Mejillones, gambas, vieiras... ¿qué marisco se puede consumir durante el embarazo?

Marisco en el embarazo: una fuente de yodo

El marisco es una fuente importante de yodo y contribuye al buen funcionamiento de la glándula tiroides (que produce hormonas tiroideas). Esto es algo especialmente importante durante el embarazo, cuando las necesidades de yodo (relacionadas con los cambios hormonales) aumentan progresivamente. El yodo contribuye también al desarrollo saludable del cerebro del bebé.

Riesgos de comer marisco estando embarazada

A diferencia del pescado, los crustáceos no se destripan, lo que les hace más vulnerables, ya que pueden transportar gérmenes en el tracto digestivo. Los moluscos, por su parte, se alimentan filtrando el agua de mar, concentrando así ciertos microorganismos y algunos contaminantes. Existe, por tanto, el riesgo de trasladar esos contaminantes a humanos -toxoplasmosis, hepatitis A, metales pesados, listeriosis- que pueden provocar efectos de diferente gravedad en la futura madre y, especialmente, en el feto (por ejemplo, alteración del desarrollo neurológico).

Nada de marisco crudo durante el embarazo

Los mariscos consumidos crudos o poco cocidos son portadores de gérmenes, lo que implica un alto riesgo de contaminación, en particular por la bacteria Listeria monocytogenes, responsable de la listeriosis. Esta bacteria es sensible al calor, pero puede multiplicarse en la nevera. En caso de pesca para consumo propio, hay que asegurarse de que no se haya realizado en una zona prohibida por contaminación ambiental. Evitar también las ostras crudas: son particularmente sensibles a diversos tipos de contaminación ya que acumulan y concentran la mayoría de metales pesados.

Mejillones, almejas y vieiras cocidas: la elección correcta para las mujeres embarazadas

Los mejillones son una buena opción si se compran frescos o se congelan sin concha. Hay que asegurarse de cocinarlos a la marinera, en caldo, gratinados o añadidos a una preparación después de cocinados. Su valor máximo es de 189 µg de yodo, 10,9 mg de hierro y 88 mg de calcio por cada 100 g.

Las almejas consumidas con su concha y cocidas, habitualmente con pasta fresca, son también preferibles a otras variedades. Alcanzan los 80 µg/100 g de yodo, 9,7 mg/100 g de hierro y 39,5 µg/100 g de vitamina B12.

Si se opta por las vieiras, deben ser de corazón blanco y no volverse translúcidas al final de la cocción. Se pueden preparar a la crema o sobre un lecho de puerros, pimientos, espárragos o espinacas. Tienen la ventaja de no ser muy saladas y aportan casi un 18% de proteínas, siendo un  alimento particularmente magro.

Los mariscos, en definitiva, deben consumirse cocidos. Y tener cuidado con el período de enfriamiento después de la cocción, que es un punto crítico para el desarrollo potencial de gérmenes patógenos. El enfriamiento debe ser rápido. Hay que tener en cuenta que si se añade mayonesa, los huevos deben ser muy frescos y se debe consumir el mismo día de la preparación, manteniéndola en la nevera, así como evitar también su consumo en restaurantes.

Cómo escoger el marisco

En la práctica, la forma más segura es comprarlos vivos. En este caso, el cuerpo aún reacciona: un molusco vivo se cierra rápidamente al hacer una pequeña presión en su concha o cuando se le sumerge en agua fría. Hay que evitar las cáscaras rotas y, después de cocinarlos, retirar las que estén cerradas.

En el caso de los crustáceos, la patas no deben “colgar” sino estar enrolladas. Los colores deben ser limpios, las cáscaras brillantes y, sobre todo, no pegarse a los dedos. En las vieiras, la carne debe ser blanca y firme. En cualquier caso, no debe haber nunca olores fuertes.

Por último, hay que tener cuidado respetando la cadena de frío, utilizando una bolsa aislante para el transporte y almacenándolo en un lugar fresco antes de la preparación.

Si hace calor, las temperaturas altas duplicarán el desarrollo de gérmenes tanto en su ambiente natural como después de su captura, lo cual implica tomar mayores precauciones.

Limitar el consumo a una vez a la semana

La cocción suele destruir todos los gérmenes del marisco, pero no elimina los metales pesados. Por lo tanto, es importante limitar su consumo a una vez por semana.

Esta ingesta semanal es suficiente para prevenir un exceso de metales pesados mientras sigues disfrutando de los beneficios de estos alimentos. Esto no afecta al pescado (ya sea magro o graso), a la carne, a los huevos y a las proteínas vegetales que deben estar presentes en cada comida.

S. Catalan-Massé

Fuentes:

Entrevista a Jean-Michel Cohen, nutricionista.

Otros contenidos del dosier: Alimentación durante el embarazo

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