El deseo de tener un hijo, en masculino

El peso de las ideas preconcebidas

Muchas personas relacionan directamente el amor hacia otra persona con el deseo de tener un hijo. Sin embargo, los matrimonios llamados de conveniencia son una muestra de que es posible formar una familia sin la intervención de sentimientos amorosos, cuando el objetivo es perpetuar un nombre o un patrimonio. Por el contrario, algunas parejas no desean tener hijos pese a sentir un gran amor el uno por el otro.
Estos dos ejemplos no corresponden a la norma general, pero son perfectamente posibles. En todo caso, que tu compañera no desee tener un hijo en un futuro inmediato no significa que no te quiera o no te valore lo suficiente. Asociar el amor con el proyecto de tener un hijo es una idea reciente propia de la sociedad occidental, en la que el hijo es «el fruto o la prolongación natural» de un amor compartido. Pero otros factores menos obvios de tipo social, familiar y personal intervienen en el deseo de tener un hijo.

Un deseo permanente…

En algunos hombres, el deseo de tener un hijo se muestra con total evidencia, ya que la
paternidad forma parte de su proyecto de vida. Este deseo a veces se manifiesta de forma precoz, desde la infancia, y no se atenúa con el transcurso del tiempo. Al preguntar a estos hombres a qué se debe su deseo de tener hijos, algunos responden que se trata de una necesidad de transmisión o de «prolongación» en otro ser, de dejar constancia de su existencia. Otros afirman que conciben la paternidad casi como un deber natural, una necesidad asociada a su masculinidad y una función que deben desempeñar lo mejor posible a lo largo de su existencia. En muchas culturas, la vida de un hombre o la de una mujer no pueden concebirse sin la existencia de uno o de varios hijos, por razones que pueden ser de tipo social o religioso.
Finalmente, hay hombres que ven la paternidad como un factor de desarrollo personal y, simplemente, no se imaginan a sí mismos sin hijos: desean verlos crecer, compartir con ellos toda una serie de experiencias, y por lo general sueñan con tener una gran familia. Cuando no pueden engendrar un hijo, lo adoptan. «Sin hijos, no habría tenido la sensación de vivir», comenta un padre de familia numerosa.
En estos casos, la carga afectiva es muy fuerte. Por lo general, el deseo masculino de tener un hijo incluye todos estos elementos en proporciones variables y de forma más o menos consciente. Es posible que te identifiques con alguno de estos puntos de vista, aunque tu proyecto de ser padre sea el resultado de una relación amorosa y de la vida en pareja.

…o un vago deseo latente

La mayoría de las veces, en las sociedades más prósperas, la mujer es quien manifiesta el deseo de tener un hijo. El deseo de formar una familia suele nacer de una relación amorosa y se hace patente cuando la mujer plantea la cuestión de forma clara. En estos casos, todo empieza con un deseo bastante impreciso que va tomando forma paulatinamente, en ocasiones bajo la discreta presión de los padres o del entorno, que sugieren que «ya va siendo hora». Sin embargo, sería erróneo afirmar que el hombre se somete ante todo al deseo de la mujer en materia de hijos. En muchos casos, el hecho de tener una vida profesional plena hace que en los hombres el deseo de paternidad ocupe un lugar secundario, pero cuando llega el día en que dicen «sí», significa que aceptan el proyecto de tener un hijo, ya sea con mayor o menor intensidad. En realidad, la mujer no habrá hecho sino despertar un deseo latente, aunque éste a veces sea más social que íntimo.
Tiempo para prepararse Si no te sientes preparado para ser padre, puede ser que al principio esgrimas una serie de argumentos en contra de este deseo e incluso utilices pretextos como «las guerras y la contaminación» o «las dificultades que depara el futuro». Más adelante, cuando la idea empiece a madurar, te preocuparás por vuestra situación financiera como pareja y por el confort material que desearías proporcionar a tu hijo. En todo caso, necesitarás cierto tiempo para asumir la idea de ser padre y hacer tuyo el proyecto.
Rechazo categórico a ser padre Sin embargo, también hay hombres que rechazan la idea de ser padres, por mucho que la mujer insista. En este caso, el «no» suele ser rotundo e inmediato. A veces se debe a experiencias personales negativas: los malos tratos o una importante falta de afecto pueden ser escollos importantes para la paternidad. Sin embargo, un hombre que teme maltratar a sus hijos porque él mismo fue maltratado puede ser un padre cariñoso y no violento.
El hecho de ser consciente de que podría reproducir estos gestos puede servir para limitar el riesgo, especialmente si se aborda la cuestión antes del nacimiento del hijo y con la ayuda de un psicoanalista o de un psiquiatra, que en ocasiones puedan aconsejar el seguimiento de una terapia. No obstante, a veces el camino hacia la paternidad es bastante más largo.

Entre el deseo de «hacer un hijo» y el proyecto de tener un hijo

Es posible que a lo largo de tu vida hayas experimentado el deseo de dejar embarazada a una mujer. En efecto, el hombre puede experimentar el impulso de fecundar a la mujer amada, sin que ello signifique que haya pensado seriamente en la posibilidad de ser padre. Se trata de un deseo vehemente y visceral más propio del impulso amoroso que de una verdadera reflexión. En realidad, no existe un proyecto real de tener un hijo, pero es posible concebirlo a partir de este impulso si los dos miembros de la pareja están de acuerdo. A veces los padres se sienten realizados cuando nace el bebé, pero en otros casos el nacimiento del hijo puede generar un gran desconcierto.
La realidad del bebé Es posible que después del nacimiento, o un poco antes, el padre experimente un repentino deseo de huir, ya que no se había planteado seriamente la posibilidad de criar a un hijo. Resulta revelador el testimonio de un joven padre, quien explica que su compañera «se aprovechó de un “sí” lanzado en medio de la excitación de una noche de fiesta» y se arrepiente, dos años después: «Preferiría haber esperado. Ahora tengo que asumir la situación, y aunque quiero a mi hijo, no me siento lo suficientemente comprometido como padre.» El deseo de tener un hijo suele preceder o acompañar el proyecto real de cuidar de un nuevo ser, pero esta evolución no se produce de forma automática. Lo mejor es tomarse un tiempo para reflexionar, sobre todo si la idea de vivir con un niño genera en tu interior una reacción de rechazo. Entre el deseo y el proyecto de tener un hijo hay una serie de pasos que cada padre deberá seguir (o no) a su propio ritmo.

¿Se puede ser buen padre si el bebé no es totalmente deseado?

Según la opinión de especialistas que han estudiado el deseo masculino, la intensidad con la que se desee tener un hijo no influye en las cualidades del futuro padre. Es posible que hombres que inicialmente no manifestaban ningún deseo de ser padres acaben mostrándose entusiasmados con la presencia del bebé y asuman sin dificultad sus responsabilidades. Por otra parte, el hecho de que la mujer decida tener un hijo por iniciativa propia e interrumpa el método anticonceptivo sin informar a su compañero puede ser fuente de problemas.
Cuando la mujer actúa sin tener en cuenta una opinión poco favorable de su compañero o incluso un claro rechazo, en la mayoría de los casos la relación de pareja acaba rompiéndose. La reacción de algunos hombres es dejar a la mujer y, en casos extremos, desaparecer para siempre; otros, en cambio, cuidan del hijo y se preocupan por estar a su lado, pero nunca llegan a perdonar a su compañera, de quien se separan.

Otros contenidos del dosier: Antes de ser padre

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