Cromoterapia, el poder curativo de los colores

¿Qué son los colores?

Físicamente los colores son la parte visible al ojo humano de las radiaciones de la luz. De estas, algunas, como los rayos X, los infrarrojos o los ultravioletas, no son visibles. Como todos los sentidos, el de la vista influye particularmente en el sistema nervioso y es la principal fuente de información directa sobre el medio para la mayoría de nosotros.

Independientemente de que algunos nos agraden más que otros, estamos rodeados de colores, sin los que difícilmente nos podríamos imaginar la vida tal como la conocemos. Desde muy tierna edad se van asociando algunos colores a algunas situaciones o sentimientos que se van confirmando a lo largo de la vida, normalmente de forma muy inconsciente, aunque parece que se dan algunos rasgos más o menos universales.           

¿Una terapia?

Así como un instrumento musical tiene que tener todas las cuerdas con la tensión  adecuada para que suene la música correctamente, la cromoterapia pretende hacernos aprovechar todo el espectro básico de los colores cada uno con sus beneficios particulares.

Ofreciendo estímulos extraordinarios mediante el color, se pueden modificar por ejemplo  algunos estados de ánimo que han alterado el equilibrio global de la persona. Se ha demostrado experimentalmente que pueden servir  para calmarse o para aumentar la energía vital, o para corregir algunas anomalías físicas, tal como algunas inflamaciones, disfunciones orgánicas, la presión sanguínea, etc…

Fundamentos de la cromoterapia

Aunque en la medicina convencional actual no tiene lugar alguno, debido en parte a la falta de bases científicas probadas, en la antigüedad los colores se tenían en cuenta como ayuda junto con otras terapias medicinales, tanto en la medicina hipocrática como en la de Avicena en el siglo IX. En las cultura de esa época y  en muchas otras  como la tibetana, la china o la india, se utilizó también en la arquitectura con elementos vidriados que descomponían la luz para inspirar y reconfortar a sus visitantes. Paracelso en el siglo XV, Isaac Newton en el XVII  y el mismo Goethe en el XIX hablaron convencidos de la influencia de los colores. En los siglos XIX y XX se realizaron algunos experimentos como los siguientes.

El doctor suizo Lüsher observó algunos cambios en el sistema neurovegetativo a consecuencia de la exposición a diversos colores. También llegó a diseñar un test que hacía notar los rasgos más destacados de la personalidad según se elegían algunos colores en determinado orden.

 Por otro lado, en 1933 el doctor Ghadiali, físico-químico y matemático, investigó 316 enfermedades tratándolas con filtros de color. En 1937 el premio Nobel de Física Albert Györgyi demostró diversas reacciones de hormonas y enzimas ante el estímulo de diferentes longitudes de onda.

Este último descubrió que a  los colores cálidos producían respuestas positivas en todo lo relacionado con el sistema parasimpático: aumentaban los latidos del corazón, mejoraban los ligamentos, la vista o las inflamaciones, ... En cambio los colores fríos ayudaban al sistema simpático, disminuyendo los latidos cardíacos, favoreciendo la digestión, proporcionando tranquilidad e incluso regulando el ph.

Actualmente se trabaja con otros enfoques, como la teoría médica hindú que asocia los colores a los chakras.

El significado y uso de los colores

En la vida cotidiana hablamos de los colores como si tuvieran un significado: la vida en rosa, verde de envidia, época dorada, novela negra, números rojos… Cada color parece tener un sentido y una interpretación que diríamos que es casi universal, tanto en las sociedades altamente evolucionadas como en las más primitivas, pues de hecho todos están presentes en la naturaleza, aunque algunos más que otros.

La misma clasificación de los colores en cálidos o fríos ya nos predispone a unas sensaciones concretas, asociadas a las experiencias que todos tenemos sobre ellas, no hay más que pensar en el rojo anaranjado de unas brasas, el azul del refrescante mar o el relajante verde de unos prados. De ahí que a grandes rasgos se puede decir que los colores cálidos resultan ser más estimulantes y revitalizantes y los frescos más tranquilizantes y reguladores.

La cromoterapia color por color

La cromoterapia utiliza ocho colores, provenientes de los tres primarios y sus combinaciones. Algunos añaden el rosa, el magenta el añil o el índigo.

Se puede hablar del significado de cada uno de ellos en base a la experiencia natural y sensorial y a las muchas experiencias en su aplicación:

Rojo: transmite energía y iniciativa, da empuje, indicado en apatía física, atonías en general, reuma causado por el frío, catarros, hipotensión, también faculta la extraversión. En exceso puede provocar irritación, agresividad y fatiga.

Amarillo: claridad y alegría, revitalizador y estimulante del cerebro, en comprensión y entusiasmo, ya que se asemeja a la luz solar. Es un buen antidepresivo. También útil en  desarreglos digestivos. En exceso: irritación mental y prejuicios.

Naranja:  siendo un color compuesto de rojo y amarillo, participa de los dos, la actividad física que propicia el primero y la lucidez del segundo. Propicia la salud emocional y la comunicación y la creatividad, es alentador y combate las inhibiciones. También regula el hipotiroidismo y repara la mayoría de tejidos. En exceso: nerviosismo y agitación.

Azul: refrescante, relajante, indicado para insomnio, cansancio psíquico y estrés, palpitaciones, hipertensión, dolores agudos, fiebre, eliminación de residuos celulares, antiséptico. Despierta la intuición y junto al verde talento. En exceso: melancolía y ensimismamiento.

Verde: Otro color de balance, entre el lúcido amarillo y el sedante azul: trae una atmósfera de calma, es reconstituyente, suave y fresco, para recuperarse de la fatiga física o mental. Estimula el crecimiento y la regeneración de las células, tónico y equilibrante de los sistemas nervioso y circulatorio. En exceso puede debilitar o deprimir.

Turquesa: Calma y disminuye las inflamaciones e infecciones, ayuda al sistema inmunológico. Su composición de amarillo también estimula el discernimiento y el deseo de comunicarlo, facilita la concentración.

Violeta: calma y refuerza el sistema nervioso, aumentando el rendimiento de la actividad mental. Es bueno para algunos trastornos psíquicos, angustias y miedos  en general, y pérdida de memoria. Ayuda en la desintoxicación de la sangre y los problemas reumáticos debidos a la humedad. En exceso puede llevar a la pena o la ira oculta.

¿Cómo se aplica la cromoterapia?

Los colores poseen por sí mismos un atractivo a nuestros ojos, pero a menudo no somos conscientes de la exposición a ellos, sea por exceso o por defecto. El rechazo exagerado a algún color en concreto también debería ser significativo. Las sesiones de cromoterapia ayudarían a recuperar la aceptación de todo el espectro.

Aunque podríamos decir que intuitivamente ya elegimos aquellos colores que nos faltan o nos acompañan a nuestro estado de ánimo, no está mal dejarnos llevar de vez en cuando por un experto, o bien enriquecernos con la presencia de otros colores a los que no estamos tan habituados, abriéndonos de alguna manera a otras sensaciones.

Los colores nos pueden llegar a modo de baños de luz, mirándolos, llevándolos puestos, incluso comiéndolos o bebiéndolos. Se pueden recibir sus positivas influencias al mismo tiempo que la hidroterapia -duchas leds- o ser visualizados en relajación profunda. Cualquiera de estas opciones es válida y pueden ser complementarias entre ellas. 

Los cromoterapeutas utilizan lámparas, linternas, a modo de acupuntura o cromopuntura,  o diapositivas que aplican directamente sobre el cuerpo del paciente en exposiciones diarias de diez a treinta minutos. Los resultados empiezan a verse tras dos o tres semanas.

Es un tratamiento que deja vía libre por la fácil accesibilidad para auto tratarse. Hay que tener en cuenta que las exposiciones excesivas pueden tener también efectos adversos.

Hasta ahora los resultados son conocidos a través de miles de experiencias registradas, que aunque no se hayan ordenado de manera que pueda haber un “corpus” no significa que no existan.

En todo caso, mientras llega el aval científico y puesto que se sabe que ejerce ciertas influencias, más vale, como en el comer, tener contacto con toda la gama y siempre con mesura.

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