Cuando los desodorantes no bastan

Algunos individuos se quejan de lo mucho que sudan. Hay quien puede reírse, pero el problema no tiene nada de divertido. Las personas a las que les transpiran mucho las manos, las axilas y los pies ven afectada su vida cotidiana.
Así, temen los apretones de manos y están hartos de lavárselas cada dos minutos cuando usan el teclado del ordenador. Y eso sin hablar de las aureolas nada estéticas de las camisas, el miedo permanente al mal olor y la ropa y los zapatos que deben cambiarse sin cesar.

Desodorantes y medicamentos poco eficaces

Los medios que hasta ahora se les ha ofrecido a estas personas han sido ineficaces. Los desodorantes sirven únicamente cuando la transpiración es moderada; los cloruros de aluminio que se administran de forma local y los medicamentos anticolinérgicos actúan en parte, pero a menudo irritan la piel. Estos, además, suelen resecar la boca, algo que toleran mal los pacientes.

Una toxina muy útil

En los últimos años han aparecido dos métodos terapéuticos aparentemente eficaces. El principio de los dos consiste, al igual que en los anticolinérgicos, en impedir que el sistema nervioso transmita a las glándulas sudoríparas el mensaje de que deben secretar sudor.

La primera técnica se vale de la toxina botulínica, que se inyecta bajo la piel. El comúnmente llamado bótox ejerce una acción beneficiosa en las personas con exceso de sudoración.
Al actuar sobre las terminaciones nerviosas locales, la proteína bloquea la secreción de un mediador del sistema nervioso denominado acetilcolina e impide la actividad de las glándulas responsables de secretar sudor. El bótox surte efecto al cabo de dos o tres días y se utiliza para controlar las transpiración de las axilas y los pies.

La alternativa quirúrgica

La administración de toxina botulínica no se recomienda en las manos porque podría conllevar una parálisis de los nervios que la cierran.
En ese caso se recurre a la cirugía, que consiste en introducir, a través de la axila, un tubito hasta la base del cuello, donde se encuentran los ganglios simpáticos torácicos, para inactivar algunos nervios de los miembros superiores mediante un corte o electrocoagulación.
De esa manera la transpiración se suspende porque los nervios dejan de estimular las glándulas sudoríparas de las manos.

Pacientes satisfechos

Diferentes estudios han demostrado que la intervención implica muy poco riesgo si se hace en dos veces (primero un brazo y luego el otro); los pacientes, por otro lado, parecen quedar satisfechos.
La cirugía también puede practicarse cuando la sudoración excesiva tiene lugar en las axilas y las manos a la vez. Con todo, pueden surgir inconvenientes –al igual que con la toxina botulínica–a, como hipersudoraciones compensatorias en otras partes del cuerpo.

La eficacia a largo plazo de estos nuevos métodos aún debe verificarse, ya que aún es pronto para estimarla de manera precisa.

Dr. C. Tutin

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