La equinoterapia

¿Cómo surgió la equinoterapia?

Desde tiempos remotos se vio que además de encontrar un apoyo en el caballo para la supervivencia, montar era algo beneficioso y recomendable, Hipócrates hablaba de sus beneficios. A finales del siglo XIX se empezó a utilizar con fines terapéuticos para recuperar limitaciones físicas, culminando en unos Juegos Olímpicos en los que participó una mujer afectada de paraplejía con gran éxito. Se puede decir que como terapia propiamente dicha  en que el paciente desarrolla un vínculo personal con el caballo, se desarrolló en los años 50 y 60 en Europa: Gran Bretaña y Alemania.

La comunicación afectiva con los caballos

El caballo genéticamente es un animal de presa, está acostumbrado a vigilar el entorno de manera continua y silenciosa, sin apenas expresiones vocales para no llamar la atención. Ello le ha llevado a desarrollar un alto grado de comunicación no verbal. Similarmente, el 70% de nuestra comunicación es también corporal. Esto lo hace especialmente sensible a los sentimientos humanos, positivos o negativos, que se ponen en evidencia ante su presencia. Los caballos son muy inteligentes emocionalmente hablando y captan los estados de ánimo al instante. Las personas que sufren de angustia  por el pasado o el futuro se ven forzadas a olvidar por el momento y a vivir el presente. Los trastornos afectivos y psicosociales, debidos a la falta de autoestima, miedos y percepción desmesurada del fracaso se van desvaneciendo con su trato. Se facilita la autoestima, la autodisciplina, la comunicación, y la postura corporal correcta.

El contacto físico con el caballo

El cálido contacto físico con el caballo, tan receptivo, hace que la persona salga de su aislamiento y empiece a interactuar sabiendo que será bien recibido, pues este animal nos acepta tal como somos. Por otro lado, el hecho de subir encima de él resulta muy relajante y a la vez estimulante, tanto por su efecto de mecedora a cierto ritmo, como por el calor que desprende a su contacto y hace que se distiendan los músculos aductores y la rigidez de toda la zona pélvica. La pelvis bascula con el vaivén del movimiento: el jinete recibe impulsos rítmicos y oscilaciones en las tres direcciones que fuerzan a mover la cadera aún estando en posición de reposo. Con ella, toda la columna vertebral se ve obligada también a mantenerse enderezada en un equilibrio dinámico, esto tiene un efecto directo sobre el sistema nervioso central. De hecho como apuntábamos anteriormente en los inicios de esta terapia la finalidad era precisamente la recuperación física, derivando igualmente en una mejoría psicofísica.

Beneficios psicológicos

El hecho de ser llevado por el caballo devuelve la seguridad y la sensación de ser acogido y soportado, un valor para reestablecer la autoestima y la autonomía. Por otro lado, el avanzar físicamente montado en él y en una dirección definida  rompe análogamente con los estancamientos y bloqueos mentales y emocionales.

¿A quiénes va dirigida la equinoterapia?

Al principio se aplicaba a personas con patologías de gran afectación y limitación física, como ciertos grados de invalidez y paraplejía. La monta mejora sin duda las habilidades motoras, la postura y los problemas sensoriales. Debido al efecto sobre el sistema nervioso central modifica para bien los estados de ánimo confusos o angustiantes y en general los trastornos neurológicos, afectivos y psicosociales, de conducta o existenciales. También es útil para casos difíciles de aprendizaje y de autonomía a otros niveles. El paciente tiene un papel activo, no solamente por el esfuerzo comunicativo que realiza con el caballo, sino porque se da cuenta de lo que da por lo que recibe de él y aprende a asumir la responsabilidad del proceso con ayuda de los facilitadores. Muchos pacientes son niños. De hecho como apuntábamos anteriormente en los inicios de esta terapia la finalidad era precisamente la recuperación física, derivando en una mejoría psicofísica a la vez. 

Modalidades

Dado que han ido apareciendo casos de sintomatología y diagnósticos muy variados, también se han adaptado otras estrategias. La equitación es la básica, en distintos modos según los casos, desde la clásica o asistida hasta ejercicios sobre el dorso durante la marcha. Pero existen otros trabajos en tierra, siempre ante su presencia, bien individualmente o bien en grupo. En algunos de ellos prima el contacto físico sin la monta, simplemente recostándose a lo largo del torso y abrazando al animal.

Caballos entrenados y terapeutas personalizados

Los caballos de esta modalidad terapéutica están especialmente entrenados y también el personal humano debe estar especializado, a fin de que no se agraven los trastornos psíquicos o se provoquen lesiones. Normalmente se cuenta con todo un equipo multidisciplinar en el que al menos hay un médico, un psicólogo, un fisioterapeuta, un técnico de equitación, un logopeda  o un pedagogo y un terapeuta ocupacional. Según las necesidades de los pacientes se responsabilizan unos u otros. Antes de iniciar el tratamiento y al final de él son necesarios unos tests supervisados por estos profesionales dedicados exclusivamente a este método. De hecho, como apuntábamos anteriormente en los inicios de esta terapia la finalidad era precisamente la recuperación física, derivando en una mejoría psicofísica a la vez. 

Otros contenidos del dosier: Terapias y remedios naturales

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