Así es el parto en casa

Hasta los años sesenta, cuando se abre en el hospital de La Paz de Madrid la primera maternidad y comienzan a normalizarse los partos hospitalarios, la mayoría de los bebés nacían en casa, fuera cual fuera el estado de salud de este y de la madre. Hoy las cosas han cambiado: los partos en casa son planificados y solo tienen lugar cuando se cumplen unos requisitos: “El embarazo ha de ser normal, de bajo riesgo. Tiene que haber un solo bebé y estar en posición cefálica, y la mujer debe ponerse de parto entre la semana 37 y la 42”, explica Anabel Carabantes, matrona, enfermera pediátrica, sexóloga y coach de Ancara perinatal, centro madrileño que ofrece asistencia y acompañamiento durante el parto y el nacimiento.

Razones para dar a luz en casa

La mayoría de los partos que asisten en Ancara son de mujeres primíparas que deciden dar a luz en casa para sentirse más tranquilas y seguras, “atendidas por profesionales especializados en partos fisiológicos, en un lugar que conocen y acompañadas por quienes ellas quieran”, dice Carabantes. Otras veces la elección es el resultado de un primer parto hospitalario poco satisfactorio. Es el caso de Julia Sáinz, 34, que recientemente ha tenido a su segundo bebé en casa, con ayuda del equipo de Ancara. “Cuando nació mi primera hija sentí que estaba haciendo algo que iba en contra del propio proceso de parto, vestirme, salir a la calle, llegar a un sitio lleno de gente extraña…”, recuerda. “La segunda vez mi cuerpo me pidió hacer las cosas de otra forma. Decidí parir en casa después de investigar mucho y comprobar que era seguro; también, para no separarme de mi hija mayor y que formara parte del proceso”.

El parto domiciliario sigue siendo muy minoritario en España: solo representa el 0,3 % de los nacimientos. La percepción de que no es seguro (probablemente porque se asocia a cómo era antes), la desinformación sobre el modo en que debe asistirse un parto normal –sin necesidad de intervenciones médicas y, por tanto, de obstetras– y el hecho, aunque en menor medida, de que no esté subvencionado por la Seguridad Social, como sí ocurre en otros países europeos, son aspectos enormemente disuasorios. Respecto al temor que despierta, Carabantes es rotunda: “Parir en casa, cuando el embarazo no es de riesgo y lo asisten matronas profesionales que saben cómo actuar, no tiene por qué ser peligroso”. Lo mismo defienden numerosas organizaciones y sociedades científicas. La Organización Mundial de la Salud reconoce el derecho de la mujer a parir donde desee, y contempla el parto en casa como una opción válida y segura. La postura del Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE, por sus siglas en inglés), institución del Reino Unido que elabora guías de práctica clínica basadas en evidencia, es similar, y señala incluso que en el domicilio existe menor riesgo de intervenciones.

Visitas previas y preparación al parto

El parto en casa se planifica y se prepara. Nada se deja al azar. Las matronas visitan a la embarazada un mínimo de cuatro veces antes del nacimiento. Conocen su estado de salud, y sus deseos y preferencias, que quedan reflejados en el plan de parto. “A partir de la semana 37 nos ponemos de guardia”, comenta Carabantes. A diferencia de lo que sucede en muchos hospitales, la mujer que da a luz en casa realiza el trabajo de parto y el expulsivo­ en el lugar y la posición que ella elija, lo que contribuye a mejorar su experiencia de parto y a mitigar la sensación de dolor. Para aliviarlo se recurre, asimismo, a las inmersiones en agua, al calor local, los masajes y las técnicas de respiración y relajación, explica la matrona.

Traslados al hospital y nacimiento

Si surgen situaciones que requieren asistencia médica, se traslada a la madre al hospital más cercano o al de su preferencia. “Pero esto solo ocurre en algo más del 14 % de los casos, en la inmensa mayoría porque el parto no evoluciona o por deseo de la mujer”, precisa Carabantes. Hay imprevistos que las matronas están capacitas para resolver, “como las vueltas de cordón, que se resuelven manualmente y no suponen urgencia, o las hemorragias con placenta expulsada, que se tratan con la medicación que establecen los protocolos generales”, añade.

Una vez que nace el bebé, se le realizan todas las pruebas de rutina: se le pesa, se le mide, se le da la vitamina K, el colirio antibiótico, etc. “Lo único que no hacemos es el cribado auditivo, que se efectúa en el hospital posteriormente”, previene la matrona. Respecto a la madre, se la ayuda con la lactancia, si la elige, y se la asiste durante el postparto, a lo largo de las visitas que se les hace a ella, al bebé y al resto de la familia.

Sáinz alaba la amabilidad y la profesionalidad de Carabantes y su compañera, y recuerda su parto con enorme satisfacción. “Fue una experiencia maravillosa. Me sentí muy realizada y orgullosa”.

 Fuentes:

- Ancara Perinatal

- National Institute for Health and Care Excellence

- Organización Mundial de la Salud

Actualizado en junio de 2018

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