Masoterapia: la clave del bienestar

Nuestra búsqueda del bienestar a través del tacto no es nada nuevo. La masoterapia o masaje como agente terapéutico, método ancestral por excelencia, proviene del término árabe Mass, que significa tocar, palpar… Esta técnica corporal, creada en el 812 y practicada desde la Antigüedad, designa una gran cantidad de maniobras diferentes en función de la cultura. Ya se empleen técnicas de fricción, amasamiento o compresión, la masoterapia busca ante todo nuestro bienestar físico. El masaje, presente hoy en numerosos spas y lugares de relajación, se impone como la tendencia del momento.

Masoterapia: eficacia probada

Hipócrates, el padre de la medicina, escribía en el siglo V: “El médico debe ser un experto en muchas cosas y, sobre todo, en el masaje…”. Ya en la Antigüedad se insistía en los beneficios del masaje para una mejor recuperación física, para mejorar la circulación sanguínea y para relajar los músculos. Tiene, además, un papel importante en la homeostasis, la capacidad del organismo para mantener constantes ciertas condiciones fisiológicas, especialmente las del sistema inmunitario.

Más allá de sus evidentes beneficios, el masaje posee igualmente virtudes antiestrés probadas. Se ha observado que es precisamente en los momentos de fuertes tensiones cuando la necesidad de contacto es más intensa. Diversos estudios han demostrado que el contacto piel contra piel tiene una influencia en los centros cerebrales del placer, y provoca la liberación de endorfinas. Esas famosas sustancias antiestrés, psicoestimulantes y, a la vez, euforizantes. Además, los masajes con efecto adelgazante se han extendido mucho en los últimos tiempos.

No obstante, la enfermedad no implica siempre un tratamiento de masoterapia. En caso de patología, el masaje debe realizarse únicamente bajo prescripción médica. Además, éste no constituye más que una acción complementaria. En la mayoría de los casos son competencia de los fisioterapeutas, al igual que ocurre con el masaje deportivo.

La pausa masaje

En una camilla de masaje, con los ojos cerrados, el paciente se deja llevar por las múltiples sensaciones. El masajista realiza grandes movimientos de deslizamiento que cubren el cuerpo en su totalidad. Normalmente, pasa de la cabeza a los pies desplazándose en torno al paciente sin interrumpir en ningún momento el contacto con las manos. En algunas tradiciones, el masaje puede darse con aceites, como el californiano el ayurvédico. En otras, se focaliza en los pies, en las manos (reflexología), en la espalda o en el abdomen (masajes chinos). Además de la experiencia del masajista, la clave del éxito de un masaje reside en la capacidad de desconexión y abandono del paciente. ¡Para concentrarte mejor en las sensaciones, escucha tu cuerpo y respira!

Masoterapia: ¿para quién?

Cualquier paciente de cualquier edad puede recurrir sin excepción a este tratamiento. El masaje de los bebés, practicado comúnmente en India, es hoy una práctica muy extendida en España. Lo mismo ocurre con las mujeres embarazadas. Es increíble a qué punto las personas mayores son receptivas. La técnica, sin embargo, debe adaptarse a cada persona. Si te incomoda la idea de desnudarte ante un masajista, existen métodos de masoterapia que pueden practicarse con ropa, como, por ejemplo, el masaje tailandés o el shiatsu.

C. Maillard

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