Balón intragástrico, marcapasos gástrico y toxina botulínica contra los kilos de más

Y con ello, también crece el interés por los métodos no quirúrgicos que ayudan a cambiar la silueta y mejorar la salud. Así, el balón intragástrico, el marcapasos gástrico o el uso de toxina botulínica están de nuevo en boca de muchos. Someterse a ellos es relativamente fácil, sobre todo si se acude a centros privados, pero conviene saber que no siempre es posible su aplicación. 

El balón intragástrico

Comparte con otro de los métodos mencionados (la toxina botulínica) la manera de colocarlo: por vía endoscópica. Eso significa que se introduce un pequeño tubo por la boca en cuyo extremo lleva acoplado el material adecuado, en este caso un globo o esfera deshinchado que luego pasa a llenarse con unos 500 cc de suero fisiológico. Y ése es precisamente su secreto: una vez hinchado ocupa espacio en el estómago y esa persona tiene una constante sensación de saciedad, por lo que come mucho menos.

Para introducirlo no suele ser necesario aplicar anestesia (únicamente sedación) y el paciente está en su casa a las pocas horas, lo que anima a muchos a preguntar a su médico por este método. Pero no está indicado para cualquier tipo de sobrepeso.

El doctor Miguel Ángel Muñoz-Navas, presidente de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) y director del servicio de Digestivo de la Clínica Universitaria de Navarra, señala que está indicado para obesidades moderadas (cuando el IMC es superior a 35), severas (con IMC entre 35 y 40) y mórbidas. “Si se trata de una obesidad mórbida –­concreta el doctor Muñoz-Navas–, se puede aplicar en pacientes que no desean operarse, en caso en que la cirugía está contraindicada y, también, en pacientes que sí se van a someter a intervención quirúrgica, pero conviene que pierdan peso antes para que la cirugía sea más sencilla y se reduzcan los riesgos de la misma”.

Se suele perder entre 15 y 25 kilos, dependiendo de los casos, pero conviene tener claro que no es un método definitivo y que el balón solo puede permanecer 6 meses en el interior del estómago. Pasado ese tiempo se extrae tal y como se colocó, con la ayuda de una gastroscopia.

Marcapasos gástrico

En España se implantó el primero hace un año y medio. Es una especie de “detector” que se coloca en el interior del estómago (con cirugía mínimamente invasiva, aunque se usa anestesia general) y, cada vez que el paciente ingiere comida fuera de las horas preestablecidas, envía señales al cerebro en forma de impulsos eléctricos para que aparezca la sensación de saciedad y se deje de comer.

Además de ayudar a limitar lo que se ingiere, el dispositivo controla la actividad física que realiza esa persona y, vía wifi, envía toda la información al especialista que sigue los progresos del paciente.

La toxina botulínica

Se usa, desde el año 2005, para “paralizar” los músculos abdominales, con lo que disminuyen los movimientos peristálticos y el estómago tarda más en vaciarse. Se hace también “desde dentro” mediante endoscopia y realizando pequeños pinchazos (entre 8 y 24, dependiendo de cada caso) con los que se inyecta la toxina. También en este caso el efecto dura un tiempo corto: entre 3 y 6 meses.

Los tres métodos son efectivos, sin embargo el paciente que se interese por ellos debe saber que no están exentos de efectos secundarios y de riesgos, que antes de colocárselos deberá pasar un examen psicológico y que él tendrá que dejar atrás los hábitos que le han llevado al sobrepeso o la obesidad.

Posibles efectos secundarios

En el 3%-5% de los casos en que se coloca el balón intragástrico –señala el doctor Miguel Muñoz-Navas– se dan complicaciones. Y una de ellas es la rotura del balón. Para detectarla siempre introducimos un colorante (azul de metileno), junto con el relleno de suero fisiológico. De esa forma, si la orina es azulada el paciente sabe que algo ha ocurrido y debe acudir de inmediato al médico para que se le extraiga el balón antes de que éste migre hacia el intestino delgado y lo obstruya”.

Además, los primeros días la persona puede notar náuseas, vómitos y dolor en la boca del estómago.

Acostumbrarse a los estímulos generados por el marcapasos o a la tardanza en hacer la digestión provocada por la toxina botulínica también puede ser complicado en algunos casos. Por eso, se informa previamente al paciente de todas las molestias que puede notar.

La selección de los pacientes

Pero hay otro punto que merece la pena conocer: antes de poder someterse a cualquiera de estos protocolos médicos, el paciente deberá pasar una evaluación psicológica, respondiendo a una serie de test y cuestionarios. Y es que debe estar dispuesto a aceptar un cambio en su estilo de vida y a reeducar su rutina de alimentación. Solo de esa manera podrá no volver a engordar.

Y para saber si lo cumplirá y asegurarse de que no hay ninguna alteración psicológica, debe ser valorado previamente. “Si tiene trastornos del comportamiento alimentario severos –avisa el doctor Muñoz-Navas– la técnica no será efectiva porque esa persona boicoteará cualquier resultado. De hecho, en algunos casos se gana peso tras el tratamiento. Ocurre a veces, por ejemplo, con el balón intragástrico porque algunos pacientes siguen el truco de comer muchísimas veces al día pequeñas cantidades, con lo que al final de la jornada han sobrepasado las calorías que tomaban previamente. El paciente que no está dispuesto a poner de su parte es considerado no apto”.

Además, y en el caso del balón, tampoco conviene si esa persona se ha sometido con anterioridad a cirugía gastrointestinal, si hay sospecha de obstrucción del tubo digestivo, si tiene trastornos severos de la coagulación, una enfermedad renal, hepática o pulmonar grave o si ha sufrido adicción alcohólica en el último año. 

Otros contenidos del dosier: Cirugía estética

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