El padre y el parto: estar o no estar presente

Hay padres que desde el principio se sienten muy implicados en el embarazo de su pareja: van con ellas a los cursos de preparto y participan activamente en el momento del nacimiento. Hay otros, más aprensivos, que prefieren esperar en el pasillo. El debate está servido.

Una decisión de dos

Asistir al nacimiento de un hijo no es una obligación. Aunque la mayoría de las mujeres desean compartir ese momento con su compañero, hay otras que rechazan su presencia por pudor o miedo a que el parto altere su vida sexual. Es importante tomarse el tiempo para discutir la cuestión en pareja, siempre teniendo en cuenta que ninguna opinión debe imponerse. Si él no está seguro de querer asistir, no le presiones. En el momento del parto hay muchos hombre que, superados por la emoción, terminan cortando ellos mismos el cordón umbilical… También puede suceder lo contrario: que a pesar de haber anunciado que estaría presente termine sintiéndose incapaz de soportar el dolor de su compañera.

En cualquier caso, es importante hacer que la mujer si siente apoyada y acompañada.

¿Qué va a pasar?

Tras la llegada a la maternidad, el equipo médico examinará a la futura mamá. Si el cuello del útero ha comenzado a dilatarse bajo el efecto de las contracciones, la mujer estará ya en la primera fase del parto; entonces, y según el hospital, la instalarán en una sala de trabajo de parto o directamente en la sala de parto. Es importante saber que existen falsas alarmas y que si el trabajo de parto aún no ha comenzado el personal médico enviará a la mujer a casa.

Una vez instalada en la sala de trabajo de parto, la mujer será supervisada por una comadrona que verificará regularmente la progresión de la dilatación del cuello del útero. Después, la mujer sufrirá un monitoreo con ayuda de un aparato que permite grabar las contracciones y seguir los latidos del corazón del bebé. La mayoría de las veces, el equipo médico le realizará a la paciente una perfusión con el fin de administrarle glucosa y, llegado el caso, medicamentos que regulen o refuercen las contracciones.

¿Y yo, en todo eso?

Si la mujer no ha recibido la epidural el compañero puede ayudarla a respirar y a relajarse entre cada contracción; puede darle ánimo, pasarle agua por la cara y masajearle la espalda. Si la mujer ha elegido parir con epidural, ésta se la aplicarán una vez que la dilatación del cuello del útero haya alcanzado los dos o tres centímetros. La aplicación se hace con ayuda de una aguja que el anestesista pone en la médula con el fin de bloquear las terminaciones nerviosas. Tras la inyección la futura madre sigue sintiendo las contracciones pero no el dolor, de modo que su compañero podrá seguir hablando con ella tranquilamente.

Ha llegado por fin el momento de la salida del bebé. Ubicado detrás de ella, el padre puede ayudar a su compañera a buscar la mejor posición, a respirar y a empujar en los momentos clave. Todo será muy rápido, de modo que es mejor tener la cámara de fotos o de video lista. En apenas unos minutos el médico colocará al bebé en los brazos de la madre. ¡Un momento de gran felicidad que todo hombre puede compartir!

C. Maire

Otros contenidos del dosier: El nacimiento vivido por el padre

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