La ecografía fetal

En qué consiste y quién la practica

El ecógrafo es una especie de radar que emite ultrasonidos. Tras rebotar en las partes exploradas (por ejemplo los órganos del feto), estos ultrasonidos regresan a la sonda que se desplaza por tu vientre. Un complejo sistema informático se encarga de analizar la información obtenida y construye punto por punto la imagen que aparece en la pantalla. Desde que empezó a utilizarse está técnica, la información obtenida se ha diversificado, se ha hecho más precisa y, sobre todo, más fiable. La gran mayoría de los diagnósticos en medicina fetal son producto de la ecografía o han sido posibles gracias a esta técnica.
Sin riesgos para el feto Se han realizado numerosos estudios con el objetivo de identificar posibles efectos nocivos de los ultrasonidos en el feto, pero hasta el momento no se ha detectado la más mínima contraindicación en el contexto del diagnóstico médico. Sin embargo, y como medida prudencial, es mejor subordinar la utilización de la ecografía fetal a las necesidades médicas.

¿Quién la practica?

En la mayoría de los países, son los médicos quienes realizan las ecografías. En otros, estas pruebas pueden ser realizadas por técnicos sanitarios bajo la responsabilidad y el control de un médico, que interviene en cualquier momento en caso de dificultad, y se llevan a cabo en instalaciones sanitarias, en consultorios privados y en laboratorios de análisis clínicos.

Detección y diagnóstico

Durante el embarazo pueden realizarse distintos tipos de ecografías fetales, aunque sólo tres se realizan de forma sistemática.

  • Ecografías rutinarias : Se prescriben a todas las mujeres embarazadas. Su función es detectar posibles signos patológicos o simplemente sospechosos. Como es lógico, no es posible explorarlo todo con las ecografías. Han sido necesarios muchos años para alcanzar un consenso sobre el número de ecografías rutinarias que son necesarias, su programación y, sobre todo, lo que conviene buscar en cada una de estas pruebas.
  • Ecografías «de diagnóstico» : Estas ecografías se prescriben cuando se ha identificado un riesgo en particular a partir de los antecedentes médicos, en caso de que se haya producido un incidente durante el embarazo, o cuando la ecografía rutinaria evidencia algún signo sospechoso o no se ha podido completar por motivos técnicos. Los responsables de realizar estas pruebas son profesionales especializados.
  • Ecografías «de consultorio» : Muchos facultativos disponen de un ecógrafo en su consultorio, cuya función no es sustituir a las ecografías obligatorias, sino completar el reconocimiento médico. Estas ecografías, que suelen ser indicativas, no deben ser confundidas con las ecografías rutinarias.

Ecografías «especializadas» Se incluyen en determinados protocolos de supervisión y se limitan a examinar aspectos muy concretos, como por ejemplo la cantidad de líquido amniótico.

¿Cómo se hace una ecografía?

Un protocolo muy preciso Una ecografía en consulta se desarrolla casi siempre según el mismo protocolo. El médico que te practique la ecografía empezará preguntándote las razones de la prueba (control rutinario o prescripción específica) y observará los detalles de tu historial: inicio del embarazo, pruebas anteriores, antecedentes, posibles incidentes… Una vez instalada en la camilla, te aplicará un gel en el abdomen para facilitar el desplazamiento de la sonda. Por lo general, el futuro padre puede seguir el desarrollo de la ecografía a través de una segunda pantalla. En caso necesario, se coloca una sonda o transductor adaptado en la vagina (ecografía endovaginal). Esto no es doloroso para la madre ni peligroso para el feto.
Una prueba compleja y delicada El médico desplaza y orienta la sonda para obtener las imágenes que muestren las estructuras que desea examinar. La localización suele ser compleja, sobre todo durante el segundo trimestre, y requiere un extremo cuidado, por lo que no debe sorprenderte que la persona que realice la ecografía se muestre poco locuaz. La interpretación que hace el médico de la ecografía es muy distinta de la percepción que tienen los padres.
Mientras ellos esperan ver a su hijo, el objetivo del médico es concentrarse en pequeños detalles. El hecho de que los padres no «vean» lo mismo puede dar lugar a malentendidos: así, por ejemplo, mientras ellos se deleitan con una magnífica imagen de perfil del bebé, el médico se preocupa porque no consigue ver una parte del cerebro muy pequeña pero fundamental que normalmente se detecta en este plano de corte; los padres se sienten molestos por el silencio del médico, que se pregunta cómo les dará la mala noticia, hasta que finalmente consigue encontrar la estructura en cuestión y pasa a buscar el siguiente aspecto esencial. Cuando las condiciones de penetración de los ultrasonidos son difíciles, esta situación puede repetirse varias veces a lo largo del examen. Así que lo mejor es armarse de paciencia… Además, la calidad y la legibilidad de las imágenes que se forman en la pantalla son muy irregulares. Algunos planos (perfil fetal, corazón, columna vertebral) son fácilmente identificables, mientras que otros son todo un misterio para los padres, sobre todo cuando se trata del detalle de órganos que están poco acostumbrados a identificar. En efecto, el médico no examina la cabeza, sino que estudia decenas de pequeñas partes del cerebro para comprobar su estado en función de la edad del feto. Lo mismo ocurre con los demás órganos.
Conclusión de la consulta Durante la exploración ecográfica se imprimen algunas imágenes sobre papel. Estas imágenes no sirven para interpretar el examen, que se hace directamente en la pantalla, sino que indican los distintos momentos y permiten registrar las mediciones realizadas.
Una vez finalizada la exploración, el médico te dará su opinión y redactará el informe de la prueba, que te entregará junto con las imágenes en papel. En la mayoría de los casos, estará satisfecho de poder decirte que «todo está correcto». Estas pocas palabras bastarán, así que no te sientas decepcionada: es una afirmación muy importante.

Breve historia

En la década de 1950, el escocés Ian Donald tuvo la idea de aplicar al cuerpo humano un nuevo método basado en técnicas de radar utilizadas durante la Segunda Guerra Mundial para detectar submarinos alemanes. De este modo descubrió que el abdomen y el feto podían ser explorados con ultrasonidos; había nacido la ecografía, aunque no fue hasta finales de la década de 1970 cuando el uso de esta técnica empezó a generalizarse.

¿Para qué sirve una ecografía?

Una de las particularidades de la ecografía es que permite obtener al mismo tiempo información muy sencilla, como la posición del feto, y realizar exámenes muy complejos, como la evaluación del pronóstico de una malformación cardíaca. Los objetivos de la ecografía son muy amplios y variados. Los más importantes son: determinar la fecha concreta de inicio del embarazo, diagnosticar precozmente un embarazo múltiple, supervisar el crecimiento del feto,
comprobar el bienestar del feto (movimientos, cantidad de líquido amniótico, circulación del cordón…), determinar la posición de la placenta, diagnosticar determinadas malformaciones, detectar signos de alerta que indiquen un posible riesgo, aunque no de forma segura.

¿Es posible detectar cualquier problema?

A medida que aumenta la fiabilidad de las ecografías, disminuyen las «sorpresas» en el momento del parto. Sin embargo, como cualquier otra téc nica, la ecografía tiene sus limitaciones, por lo que no permite detectar todas las posibles anomalías.
Límites de la detección Las ecografías nunca podrán revelar determinadas patologías o malformaciones, como por ejemplo la sordera. Otras no son detectables hoy en día, pero podrían serlo en el futuro. Además, determinadas enfermedades no son objeto de detección durante la ecografía porque no tienen repercusiones en el desarrollo del feto, porque su diagnóstico prenatal no tendría ninguna utilidad o porque se trata de enfermedades muy poco comunes. Por último, algunas malformaciones o patologías no siempre se manifiestan a través de síntomas prenatales (entre el 5% y el 10% de los niños con trisomía 21 no presentan ningún signo prenatal sospechoso). Frecuentemente la ecografía revela un «signo de alerta», un indicio que no necesariamente indica la existencia de una enfermedad o una malformación, pero que sí señala un posible riesgo. En estos casos es necesario realizar otras pruebas (amniocentesis, resonancia magnética, ecografía orientada...) para confirmar la existencia de la patología o, por el contrario, excluirla. Algunos diagnósticos requieren una prueba específica en una determinada fase del embarazo. Ésta es la diferencia entre las ecografías rutinarias en cualquier embarazo y las pruebas que se realizan en situaciones particulares o a partir de la existencia de un antecedente o síntoma concreto. Los avances tecnológicos, la experiencia adquirida y la colaboración entre las distintas disciplinas médicas hacen que la detección de patologías sea cada vez menos aleatoria y su evaluación más precisa.

Los requisitos de una buena ecografía

Las ecografías rutinarias son importantes para controlar el estado de salud actual y futuro de la madre y del niño, además de constituir una garantía de tranquilidad para la madre. Así pues, lo mejor es asegurarse de que se cumplen todos los requisitos para su correcto desarrollo.
Escoge a un profesional con experiencia en ecografías fetales. Tu médico podrá aconsejarte al respecto.
Sigue al pie de la letra tu calendario de pruebas.
Reúne toda la información médica sobre tu embarazo para que pueda consultarla el ecografista.
La piel podría impedir el paso de los ultrasonidos. Evita aplicarte productos de
cosmética, aceite, leche hidratante o crema antiestrías una semana antes de la ecografía.
No exageres acudiendo con la vejiga llena ni orines justo antes de la prueba.
Evita las prendas demasiado complicadas y los tejidos delicados. Si llevas un piercing en el ombligo, quítatelo antes de la ecografía.
Tómate el tiempo suficiente, pues la prueba podría ser más larga de lo previsto (aunque no exista ninguna patología).
Pídele a tu compañero que vaya contigo, pero evita ir acompañada de toda la familia.
Apaga el teléfono en cuanto llegues al consultorio y no vuelvas a conectarlo hasta que salgas. AI AD V I V D

Otros contenidos del dosier: Pruebas durante el embarazo

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