Colestasis del embarazo: molesta para la madre y peligrosa para el feto

La enfermedad suele presentarse en una de cada 1000 mujeres, según la Asociación Española de la Ovulación y el Embarazo (AEOE), y se caracteriza por producir picores relacionados con el aumento de los ácidos biliares en la sangre. Se trata de la enfermedad hepática más frecuente en la mujer embarazada.

Una enfermedad infrecuente

La colestasis es una patología asociada a las células del hígado, los llamados hepatocitos, que dejan pasar los ácidos biliares a la sangre en lugar de transformarlos para que sean excretados a través de la bilis. Cuando es la mujer embarazada (grávida) quien la padece, entonces se denomina colestasis gravídica.

La patología suele aparecer en el tercer trimestre del embarazo, aunque también puede sobrevenir durante el segundo; sin embargo, remite espontáneamente antes de que se cumplan dos semanas desde el parto, señala la AEOE.

Aunque se trata de una enfermedad “rara”, su aparición es más frecuente “si la mujer tuvo esta complicación anteriormente, si existen antecedentes familiares o si se trata de un embarazo múltiple”, señala la asociación.

Los picores que deben alertar a la embarazada

Los picores típicos de la colestasis gravídica comienzan en las extremidades, en las palmas de las manos y las plantas de los pies y se extienden por los senos, el vientre y la cara. Este prurito tiende a aumentar por la noche y puede hacerse insoportable hasta el punto de perturbar el sueño. Si no se trata, transcurridas una semanas puede aparecer una ictericia, coloración amarilla de la piel, los ojos y las membranas mucosas.

Ahora bien, no todos lo picores responden a una colestasis, sino que también pueden atribuirse a una alergia, a la toma de algunos medicamentos, a la sequedad cutánea u a otras afecciones específicas del embarazo.

La colestasis no produce lesiones particulares, salvo las relaciones con el acto de rascarse.

Riesgos para el feto

La AEOE alerta sobre los riesgos de la colestasis gravídica sobre el embarazo, que puede producir sufrimiento fetal, parto prematuro o muerte fetal intrauterina. “Se cree que ésta última está asociada con el pasaje hacia la placenta de ácidos biliares que son tóxicos para el bebé”, puntualiza la sociedad en su sitio web, donde además se explica que la enfermedad puede “aumentar el riesgo de que la mujer sufra una hemorragia interna y postparto como consecuencia alteraciones en la coagulación”.

Tratamientos

Para aliviar el prurito se suelen utilizar medicamentos tópicos y antihistamínicos orales. Para mejorar la eliminación de ácidos biliares se utiliza el ácido ursodesoxicólico, “que contribuye a disminuir la congestión hepática”, señala la AEOE.

En caso de que la coagulación de la sangre fuera anormal, puede recomendarse la administración oral de vitamina K para evitar hemorragias tras el parto.

De todas maneras, la asociación recuerda que “el objetivo principal del tratamiento es eliminar el riesgo de muerte fetal”. Y esto se logra induciendo el parto una vez que el bebé tenga los pulmones lo suficientemente maduros como para poder sobrevivir fuera del útero, lo cual sucede a partir de la semana 37 de embarazo. El riesgo de muerte fetal aumenta si se deja que el embarazo continúe hasta las 40 semanas.

¿Y después del parto?

Tras el nacimiento al bebé se le aplica vitamina K para protegerlo de posibles hemorragias. En cuanto a la madre, se le realiza un control del funcionamiento hepático a fin de verificar que el hígado no tenga secuelas. Pero si el problema continúa entonces se la puede derivar a un especialista para que éste busque otros problemas hepáticos. Asimismo, pude suceder que el médico recomiende a la mujer evitar anticonceptivos orales que contengan estrógenos.

A. Plessis

Más información: www.ovulacion.info

Otros contenidos del dosier: Complicaciones durante el embarazo

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