De nuevo, si conseguimos que los prueben, por imitación y no por obligación, acabarán por gustarles. 

- ¿Insistir? ¿Cuántas veces son necesarias? ¿Veinte, treinta, cincuenta?

- Se dice que los niños requieren alrededor de 8-10 intentos para conseguir mejorar la aceptación del alimento. 

- Aquí los familiares suelen “meter baza”. Frases como: “Si fuese mi hijo, se lo comía seguro” pueden ser difíciles de afrontar por los padres. ¿Qué consejos podemos darle a éstos?

- Lo primero que se requiere es un ambiente relajado, de confianza y estabilidad. Los niños aprenden a comer por imitación y si los hábitos de los adultos en la mesa son adecuados es más probable que los niños quieran copiarles. La comida debe presentarse de forma atractiva y sencilla; pero no debe llevarse a la boca de los niños con autonomía suficiente. Ponga a disposición de los niños alimentos genuinos sin mezclas complicadas, que puedan ser identificados y no los disfrace con salsas ni elaboraciones sofisticadas.

- ¿Y nada de dulces ni bollería? 

- Paralelamente a la disponibilidad de varios tipos de fruta, permita en la merienda, de vez en cuando, alguna de las opciones más populares pero con menos ventajas nutricionales. Evitará enquistar el concepto de alimentos prohibidos y que se desarrolle un obsesivo interés por los mismos. Otra estrategia válida es permitir que los niños escojan entre dos alimentos del mismo grupo: ¿pera o manzana? pero no ¿pera o yogur?

- ¿Cualquier momento es bueno para introducir los cambios?  

- La verdad es que no. Por ejemplo, no se deben introducir cambios en la dieta del niño cuando está indispuesto porque la posibilidad de que aparezca la asociación con su malestar condicionará muy probablemente en el futuro el rechazo del alimento recién introducido. Si el día que te traen cerezas te duele el estómago, es muy probable que se quiten las ganas de seguir deleitándote con esta fruta. Por contra, las asociaciones positivas de alimentos introducidos durante eventos festivos y todo tipo de celebraciones son de todos conocidas ¡Todos quieren castañas en Halloween!

Imagen: RBA

- Hay algunos estudios que indican que la neofobia podría tener un componente hereditario. ¿Qué se sabe, a ciencia cierta, de todo esto?

- El rechazo a los alimentos nuevos, la neofobia, podría ser una característica genética, como el color de los ojos según un artículo publicado por Wardle y colaboradores en la Revista American Journal of Clinical Nutrition en el 2007.  Pidieron a los padres de 5.390 pares de mellizos idénticos y no idénticos completar un cuestionario sobre la disposición de sus hijos a probar alimentos nuevos.

Los mellizos idénticos, que comparten todos los genes, tenían mucha mayor probabilidad de responder de igual modo a los alimentos nuevos que los mellizos no idénticos, que solamente comparten la mitad de sus genes.

De todas formas, habría mucho que criticar de estas conclusiones, puesto que aunque inicialmente se pensó que era la circunstancia perfecta para realizar el estudio, vivir en la misma casa no significa recibir exactamente el mismo trato. Se sabe que los hermanos pueden asumir distintos roles para asegurarse una atención más individualizada...

Por lo tanto,  hablando de neofobia, la genética no es ninguna condena porque sabemos, tanto por la observación como por los estudios experimentales, que la neofobia mejora y remite al utilizar las técnicas adecuadas de alimentación y de modificación del entorno.

- La revista Appetite en un número reciente, indicaba que son las verduras crudas y amargas, y algunas frutas, las que reciben el mayor rechazo. ¿Es así en tu experiencia? ¿Cuáles son los productos más difíciles de instaurar?

Bueno, en mi experiencia, el pescado, las verduras, algunas frutas y, a veces, las legumbres son los alimentos que registran mayores dificultades para ser aceptados por los pequeños. Quizás lo que debiera dar el toque de atención es el hecho de que los niños presentan más dificultades para comer fruta o pescado en las familias donde los progenitores no se prodigan con estos alimentos o no comen a la misma hora que los niños. En lo que sí hay evidencia es que la probabilidad de que los niños acepten un alimento nuevo es mayor si los padres comen lo mismo que sí están meramente presentes o comen algo diferente.

Otros contenidos del dosier: Alimentación infantil de 1 a 3 años

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