La amniocentesis

¿Para qué sirve?

La amniocentesis consiste en tomar muestras de líquido amniótico para obtener lo que se conoce como «cariotipo» del bebé, es decir, la composición de sus cromosomas.
Esta prueba es la única que permite determinar con total seguridad si el feto es portador de cualquier tipo de anomalía cromosómica, por ejemplo la trisomía 21. Para realizar esta prueba es necesario el consentimiento de la interesada.

¿Cuándo se realiza?

Una decisión muy personal La decisión de someterse o no a la amniocentesis plantea una cuestión muy delicada: ¿La pareja aceptará querer y criar a un hijo con síndrome de Down o con una anomalía congénita grave? Antes de pensar en los riesgos mínimos, pero reales, que conlleva la amniocentesis (entre un 0,5 y un 2% de abortos espontáneos), los futuros padres deberán plantearse esta pregunta tan esencial. Algunas parejas prefieren no saber si existe alguna anomalía, ya que están dispuestas a asumir su papel de padres sea cual sea el resultado, mientras que otras quieren estar informadas porque tal vez no deseen seguir con el embarazo en ciertas condiciones. Se trata de una decisión muy personal
que corresponde únicamente a los padres. En un tema tan delicado como éste, la función de los médicos no es decidir, sino aconsejar.
Lo que aconsejan los médicos En España, sólo se aconseja la amniocentesis de forma sistemática cuando la mujer embarazada tiene más de 35 años, ya que el riesgo de trisomía 21 aumenta con la edad de la madre. Cuando se realiza la primera ecografía, a la que se someten todas las embarazadas, los médicos buscan un posible signo de trisomía 21 a través de la medición del pliegue nucal. Cuando la futura madre tiene menos de 35 años, se aconseja tomar una muestra de sangre entre las semanas 14 y 18. Esta prueba de detección tampoco es obligatoria; se trata del estudio de los marcadores séricos de la trisomía 21, que consiste en analizar tres hormonas del embarazo. A partir de los resultados obtenidos, el médico establece el riesgo de tener un hijo con síndrome de Down, aunque no sea con total seguridad. Cuando el riesgo es superior a 1 entre 250 (por ejemplo, 1 entre 50), el médico propone la amniocentesis. Cuando la mujer tiene menos de 35 años, se detectan cerca del 80% de los casos de trisomía 21 combinando la medición del pliegue nucal con el estudio de los marcadores séricos. Esta cifra aumenta al 93% cuando la mujer es mayor. Si la mujer tiene más de 35 años, los médicos sólo proponen el estudio de los marcadores séricos cuando la embarazada no se somete a la amniocentesis.

¿En qué consiste?

La amniocentesis suele realizarse en torno a la semana 15 de amenorrea. Después de esterilizar la zona de la que se obtienen las muestras, el médico localiza el feto y la placenta con la ayuda de la ecografía. A continuación, y siempre con la ayuda del control ecográfico, introduce una fina aguja en la cavidad uterina para conseguir entre 10 y 20 cm3 de líquido amniótico. Esta punción no dura más de un minuto ni duele más que la de los análisis de sangre, por lo que no requiere anestesia local. Las muestras se envían a un laboratorio especializado y los resultados están disponibles unas tres semanas después.
Prudencia después de la prueba Es muy aconsejable descansar y evitar cualquier tipo de esfuerzo en las 48 horas siguientes a la amniocentesis. Avisa a tu médico en caso de pérdida de líquido, si tienes contracciones uterinas o fiebre.

Otros contenidos del dosier: Pruebas durante el embarazo

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