Embarazo: comer bien durante 9 meses

Las recomendaciones nutricionales actuales para las mujeres embarazadas parecen estar muy alejadas de la realidad funcional del organismo. “Sobrevalúan las necesidades reales”. Así lo ha constatado el doctor Jean-Louis Bresson, pediatra del hospital Necker de París, profesor de nutrición y participante de un debate organizado por el Instituto Francés de Nutrición sobre los beneficios de los suplementes –calóricos, vitamínico o de minerales– durante el embarazo y la lactancia.

Una capacidad natural de adaptación

Las necesidades de las mujeres embarazadas se han medido siempre en función de las cantidades de nutrientes, grasas, proteínas, hierro o calcio depositadas en el organismo del feto, de la madre y en la placenta. Sin embargo, el cálculo teórico no tiene en cuenta la eficacia con la que la placenta extrae parte de las reservas maternas. Tampoco tiene en consideración la función de tapón de la madre, que, dependiendo del grado de fluctuación de los aportes alimentarios, garantiza que las necesidades del bebé queden cubiertas. Por otra parte, los depósitos de calcio y hierro del bebé son independientes de los de la madre.

En conclusión, “las recomendaciones en materia de suplementos olvidan las capacidades de adaptación de la madre durante el embarazo”, observa el doctor Bresson. En el transcurso de los últimos meses de gestación, la absorción intestinal del hierro, por ejemplo, alcanza valores entre 5 y 9 veces superiores a los del principio.

Todo listo para el tercer trimestre

Y como la naturaleza es sabia, estos ajustes tienen lugar en el segundo trimestre –a veces incluso desde el primero–, cuando las necesidades del feto aún son modestas. Todo está listo para que en el tercer trimestre, momento en el que el crecimiento fetal es más rápido, las reservas se movilicen sin demora. El volumen de la leche tampoco se ve afectado por las condiciones nutricionales del ambiente.

El aporte de proteínas también rebasa, con mucho, los valores aconsejados.

“En este caso, todo tipo de recomendación sería inútil”, apunta Bresson. Las únicas excepciones serían, al igual que con el hierro, las adolescentes, las mujeres que han tenido varios embarazos seguidos y las de medios sociales desfavorecidos. En estos casos se recomiendan suplementos de hierro desde el comienzo de la gestación, ya que su liberación depende de la concentración de hemoglobina, la cual se controla en el primer control prenatal.

También es inútil recomendarles calcio a las madres que gozan de buena salud, a las embarazadas y a las que dan el pecho. Durante la gestación, las necesidades de calcio del feto quedan cubiertas gracias a un aumento de la absorción intestinal de la madre y durante la lactancia, por una movilización, por supuesto reversible, del calcio de los huesos.

Finalmente, y sólo en casos particulares –madres fumadoras o que han seguido una dieta–, un déficit de ácido fólico, en ocasiones responsable de un retraso en el desarrollo del feto o de malformaciones­, puede prevenirse mediante un suplemento durante el embarazo y la lactancia.

Dr. B. Blond

Otros contenidos del dosier: Alimentación durante el embarazo

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